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lunes. 26.09.2022
Foto de archivo

No sé si alguna vez se valorará lo suficiente lo que la civilización y la democracia debe a Gorbachov, o dicho de otra forma lo que posiblemente hubiera sido el mundo si Gorbachov y su política no hubiera tenido lugar en la URSS de la década de los 80 del siglo pasado.

Para quienes vivimos los años duros de la guerra fría y de su permanencia con dirigentes mundiales como el norteamericano Ronald Reagan o los soviéticos Andropovov o Chernenko y su amenaza con lo que se denominó “guerra de las galaxias” mediante el despliegue de los misiles nucleares de ambas potencias, la llegada de Gorbachov supuso por primera vez en varias décadas la esperanza de que no habría un holocausto nuclear. 

La figura de Gorbachov y sus inmensos logros y desgraciadamente la frustración y derrota de su política de reformas van a ser puestas de relieve en estos días con motivo de su muerte, pero a mí me gustaría tratar una faceta algo diferente como es lo que en su momento representó Gorbachov para quienes a lo largo de nuestra vida nos habíamos identificado con el comunismo, hubiéramos estado o no militando en un Partido Comunista o en otro tipo de organización de perfil comunista. Y para ser más preciso lo que Gorbachov nos aportó a los comunistas de nuestro país.

En 1985 la ideas comunistas estaban en terrible retroceso en España (como también estaba sucediendo en Italia, Francia, Portugal, Grecia…), arrolladas por una larga cadena de dramáticos y criminales erroresnacidos en el estalinismo y continuados por sus sucesores como la intervención militar en Hungría, en Checoslovaquia, Afganistán... y también, en otro plano, por el fracaso del modelo económico que habían ido implantando los países del llamado “socialismo real”, que personalmente tuve ocasión de comprobar en un deprimente viaje por Checoslovaquia, Hungría y Yugoeslavia en 1971, cuando apenas llevaba un año de militancia en el PCE.

Con el paso del tiempo incluso la Revolución Cubana, a la que en la década de los 60 nos agarramos con ilusión para sobrevivir al naufragio, demostró sus límites y su incapacidad, que muchos achacamos al bloqueo norteamericano, pero que antes o despues terminamos por aceptar que este bloqueo acentuaba los problemas de Cuba, pero no eran la causa profunda del fracaso de la vía castrista al socialismo. 

Los que formábamos parte del sector “carrillista” del comunismo español vimos en Gorbachov una especie de eurocomunista y podríamos confiar en su espaldarazo

La mayoría de los comunistas españoles nos vinculamos al “eurocomunismo” propuesto por el Secretario General de los comunistas italianos, Berlinguer, por el Secretario General de los comunistas españoles Santiago Carrillo y a regañadientes por Marchais, Secretario General de los comunistas franceses, como la única opción posible para avanzar democráticamente hacia el socialismo en libertad. Desgraciadamente el eurocomunismo llegó tarde y al final no convenció a la mayoría de las clases trabajadoras europeas y tampoco a las españolas (a lo que en este caso contribuyó y no poco los tremendos enfrentamientos internos y a nuestra incapacidad para convivir respetando la pluralidad).

Y en medio de este desolador panorama llegó Gorbachov y para muchos renació la esperanza. 

Recuerdo el gran interés con el que seguíamos los pasos prudentes pero inequívocos que se iban dando en la perestroika; el entusiasmo con el que la opinión pública progresista acogía cada iniciativa de paz y democracia. 

Los que formábamos parte del sector “carrillista” del comunismo español empezamos a respirar. En definitiva Gorbachov era una especie de eurocomunista y podríamos confiar en su espaldarazo. Me consta muy directamente que por parte de Santiago Carrillo y su equipo de dirección mas cercano se hicieron gestiones y se tuvieron contactos para transmitir nuestro respaldo e identificación y a la vez solicitar el de Gorbachov. 

Tuvimos muy buenas palabras y gestos de ánimo, pero nosotros éramos un pequeño partido, un pequeño problema, en un país que además contaba muy poco en el tablero político mundial. Y desde luego no éramos ni conocedores ni suficientemente conscientes de las dificultades y amenazas con las que tenía que enfrentarse Gorbachov en una convulsa URSS.

Un socialismo en libertad, un socialismo de rostro humano podía haber sido posible. En definitiva que no debíamos tener vergüenza por considerarnos comunistas

Gorbachov fue coherente con sus ideas, siendo el primer dirigente soviético que desde la revolución de 1917 renunció a imponer por la fuerza sus políticas. Fue el primer líder comunista que cumplió con sus promesas de democracia y paz. Lamentablemente sus sucesores volvieron a las andadas. 

Y a nosotros, sus seguidores comunistas, nos dejó a la intemperie y me temo que para siempre. Así unos se fueron al ámbito de la socialdemocracia, otros cansados se fueron a su casa y otros nos quedamos a la espera de una resurrección que pareció llegar en las plazas de Madrid y otras ciudades en la primavera del 2011 y que ha terminado como ha terminado.

En todo caso a muchos nos queda la satisfacción de haber comprobado, aunque haya sido por poco tiempo, que las luchas, el sacrificio, el dolor, las esperanzas de millones de trabajadores que desde principios del siglo XX apostaron por una sociedad socialista que trajera libertad, bienestar social, igualdad de oportunidades, paz, un socialismo en libertad, un socialismo de rostro humano podía haber sido posible. En definitiva que no debíamos tener vergüenza por considerarnos comunistas.

Por todo ello, Gorbachov muchas gracias, nuestro absoluto respeto y nuestro inolvidable recuerdo. 

Gorbachov y nosotros