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lunes. 26.09.2022
La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, el canciller alemán, Olaf Scholz, y la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson
La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, el canciller alemán, Olaf Scholz, y la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson

Suecia y Finlandia abandonan la neutralidad que han mantenido durante décadas, y lo hacen sin consultar a la ciudadanía. Históricamente, la neutralidad de suecos y finlandeses les ha permitido disfrutar de una paz que les ha proporcionado un cómodo bienestar social, pero ahora, abandonan su política de no-alineamiento para entrar en el poderoso Club Atlantista. 

Según fuentes de El País“tanto Suecia como Finlandia descartaron hace semanas la opción de celebrar un referéndum para dar luz verde al ingreso en la OTAN. Las encuestas en ambos países reflejan que tras la agresión de Rusia a Ucrania se ha producido un profundo vuelco en la opinión pública a favor de integrarse en la Alianza Atlántica, a pesar de que a finales del año pasado el apoyo era muy minoritario en los dos países nórdicos”.

Cual oráculo de Delfos moderno, el presidente finlandés, Sauli Niinistö, afirma que no se vota porque no hay tiempo que perder. De las palabras del presidente puede deducirse que la tercera guerra mundial es inmediata y deben contratar la defensa de la OTAN y, con ello, la presencia de bases militares extranjeras y armas nucleares. Es evidente que tenemos una Europa profundamente atlantista, con escasas excepciones como: Austria, Irlanda, Chipre, Malta y Suiza. En este siniestro juego bélico, no podemos olvidar que a EE.UU. no le gusta una Europa autónoma de tutelas militares del Gobierno estadounidense; la poderosa administración quiere una Europa sumisa, bajo mando y supervisión de Washington. 

¿Qué fuertes presiones han tenido que sufrir los gobiernos de dichos países para romper la neutralidad que mantenían?

Hace algunos años, al comprobar que los intereses de Europa no coincidían completamente con los de EE.UU., Angela Merkel y Emmanuel Macron plantearon la opción de una defensa autónoma: la creación del Europol, en 1992, fue uno de los primeros eslabones que permitiría dicha independencia defensiva. También pensaban establecer una mayor alianza con Rusia, pero ese proyecto ya es agua pasada que no mueve molinos. EE.UU. nunca estuvo dispuesta a permitir tal decisión porque rompería sus intereses estratégicos y económicos. 

Cuando Suecia y Finlandia reclaman la protección de la OTAN están gritando que Europa se considera menor de edad para defenderse, o en el otro extremo, que es un continente senil e impotente para defendernos. Es indudable que una OTAN con Suecia y Finlandia concentrará su atención en el mar Báltico y Ártico, rutas marítimas fundamentales para los intereses económicos de Reino Unido y de EE.UU., los cuales compiten con Rusia por el control báltico. La OTAN tendrán que descuidar otras regiones, por ahora menos provechosas para los intereses angloamericanos. 

La entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN duplicará su frontera con Rusia, acercándose a la península de Kola. Y es por ello que los rusos han anunciado que cualquier expansión de la OTAN les obligará a desplazar mayor cantidad de armamento pesado (nuclear incluido) a Europa Oriental. El acercamiento de bases militares a dicha península es un claro desafío al Gobierno ruso, ya que allí está situada su Flota Báltica; flota que puede ser bloqueada tanto desde Finlandia, como desde Suecia, dificultando el acceso al océano Atlántico.

Es evidente que el deseo de EE. UU siempre fue debilitar a Rusia; ¿lo logrará? Por otro lado, la incorporación a la Alianza debe ser aceptada por unanimidad por todos sus miembros. Turquía aprueba el ingreso de suecos y finlandeses si tiene a cambio acceso a armamento pesado, como los cazas F-16 y F-35 de EE.UU., a la vez que se reclama la repatriación del grupo independentista kurdo, PKK, que se encuentra en territorio estadounidense. 

