lunes. 04.03.2024

Si bien se asemeja a la más temible de las distopías, el informe de la Universidad de Oxford respecto de la probabilidad latente de que la Inteligencia Artificial acabe con la especie humana, se ha convertido en tema de debate en las principales cadenas televisivas del mundo. 

Los argumentos expuestos por prestigiosos investigadores científicos sostienen que la IA acabará con los humanos debido a que las máquinas terminarán incentivándose para romper las reglas y competirán inevitablemente por sus necesidades energéticas, dados los escasos recursos existentes en nuestro planeta. 

Una vez más la realidad ha superado con creces a la ficción. Este sombrío presente al cual nos asomamos no es producto de la imaginación de un brillante y desquiciado guionista, sino un escenario concreto; el punto de inflexión en el que la Humanidad -según auguran los expertos- correrá un serio riesgo de extinción. 

"Bajo las condiciones que hemos identificado, nuestra conclusión es mucho más fuerte que la de cualquier publicación anterior: una catástrofe existencial no solo es posible, sino probable", tuiteó Michael Cohen, investigador de ingeniería de la Universidad de Oxford y coautor del informe presentado a principios de este mes.

Las máquinas terminarán incentivándose para romper las reglas y competirán inevitablemente por sus necesidades energéticas

Resulta un tanto paradójica la predicción que asegura que la extinción de nuestra especie se producirá como consecuencia de la “competencia entre máquinas por sus propias necesidades energéticas”. Quizás porque esto mismo es lo que hemos estado haciendo durante siglos (y sin hacer uso de ninguna otra inteligencia), restando importancia a los informes de expertos en los que se advertía de los perjuicios que esta práctica suponía para nuestras fuentes de vida. "En un mundo con recursos infinitos, sería extremadamente incierto lo que ocurriría. En un mundo con recursos finitos, hay una competencia inevitable", sostuvo Michael Cohen en una entrevista concedida a la revista Vice

Más allá de las paradojas, la certeza se cierne sobre este presente augurando un futuro nada halagador. Porque antes del empoderamiento que pondrá en jaque a la Humanidad en su conjunto, la Inteligencia Artificial nos mandará a todos al paro. Grace Blakeley, miembro del movimiento laborista británico y autora de “Stolen”, afirma que, como dueños del capital, “el Estado y las empresas trabajan estrechamente para garantizar que la economía sea rentable. Para conseguir mayor rentabilidad deben disponer de una gran fuerza laboral que no pueda rechazar la opción de trabajar. El principal objetivo de la automatización es hacer que la producción sea más eficiente, más rentable, para que las empresas obtengan mayores beneficios”.

La IA conduce coches en las carreteras públicas, realiza evaluaciones clínicas en centros penitenciarios, e incluso genera arte premiado y exhibido en grandes galerías

Las empresas han comenzado a reemplazar a trabajadores humanos por máquinas, porque las máquinas no necesitan descansos, no están afiliadas a ningún sindicato, no se enferman, no reclaman derechos, ajustes se salario, ni garantías laborales. La IA conduce coches en las carreteras públicas, realiza evaluaciones clínicas en centros penitenciarios, e incluso genera arte premiado y exhibido en grandes galerías. De modo que bien podría decirse que la extinción de nuestra especie ya se ha iniciado. La automatización y los avances tecnológicos han producido un notable incremento de la desigualdad.

Para los férreos defensores de esta realidad que ha superado a la ficción, se trata de un “gran avance que permitirá una mejor calidad de vida, permitiéndonos mayor tiempo de ocio”. La visión de los detractores es más simple: “La Inteligencia artificial no tiene límites. Lo mismo sucede con la imbecilidad humana”.

Inteligencia artificial versus imbecilidad humana