sábado 23.11.2019

Falleció Marta Harnecker

Su libro "Los conceptos elementales del materialismo histórico" tuvo una disfusión mundial después de su publicación en 1968

Falleció Marta Harnecker

Este sábado falleció a los 82 años de edad, la escritora, psicóloga, educadora marxista y periodista chilena, Marta Harnecker, referente ineludible en la investigación sobre la izquierda latinoamericana. Falleció una amiga y compañera que durante sus últimos años luchó contra un cáncer.

Esta activista nació en Chile en 1937 y es reconocida como una de las principales figuras de la izquierda latinoamericana. Vivió en primera persona el gobierno socialista de Salvador Allende y logró sobrevivir a la violencia del golpe militar de Augusto Pinochet.

Son muchos los que se formaron políticamente con sus obras. Su libro “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, escrito en 1969 y que ya superó las 70 ediciones, ha formado parte de la formación de los militantes de los partidos de izquierda.

De raíces austríacas, Harnecker estudió Psicología en la Universidad Católica de Chile en 1962. Hizo estudios de posgrado en París con Paul Ricoeur y Louis Althusser. A su regreso a Chile en 1968, fue profesora de Materialismo Histórico y Economía Política en Sociología de la Universidad de Chile y fue directora del semanario político Chile Hoy.

Después del golpe de 1973, se exilió en Cuba, donde se casó con el Comandante Manuel Piñeiro, director del Departanento América del Comité Central del Partido Comunista Cubano, con quien tuvo una hija.

Allí vivió el desgarrador “período especial” de ese país, y calificó como “admirable la forma como Cuba afrontó la caída del socialismo en Europa del Este y la URSS.

Luego de quedar viuda en 1998, Harnecker continuó con su carrera investigativa y se nutrió de los testimonios y experiencias de dirigentes políticos latinoamericanos que  forman parte de los artículos y textos que son hoy material de estudios en múltiples universidades del mundo.

Entre esas experiencias se encuentra la de Venezuela, ya que fue asesora del expresidente Hugo Chávez y del Ministerio del Poder Popular, donde formó parte del equipo de dirección del Centro Internacional Miranda [CIM] en Caracas.

Durante su estancia en el país suramericano pudo analizar el florecimiento de las luchas populares en América latina.

Marta Harnecker demostró que el socialismo no es un «proyecto» pensable sin la lucha y que no se puede hacer «desde arriba», ya que debe ser el producto de las luchas del movimiento de los pueblos y clases dominadas.

«En este sentido, ella es una auténtica marxista, continuando la labor iniciada por Marx, sin temor de enriquecerla —con la toma en cuenta permanente de lo que es nuevo en la realidad del mundo, del capitalismo, del imperialismo, de las luchas—, renovando así las conceptualizaciones, las propuestas teóricas y las relativas a las estrategias de acción», señaló el periodista Samir Amin en un artículo publicado por La Haine.

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«Ella ayudó a dar al marxismo vivo una dimensión latinoamericana, como otros le han dado una dimensión asiática o africana. Marta Harnecker ayudó a dar al marxismo la dimensión universal que debe ser la suya; ayudó a que sea oído por la gran mayoría de los pueblos del mundo, que son los de los tres continentes. Ella logró hacer escapar al marxismo de una reclusión euro céntrica mortal. La experiencia de los avances en las luchas de los pueblos de América Latina, han allanado el camino en las últimas décadas, a través del pensamiento teórico de Marta Harnecker, el cual ha sido decisivo en este sentido», subrayó.

Obras más reconocidas

Como autora Harnecker publicó más de 80 libros entre los que destacan: El capital: conceptos fundamentales (1971), Cuba: ¿dictadura o democracia? (1975), Pueblos en armas (1983), La revolución social (Lenin y América Latina) (1985), ¿Qué es la sociedad? (1986); Indígenas, cristianos y estudiantes en la revolución (1987); América Latina: Izquierda y crisis actual (1990); Haciendo camino al andar (1995); Haciendo posible lo imposible: La izquierda en el umbral del siglo XXI (1999); Reconstruyendo la izquierda (2006) y Un mundo a construir (nuevos caminos)  (2013), por el que obtuvo el Premio Libertador al Pensamiento Crítico .