Por otra parte, ya iniciada la guerra de Ucrania el Gobierno finlandés aseguraba que el país no estaba amenazado, y que el ingreso en la OTAN, podría perjudicar la soberanía de Finlandia. Por parte de Suecia, la primera ministra, Magdalena Andersson, rechazaba el ingreso en la OTAN porque, "desestabilizaría aún más la seguridad en la región". ¿A qué se debe el radical cambio de opinión? Ahora, la primera ministra sueca dice que no se vota porque "el tema es demasiado importante y complejo como para someterlo a referéndum". ¿Y qué dice ahora la primera ministra finlandesa?: “no se vota porque las encuestas señalan que la opinión pública es mayoritariamente favorable”.

¡Vaya! Se quiere entrar en la OTAN precipitadamente y sin tener un debate y una consulta ciudadana porque el peligro es inminente. ¿Qué fuertes presiones han tenido que sufrir los gobiernos de dichos países para romper la neutralidad que mantenían? Solo sabemos que cambiaron de opinión después de mantener reuniones con el secretario de Estado americano, Anthony Blinken, y con el presidente, Joe Biden. Algún día lo sabremos.

Lo que ya conocemos es lo que pasó en España. Nuestro país ingresó en la OTAN tras la reunión mantenida entre Felipe González y una delegación presidida por Ronald Reagan: favorecer la independencia de las Islas Canarias fue una de las amenazas que se dejaron caer en dicha reunión. Y España ingresó en la OTAN tras un referéndum, con ciertas condiciones que después no se cumplieron. Los daños colaterales que sufriremos por las ansias expansionistas de la OTAN están por ver, aunque se intuyen.

El Gobierno de España parece muy contento porque tenemos seis plantas de regasificación para tratar el gas licuado estadounidense que es un 40% más caro que el que comprábamos a Rusia

Y hablando del Gobierno de España, no podemos pasar por alto la sumisión del ejecutivo ante los deseos de Mohamed VI, al aceptar que el Sahara sea una autonomía de Marruecos. ¿Cabe mayor ignorancia de la situación jurídica del Sahara, cuyo territorio está bajo administración española mientras no se descolonice de España? Despropósito, tras despropósito, el Gobierno español aprobará el ingreso de Suecia y Finlandia, y lo hará sin conseguir de la OTAN la protección de Ceuta y Melilla frente al Gobierno alauita, si éste diera un paso más en sus ansias expansionistas. 

No olvidemos que hace un año Marruecos expandió sus aguas territoriales en 12 millas, acercándose peligrosamente a Canarias. Y es que el Gobierno marroquí ha decidido ampliar su plataforma continental hasta 350 millas. En su momento, el gobierno canario trasladó a la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, su preocupación y advirtió que Canarias no cedería "ni un milímetro de sus aguas".

Y en este juego de dominios, Europa es la dominada. El Viejo Continente está desprotegido y bajo la férula de EE. UU, al que no le importa nada la suerte que pueden correr los diferentes países que conforman el continente. Europa se ha disparado en los pies y se queja de andar cojeando. Las sanciones a Rusia dejan el gas en manos del usurero del Oeste, que vende a Europa un gas “enquistado” a precio de oro, y que además necesita ser regasificado.

España ha aumentado considerablemente la compra del gas estadounidense: Estados Unidos es el primer suministrador de gas a España, superando a Argelia (anteriormente nuestro principal proveedor). El gas norteamericano ha pasado de cubrir menos de un 11% del consumo total español a superar el 40% en los primeros meses del pasado año; actualmente está cubriendo el 70% de nuestras necesidades. Y el Gobierno de España parece muy contento porque tenemos seis plantas de regasificación para tratar el gas licuado estadounidense

Sabiendo que el gas de EE.UU. es un 40% más caro que el que comprábamos a Rusia, puede que en algún momento sepamos la factura real del gas licuado que compramos a EE.UU. Se auguran muy malos tiempos para el futuro inmediato, además de una recesión económica inminente. Y la indudable sumisión europea es un hecho palpable. 

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