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sábado. 02.07.2022

En 2011 el veterano reportero originario de Sidney, John Pilger, denunciaba las maniobras de manipulación y encubrimiento de los medios de comunicación hegemónicos en la formación de opinión respecto de los conflictos bélicos impulsados por las potencias imperialistas. Bajo el título “La Guerra que Usted no Ve”, Pilger señala el compromiso corrupto existente entre periodistas y editores de los medios de información impresa y audiovisual, con los portavoces y responsables de ministerios de guerra, cancilleres y jefes de estado y de gobierno.

A diferencia de Julián Assange -preso desde 2012 por denunciar las violaciones y crímenes de guerra cometidas por el ejército norteamericano durante la invasión a Irak- Pilger está en libertad, aunque su trabajo audiovisual ha sido invisibilizado en los Estados Unidos, dada la “incomodidad” que representa para las corporaciones mediáticas, y sobre todo para la imagen de la Casa Blanca.

Sin embargo en estos últimos días la labor de ambos periodistas ha cobrado una significativa relevancia. Y aquello que denunciaban hace más de una década se vuelve vigente en las pantallas y en los platós de las cadenas que trasmiten en vivo –y con notable hipocresía-  la invasión rusa a Ucrania.

Las imágenes que muestran el éxodo de ucranianos pretenden sensibilizar al mundo civilizado respecto de la gran crisis de refugiados que esto acarrea. Pero el tiempo y la relevancia que los medios dedican a esta labor, no son ni por asomo los mismos que han ocupado respecto a refugiados de otros conflictos armados que derivan en la consecuente búsqueda de asilo y ayuda humanitaria.

La intencionalidad manifiesta de pretender que la opinión pública valore más la existencia de unos refugiados que de otros, es la misma que ponen en práctica cuando logran minimizar las vidas de los inmigrantes africanos que diariamente se traga el Mediterráneo, o que son molidos a palos en las fronteras de Ceuta y Melilla. Las pateras y cayucos no son el Costa Concordia, y quienes fenecen en su intento por pisar suelo europeo, no merecen el mismo espacio en los medios que quienes se ahogan como consecuencia del descuido de un capitán al mando de un crucero.

Lo vimos claramente en 2015, cuando el cuerpo inerte del niño sirio Aylan Kurdi ocupó las portadas de los medios del mundo que, sin embargo, invisibilizaban y continuaron invisibilizando los cientos de cuerpos de niños negros ahogados en la travesía mediterránea; una constante que expone de manera brutal el trato desigual de las grandes corporaciones respecto de una misma y trágica injusticia.

El conflicto armado entre Rusia y Ucrania es el nuevo escaparate mediante el cual la hegemonía mediática ensaya de forma descarada su particular manera de formar opinión. No es Irak ni Afganistán. Es Ucrania, y al parecer, la violencia de la guerra no es la misma cuando son seres blancos y europeos sobre quienes cae el peso de la barbarie. "Esta no es una guerra en el tercer mundo, esto es Europa", “Son personas de clase media, no son personas intentando huir de cierta regiones del norte de África”, "Este no es un lugar como Irak o Afganistán. Ya saben, esto es relativamente civilizado, relativamente europeo", son algunos de los ejemplos que a las claras hablan del clasismo y la selectividad con la que los medios pretenden impulsar la idea de la existencia de seres humanos de menor y mayor valor.  Las bombas norteamericanas que destruyeron cientos de miles de vidas de civiles en Irak y Afganistán no merecieron el mismo respeto que ahora merecen los europeos bombardeados por el ejército de Vladimir Putin.

La periodista argentina Stella Calloni, corresponsal de guerra, especialista en Política Internacional y ganadora –entre otros- del Premio Latinoamericano de Periodismo 1987, denunció -mucho tiempo antes de la invasión rusa a Ucrania- las “persecuciones y crímenes de lesa humanidad practicados durante años por el gobierno ucraniano”. Sin embargo su material periodístico pasó desapercibido. Ahora Calloni advierte que una parte importante de la población de todos nuestros países se están intoxicando con las mentiras que han estado consumiendo, lo que va en contra de sus propios intereses. “El hecho es que la información está siendo utilizada como arma de guerra por el Pentágono”, sostuvo durante una entrevista realizada esta semana por un medio argentino.

Al igual que Pilger, Assange y otros tantos cientos de miles de periodistas alrededor del mundo, Calloni representa ese lado de la prensa que aboga por quitarle la máscara a la realidad y mostrarla tal y como es. Sin embargo su lucha, la misma de quienes representan una mosca en la sopa de la Casa Blanca, es insignificante frente al poderío de los grandes medios voceros y representantes de la derecha hegemónica y criminal.

 “Ucrania está cometiendo un genocidio terrible. Los gobernantes de Ucrania son nazis declarados. Nadie está cubriendo desde el lado ruso”, había denunciado la galardonada periodista, sin que su verdad cobrase mayor eco en los medios. “La Unión Europea es una colonia de Estados Unidos. En realidad el invasor es el imperio, a través de la OTAN”.

Malcom X ya lo había advertido a mediados del Siglo XX: “Ten cuidado con los medios de comunicación, porque vas a terminar odiando al oprimido y amando al opresor”. La guerra “europea” ha hecho florecer –como toda guerra- lo mejor y lo peor de la humanidad. Y en lo peor, bien cabe responsabilizar a esos medios de los que Malcom X hablaba hace más de sesenta años.

“Esto es Europa, no Afganistán”