Harnecker, quien sufría de cáncer, pasó sus últimos años entre Cuba donde reside su hija y  Canadá,  junto a su esposo, el destacado intelectual marxista, Michael Lebowitz.

La última entrevista larga

El 13 de setiembre de 2018, la periodista cubana Arleen Rodríguez le hizo, quizá la última entrevista a Marta, que transcribimos (muy) parcialmente:

Yo estudié Psicología ; y fui a Francia, y en Francia fue donde descubrí el marxismo y me apasionó. Yo era una católica militante, dirigente de la Acción Católica Universitaria. Cuando llego a París iba casi todos los días a la Iglesia, y mi gran preocupación eran los pobres, entonces cuando descubro que el marxismo me explica por qué existen pobres y ricos. Eso me apasionó.

-Además en la época en que yo era Presidenta de la Acción Católica, nosotros empezamos a tener relaciones con los sectores pobres. Yo sabía que toda la gente que iba a la universidad con inquietudes sociales terminaba siendo un burgués más, entonces yo quería ponerme un antídoto, una vacuna contra eso, entonces me fui a trabajar a la fábrica de pastas Lucchetti.

-Después de eso, fui a Cuba como dirigente estudiantil en el 60, cuando todavía los guerrilleros tenían el pelo largo ; y para mi , Cuba fue lo que me marcó políticamente.

-En el 63 fui a Francia y fui con una orientación de un grupo: Jacques Chonchol, que fue ministro de Agricultura de Allende y Julio Silva Solar…Todos ellos eran cristianos marxistas, entonces mi primer contacto en Francia fue un cura comunista que me indicó que a Althusser le gustaba trabajar con la juventud y que lo contactara, y fue así que conocí a Althusser, y logré tener con él un intercambio de casi tres veces a la semana.

-Entonces empecé a estudiar bajo su orientación y Althusser me indicó estudiar El Capital. Él decía que había que ir al corazón de su pensamiento.  A mí Althusser me enseñó a leer críticamente, a entender un texto, a poder ser cristiana y marxista. Después de un tiempo dejé de tener esa fe, pero yo siempre he dicho que hay algo común entre el cristianismo y el marxismo; y es que el cristianismo te orienta a amar a la gente, y el marxismo te da los instrumentos para que ese amor sea realidad; transformes las circunstancias, transformes la sociedad, para que el amor pueda ser real.

-A mí Althusser me enseñó el método para leer correctamente; hay gente que no sabe leer. No se puede negar que Marx habló de la religión como el opio del pueblo y eso fué lo que tomaron los ortodoxos del marxismo para negar la religión, pero claro, no entienden que eso lo dijo Marx en un momento en que el cristianismo en el campesinado en Alemania, en el campesinado europeo, impedía que esa gente se incorporara al proceso de cambio. Yo coincido con Tomás Moulián en que las telenovelas son el opio del pueblo de hoy.

-Tengo una gran vocación pedagógica y creo que la descubrí fundamentalmente con Los conceptos elementales del materialismo histórico, en el que traté de exponer en forma sencilla el pensamiento de Althusser. Un grupo de latinoamericanos que estaban en París me invitó a hacerles un curso sobre Materialismo Histórico, y las notas de ese curso se transformaron luego en este libro, que nunca pensé que iba a transformarse en el manual que fue.

-Yo comencé a escribir tarde: ya tenía 26, 27, 28 años y no había escrito nada. ¿Cómo empezó la cosa? Porque traduje dos libros de Althusser, para tener dinero para vivir en París. Empecé por La Revolución Teórica de Marx , que en francés se llamaba Pour Marx, e hice una introducción y se la mostré a Althusser, y este me dijo: “Oye, tú has puesto en un lenguaje tan sencillo esta introducción”. Y luego me dice que tengo que hacer un libro con él y Etienne Balibar, que era su colaborador más cercano.

-Y que después hice una coleccioncita de cuadernos de educación popular. Este libro lo hice para trabajadores, para gente sin formación académica y al hacer clases con él me di cuenta que había algunos aspectos que eran más complicados, entonces decidimos con Gabriela Uribe a hacer esta pequeña colección.

-Antes con Allende, empezamos con Gaby a hacer unos pequeños textos: “¿Libertad para quién?”, “Democracia para quién”, porque la oposición atacaba a Allende y decía que venía la dictadura, el totalitarismo; uno sobre medios de producción, medios de consumo para decirle a la gente no le van a quitar el refrigerador, no le van a quitar el carro, eso no tiene nada que ver con el marxismo.

