lunes 23.09.2019
ARGENTINA

No es el frio, es Macri

No es el frio, es Macri

Para los medios de comunicación que acompañan el proceso neoliberal encabezado por Mauricio Macri, “el frío se cobró otra vida en la ciudad de Buenos Aires”. Las argucias semánticas del grupo hegemónico que contribuyó desde sus portadas escondiendo el pasado delictivo del actual primer mandatario argentino, se afilaron ayer para que la muerte de Sergio Zacarías -un hombre de 52 años en situación de calle- fuese interpretada como el resultado inevitable de una tragedia producida por las bajas temperaturas que por estos días se registran en gran parte del país.

La muerte de Sergio Zacarías tuvo lugar a cuatrocientos metros de la Casa de Gobierno; en la calle Perú entre Belgrano y Venezuela, en la cuidad más rica de la Argentina. Ante la notoriedad de este fallecimiento, los voceros del oficialismo apuntalaron los titulares con los que Clarín, La Nación y el séquito de prostitutas de la información oficial mediotizan a ese sector de la población que aún cree que Cambiemos es un partido político y no una estructura corrupta que no encontró mejor sitio que el Estado para la amplitud de sus negocios.

Es el modelo económico criminal que por tercera vez se ceba contra quienes menos tienen. Este era el objetivo de Mauricio Macri. Y lo ha conseguido con creces. No es el frio. No es el hambre. Es Mauricio Macri

El frío no fue lo que mató a Sergio Zacarías, ni a Miguel Salvador Luna, ni a esos otros cuya identidad no ha sido revelada por la prensa argentina. No fue el frío; como tampoco lo es el hambre que mata a niños y ancianos en el país que produce alimentos para cuatrocientos millones de personas. Las condiciones de vida de un amplio sector de la sociedad comenzaron a precarizarse desde diciembre de 2015 y se agudizaron como consecuencia de las políticas económicas del gobierno bajo las exigencias de Fondo Monetario Internacional; una suerte de déjà vu que solo celebran los autores de esta aberración que se repite como si se tratase del horrendo fin de una película aún más horrenda.    

Los niveles de pobreza que ha alcanzado la Argentina de Mauricio Macri han batido todos los récords. Son 14,3 millones de personas, casi 3 millones más que el año anterior. Argentinos cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los servicios básicos porque la descomunal inflación licúa sus salarios. A su vez la indigencia trepó al 6,7%, frente al 4,8% del mismo período del año anterior. Macri se supera mientras ensaya un discurso tan plagado de falacias que ruborizaría al mismísimo Pinocho.

No es el frío lo que mata, sino un Estado fallido. El gobierno de Cambiemos ha empujado a los pobres a la indigencia, y a la clase media a la pobreza. La trasferencia de recursos desde los sectores más vulnerables hacia la franja de mejores ingresos no tiene precedentes en la historia de la democracia argentina. El ingreso familiar promedio del 10% más rico de la población es 20 veces más elevado que el registrado para el 10% más pobre de la población.

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La desnutrición infantil crece en el interior del país. En niños menores de 5 años se detecta malnutrición por déficit, en un rango entre del 25% al 41%.De un total de 961 niños menores de 10 años investigados por la Cooperadora de la Nutrición Infantil (CONIN), el 35% asiste a un comedor como única posibilidad de alimentarse. Uno de cada tres niños argentinos es pobre.

No es el frio el que mata, como tampoco es el hambre. Son las decisiones de un gobierno que ha ocupado la Casa Rosada con el fin de convertir a la Argentina en una triste y dependiente colonia. Es el modelo económico criminal que por tercera vez se ceba contra quienes menos tienen. Este era el objetivo de Mauricio Macri. Y lo ha conseguido con creces. No es el frio. No es el hambre. Es Mauricio Macri.

No es el frio, es Macri
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