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viernes. 03.02.2023

Una ola de triunfalismo futbolero irrumpe por estos días en las calles de la ciudad más rica de la Argentina. El pase a octavos de la selección nacional mantiene en constante éxtasis a locales y foráneos que pintan de celeste y blanco cada rincón de Buenos Aires. 

Promovido mediáticamente desde mucho antes de inaugurada la nueva edición de la Copa del Mundo, el espíritu exitista impregna de pasiones, sin hacer distinción de clases. Desde los barrios más coquetos hasta aquellos en los que las condiciones de vida no alcanzan aún al escalafón de dignas, llegan en torbellino al obelisco o a las plazas de la Recoleta, enfundados en camisetas oficiales, haciendo sonar bombos y soltando los cánticos litúrgicos a los dioses Messi y Maradona. 

El fútbol, ese deporte que algún escritor universal resumió como “el juego en el que 22 millonarios corren detrás de una pelota”, ha pasado a ocupar todos los planos del acontecer nacional. Se ha filtrado en la política, en el espectáculo, en los programas del corazón y hasta en los análisis de la economía. “¿Cuánto gastaron los argentinos en televisores de grandes pulgadas para ver a la selección?”, era el interrogante que atravesaba ayer la pantalla de Canal 9 en grandes caracteres. 

El gobierno argentino dispuso un plan de 30 cuotas (llamado “Ahora 30”), orientado a potenciar la compra de televisores Smart de entre 50 y 60 pulgadas

Según datos oficiales, a pesar de la pérdida del poder adquisitivo -producto de la inflación-, las ventas de televisores crecieron un 120 por ciento durante el mes previo al inicio de la copa del mundo. El gobierno argentino dispuso un plan de 30 cuotas (llamado “Ahora 30”), orientado a potenciar la compra de televisores Smart de entre 50 y 60 pulgadas. Estas mismas pantallas transmiten en continuado los pormenores de lo que acontece en Qatar. Y mientras la Selección Argentina continúe siendo favorita, no habrá otras noticias de impacto que merezcan transformarse en titular.  

El lingüista norteamericano Noam Chomsky sostiene que la distracción es el elemento primordial del control social. Esta consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas. Y nada mejor que un gran evento deportivo para lograr esta finalidad. Bien supo de esto la Junta Militar cuando organizó la Copa Mundial 1978 con el fin de camuflar los crímenes, las torturas y las desapariciones; y pretender ante el mundo que Argentina era Derecha y Humana. Un ejemplo que, salvando diferencias, bien podría aplicarse a lo que se cuece en Qatar más allá de los estadios. 

Con el obelisco destellando luces blancas y celestes, la miseria y la pobreza no logra disimularse, ni existe grito de gol que la silencie

Volviendo a Argentina, más puntualmente a su capital, el Gobierno de la Ciudad ha invertido una buena partida de dinero en un embellecimiento acorde al triunfalismo mundialista, quizás con la intención de distraer el extraordinario boom inmobiliario que ha colmado la metrópoli de lujosos rascacielos y miles de inmuebles vacíos, mientras aún pernoctan en las calles más de 2.500 personas, según datos del Censo 2022. 

En la ciudad de Buenos Aires, gobernada desde 2015 por el macrista Horacio Rodríguez Larreta, la pobreza alcanza 23,6% de la población. Son 727.000 personas pobres de las cuales 230.000 son indigentes (7,5%), de acuerdo al informe de “Condiciones de Vida según los ingresos” del segundo trimestre de la Dirección de Estadística y Censos de la CABA.  

Dicen que un gol se grita más fuerte que una injusticia. El alcalde de Buenos Aires decidió recortes millonarios en educación, lo que implicó además un extraordinario descenso en la calidad de las viandas de las que dependen miles de niños y niñas porteñas. Sin embargo una cantidad muy superior es la que ha invertido en esos pequeños detalles pensados para que el turista se lleve una buena impresión de la capital argentina. Aun así, y con el obelisco destellando luces blancas y celestes, la miseria y la pobreza no logra disimularse, ni existe grito de gol que la silencie. 

Gritos de gol que no silencian injusticias