-Y esos libritos se empezaron a hacer luego con dibujitos pero los trabajadores. Esta tarea me apasionó. Ver cómo podía llegar a la gente con una cosa fácil. Mi pasión es como llegar con las ideas sencillas a la gente. Como además militaba en el Partido Socialista cuando Allende, nosotros hacíamos reuniones con campesinos y con obreros.

Los trabajadores aprendían para aplicar de inmediato, entonces a mí me apasionó ese trabajo con los sectores, digamos, que no tienen una formación académica, y por eso es que yo te corrijo; yo no soy muy nombrada ni citada por los académicos, los que me conocen a mí son los militantes y los partidos políticos.  Búscate algún libro de un intelectual que me cite. Es difícil encontrar uno,  porque para ellos lo que digo son cosas demasiado sencillas.

-Cuando entro al Partido Socialista me encargan de la formación política de la militancia y nosotros en la campaña habíamos empezado a hacer cosas. En ese momento no existían los videos, usábamos diapositivas. Íbamos al campo a hacer campaña electoral con las diapositivas sobre la historia del movimiento campesino, esa era la primera cosa y después de ahí empezamos a hacer los libros.

-Yo digo que el Chile de Allende fue el precursor en el siglo XX del socialismo en el siglo XXI, porque Allende fue el primero que trató por vía pacífica de ir construyendo la nueva sociedad. Ahora me acabo de enterar —porque he estado estudiando y visitando Kerala, un estado indio—, que en ese estado, en 1956, se había elegido por vía pacífica un gobierno comunista, que no era presidencialista, pero en todo caso sí había habido esa experiencia de marxistas en el gobierno que nosotros no conocíamos.

-A mí me parece muy interesante cómo Allende ya planteó la necesidad de repensar el socialismo si este se daba por la vía pacífica. Decía y que tenía que ser un socialismo “con vino tinto y empanadas”, dos cosas típicamente chilenas. O sea, un socialismo que se enraizara en las tradiciones nuestras. Allende entendió muy bien que para hacer este tránsito desde la institucionalidad heredada tú tenías que tener a la mayoría del pueblo a tu favor, y no se si la izquierda entendió eso. O sea, que este socialismo tiene que construirse con la gente y que tiene que tener un apoyo mayoritario.

-Mucha gente de izquierda pensaba que aún en Chile el momento insurreccional iba a venir. Muchos de la izquierda decían que éramos reformistas los que pensábamos en la vía pacífica. No fuimos capaces de entender la importancia de la amplitud, éramos sectarios: como nosotros creíamos tener la verdad de las ideas revolucionarias, los demócratas cristianos que eran centro izquierda y que eran nuestros aliados, fueron transformados por nosotros en nuestros enemigos. Fuimos muy sectarios con ellos.

-Te quiero decir que en Chile en el 2000 Tomás Moulián —un sociólogo de izquierda excelente— publicó un libro que se llama El socialismo del Siglo XXI: la Quinta Vía, y eso no se sabe… Te digo eso porque en Cuba, se cree que Heinz Dietrich fue el creador, porque Dietrich se declara el autor… Sus planteamientos no tienen nada que ver con el socialismo del siglo XXI concebido por Hugo Chávez. Fue Chávez quien lo acuñó.

-Dicen, no sé si es cierto o no que Fidel le había recomendado no hablar de socialismo ya que esta palabra tenía una fuerte carga negativa y que Chávez, a pesar de eso, decidió usarla, le puso socialismo del Siglo XXI para diferenciarlo de las prácticas del capitalismo de Estado, de la dirección de arriba hacia abajo.

-Él explicaba con ejemplos prácticos: “Bueno mira, esto es el capitalismo” y mostraba lo que podría ser la solución socialista, y a pesar de tener una audiencia en Venezuela era contrario al socialismo, después de algunos años más de la mitad de la población acepta como una cosa positiva el socialismo.

