viernes 15/1/21
UNIÓN EUROPEA

Valéry Giscard d´Estaing, España y la complejidad de la construcción europea

El europeísmo de Valéry Giscard sirve para comprender algunos de los problemas de la construcción europea
Valéry Giscard d´Estaing. (Imagen de archivo: EFE)
Valéry Giscard d´Estaing. (Imagen de archivo: EFE)

El fallecimiento de Valéry Giscard d´Estaing supone, para Francia, la desaparición del último político conservador de la generación de la II Guerra Mundial. Llegó a la presidencia de la República en 1974 después de haber sido ministro de finanzas y economía con Charles de Gaulle y Georges Pompidou y gobernó hasta 1981. Su setenado será recordado por la legalización del aborto y del divorcio, por la ruptura del tablero político nacional tras su desvinculación del gaullismo, por los problemas económicos fruto de la crisis del petróleo y por el escándalo de los diamantes de Bokassa. En política exterior, hasta el momento se le ha definido como un férreo valedor de Europa. Valéry Giscard d´Estaing ha sido considerado uno de los impulsores del Sistema Monetario Europeo (SME) y del Consejo Europeo gracias a la mayor cercanía que estableció con Helmut Schmidt, presidente de la RFA. Todo ello en unos momentos en los que la Comunidad Económica Europea atravesaba una crisis interna que había sido denominada como euroesclerosis desde EEUU.

El europeísmo de Valéry Giscard sirve para comprender algunos de los problemas de la construcción europea y todo ello puede comprobarse en la relación entre su etapa como presidente de la V República francesa (1974-1981) y el final del franquismo (1975-1977) y la transición política española (1977-1982). Como han demostrado los investigadores Matthieu Trouvé, Esther Sánchez y Pablo Martín-Pañeda, en un primer momento Valéry Giscard d´Estaing trató de apadrinar el cambio político español. El objetivo era convertir a Francia en un promotor de la democratización del país sureño y, al mismo tiempo, permitir que las grandes empresas francesas y su capital acapararan el mercado español, que se encontraba en pleno auge. Eso le llevó a ser uno de los pocos líderes europeos presentes en la coronación de Juan Carlos en 1975 y también a valorar positivamente la adhesión de España a la CEE, el principal objetivo en política exterior de este país desde la muerte del dictador. Incluso nombró como embajador en España en 1976 a Jean-François Deniau, un hombre de su confianza en busca de una mayor cercanía con el nuevo gobierno de Adolfo Suárez.

En ese mismo año, la relación franco-española se fue complicando. Las primeras declaraciones del Elíseo aceptando la integración de España en el mercado comunitario fueron matizándose tras el inicio de la cruzada del asociacionismo agrícola francés en contra de los productos españoles. Los círculos gaullistas y comunistas vertebraron un discurso que rechazaba la adhesión española a la CEE por miedo a la competencia agrícola un hecho que, como se he demostrado recientemente, no era cierto. El pavor del Gobierno a perder el apoyo de los agricultores les obligó a matizar el discurso. Todas esas noticias llegaron a España a través de una lectura en clave nacionalista y con ciertos clichés negativos que mostraron a Francia, tras el conocido giscardazo en 1980, como el principal obstáculo para la homologación europea de España. Al mismo tiempo, las disputas entre Gran Bretaña y Francia por los presupuestos europeos también afectaron a las relaciones franco-españolas y a la construcción europea. El gobierno de Thatcher se negaba a aceptar su aportación a los presupuestos de la Política Agraria Comunitaria (PAC), lo que paralizó desde 1979 hasta 1984 la CEE. Francia, por su parte, en ese cruce de acusaciones detuvo las negociaciones de ampliación europea al sur hasta que la PAC volviera a funcionar. En esos momentos, el europeísmo quedó sujeto a los intereses nacionales, tal y como había ocurrido en épocas anteriores con Jean Monnet que, pese a ser uno de los impulsores de la CEE, nunca olvidó la importancia de las medidas adoptadas en Europa para su país natal. A todo ello se le unieron otros problemas bilaterales de calado como la falta de colaboración en la lucha contra el terrorismo etarra o la mala sintonía entre Valéry Giscard d´Estaing y Adolfo Suárez.

Todo ello sirve para mostrar la complejidad de la construcción europea y algunos problemas del europeísmo. Sin tratar de negar la contribución de Valéry Giscard a la CEE, su apoyo a las instituciones comunitarias se hizo en base a los intereses nacionales. En ese sentido, el presidente francés heredó de Charles de Gaulle la máxima de “faire l´Europe sans defaire la France”, un lema que da título a uno de los libros referentes sobre la aportación francesa a Europa. El eterno debate de Europa es cómo conseguir impulsar su funcionamiento sin que esté sujeto a las dinámicas nacionales. El avance de Europa no puede depender exclusivamente de medidas que sean igualmente favorables a las dinámicas nacionales. El último ejemplo de esta problemática ha aparecido como consecuencia del reparto de los fondos de recuperación para hacer frente a la crisis de la covid-19. Los países denominados frugales, entre ellos Holanda, en un primer momento se negaron a realizar concesiones económicas a los estados del sur de Europa, que habían sido los más castigados por la pandemia. Luego, países como Hungría y Polonia con prácticas iliberales están obstaculizando el proceso por diferentes motivos. En definitiva, y volviendo a la importancia de Valéry Giscard d´Estaing en clave europea, el estudio de su postura en relación a la CEE debe servir para mostrar su contribución, pero también para realizar una lectura crítica (que no negativa) para conocer la complejidad del entramado comunitario.

Sergio Molina García (Seminario de Estudios del Franquismo y la Transición/UCLM)

Valéry Giscard d´Estaing, España y la complejidad de la construcción europea
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