-El neoliberalismo estaba en auge en América Latina, nadie pensaba y de hecho yo escribí un libro: La Izquierda en el Umbral del Siglo XXI, en el 99. En ese momento estaba empezando el proceso en Venezuela, todavía Chávez no se había revelado bien, yo planteo que no se ve en el horizonte una posible revolución

-Allende era muy buena gente. Te puedo contar una anécdota de Allende. Estábamos haciéndole la entrevista y había que servir agua o algo, y había que poner hielo en los vasos y yo no vi la cuchara para el hielo y llegué y pesqué con la mano el hielo, entonces él me dice: “Marta, ¿te estás lavando las manos?”. El era así, muy sencillo.

-Ahora puedo contarte la historia de cómo llegué a Chávez.  Primero, yo estaba haciendo esto libros-testimonios acerca de cinco experiencias sobre presupuesto participativo de alcaldías del PT de Brasil, alcaldías de protagonismo popular, así las llamaba yo. Conocí a un alcalde de Caroní, en la región del Orinoco en Venezuela , quien me invitó a hacer un libro testimonio sobre dicha alcaldía, y en ese momento ya había ganado Aristóbulo Istúriz, la alcaldía de Caracas. Él es un dirigente extraordinario, muy carismático y también es educador popular…

-En eso estaba yo cuando Chávez aparece en Cuba (1994), antes de ser candidato a presidente, y hace un discurso en la Universidad. Entonces yo no conocía a Chávez y quedé maravillada con su discurso. Cuando veo que cita a Neruda, uno piensa que eso es cosa de un intelectual, no de un militar. Hace poco que oí ese discurso de nuevo y si tú lo oyes, verías cómo ya en el 94 Chávez vislumbraba una cantidad de cosas. Entonces yo le escribo a la Causa R, y ahí está la carta, les digo: compañeros este es el líder de Venezuela, ustedes tienen que trabajar en lo local y apoyar a Chávez como principal líder.

-Cuando triunfó Chávez en Venezuela yo escribí cómo se veía un poco la cosa en este país en el libro que estaba redactando La Izquierda en el Umbral del Siglo en 1999.Me tenté y pongo aquí lo que entonces escribí: “Luego de comprobar el indudable avance institucional de la izquierda latinoamericana en varios países, no quisiera terminar este punto sin señalar los enormes desafíos que se le plantean en este terreno, entre ellos: cómo ser al mismo tiempo un partido de gobierno sin dejar de ser un partido de lucha; cómo evitar caer en las prácticas políticas tradicionales y lograr diferenciarse de los demás partidos políticos frente a una opinión pública cada vez más escéptica de la política y de los políticos; cómo usar los espacios institucionales para fortalecer y no debilitar al movimiento popular; cómo evitar que sus cuadros no sean cooptados por el sistema; cómo lograr ser más que meros administradores de la crisis. [1] ”

-Voy a Venezuela después del golpe, aprovechando que había sido invitada por el alcalde de Guacara para ir a Venezuela a hablar del presupuesto participativo, mis amigos me insisten que aproveche de entrevistar a Chávez y fue así como decido enviarle con el embajador venezolano, Germán Sánchez un cuestionario para Chávez, pero no pasa nada. De repente recibo una llamada de parte de su Secretaría “Marta, el presidente dice que te vengas mañana para acá porque quiere hablar contigo”.

-Y se inició una entrevista que se transformó en el libro Un hombre, un pueblo . La entrevista duró como 18 horas, pero en distintas circunstancias. Y cuando se terminaron parte de los temas de la entrevista seguimos conversando y yo aproveché para transmitirle —sin grabadora— las inquietudes de la gente de izquierda, las críticas que había sobre su gobierno. Y en ese contexto me dice: “Marta yo quiero que tú vengas a trabajar conmigo, yo quiero una persona crítica a mi lado.

-La verdad es que no éramos asesores, en ese sentido yo quedé un poco frustrada. No hubo nunca un diálogo del grupo de asesores con él para intercambiar. ¿Qué hacíamos nosotros? Escribirle y le decíamos: “Mira pensamos que tienes que decir esto, hacer esto, o, está pasando esto.” Explicándole cómo algunos ministros estaban haciendo las cosas mal. Yo llegué a ser peligrosa para esos ministros. Yo diría que me rechazaba mucha gente por ser chilena, por ser mujer y por ser la persona que tenía un telefonito con el Presidente y que le decía cosas que los dejaban mal parados.

Artículo publicado en POLITIKA. Aram Aharonian

Falleció Marta Harnecker