martes 30/11/21

El drama afgano

Hablar de ese país lejano es pensar en una o dos generaciones frustradas, arrasadas por una política mundial caótica y de un futuro incierto para todo el planeta.

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En primer lugar, voy a hablar de las personas, ya que me parece lo más importante. Todas esas mujeres y niñas que durante los últimos veinte años han podido estudiar, trabajar o pasear solas por la calle, están en estos momentos recluidas en sus casas y unas pocas han podido huir.

Se trata de una o dos generaciones que han conocido otro tipo de vida. Que han podido elegir entre casarse o seguir solteras, a pesar del conservadurismo de la sociedad afgana, que han reivindicado los derechos humanos y muy especialmente de las mujeres. De niñas que han podido ir a la escuela, jugar, escuchar música, ver la televisión, algo que en Occidente nos parece normal.

Pues bien, de la noche a la mañana y nunca mejor dicho, mandatarios que viven a miles de kilómetros decidieron abandonar el país y dejarlo en manos de unos barbudos, armados y violentos que a partir de ahora les van a hacer la vida imposible.

La decisión de Estados Unidos, de la OTAN y de los países que la componen, está basada en intereses occidentales, aunque no sé si saben y controlan lo que puede pasar en el futuro.

Llegaron para acabar con un refugio de terroristas y se van con un país con más violentos todavía. No hay que olvidar que en terreno afgano además de los conocidos talibanes hay numerosos grupos como Daesh, Estado Islámico Levante-Jorasán y alguno más.

Los ocupantes dijeron que iban a terminar con la amenaza terrorista mundial y habría que preguntarse qué piensan hacer si estos grupos comienzan a asesinar mañana en Manhattan o en Londres.

Pero mientras tanto, después de tomar el control parcial del país y digo parcial porque respetaron a muchos “señores de la guerra” durante su estancia, han dejado a una población de cuarenta millones de personas desamparada.

Se ha demostrado que ni formaron a un Ejército afgano ni acabaron con la corrupción. Los militares afganos no dispararon ni un tiro contra los talibanes que tomaron el poder como si fuesen de romería y el último presidente, formado en Estados Unidos, salió corriendo con bolsas llenas de dólares.

Los edificios que construyeron ahora son tomados por los barbudos, el gobierno también y las decisiones tomadas lo único que han hecho es enviar a las mujeres, a las niñas, a los periodistas e intelectuales que tenían el vicio de pensar y opinar, a sus casas en el mejor de los casos, otros han sido detenidos, torturados y los más afortunados consiguieron subirse a un avión para comenzar sus vidas desde cero en otro país.

Los múltiples “señores de la guerra” que controlaban territorios han vuelto a recuperar todo el poder, aunque alguno no lo perdió del todo. Están en el gobierno, en el tráfico de opio, en el control y tráfico de armas. Han vuelto a su cómodo status.

Entonces nos podemos preguntar. De qué ha servido la ocupación, el dinero gastado, los occidentales que perdieron la vida. Todo es un sin sentido.

En escasos días hemos vuelto al año 2000, con la salvedad de que las mujeres y niñas han probado un caramelo, que ya les hemos quitado a golpes, de la boca. Por lo que deberíamos plantearnos que se ha hecho mal para no repetirlo, pero tengo la sensación de que nadie va a hacer esa reflexión y esa forma de actuar se volverá a repetir en Afganistán o en cualquier otra parte del mundo.

La guerra/ocupación de Afganistán le costó al Tesoro estadounidense unos US$2,3 billones, de acuerdo con cálculos del proyecto Cost of War de la Universidad de Brown (Rhode Island), informa la BBC. Una cifra difícil de comprender y asimilar para un ciudadano normal. Pero frente al gasto del Tesoro de Estados Unidos están las empresas privadas que ganaron muchísimos millones de dólares.

Una parte muy importante de los 2.3 billones de dólares sirvieron para pagar los servicios de empresas que apoyaron las operaciones estadounidenses en Afganistán. "Esa guerra contó con unas fuerzas estadounidenses muy pequeñas -todas voluntarias- que estuvieron complementadas por contratistas militares", comentaba Linda Bilmes, profesora de la Universidad de Harvard a la BBC.

Las empresas más beneficiarias de esta forma de actuar fueron: Dyncorp, Kellogg Brown Root (KBR), Raytheon Technologies, Aegis LLC o Raytheon. Estas son las que actuaban sobre el terreno haciendo todo aquello que se atribuye al Ejército Americano.

Casi 20 años después de la llegada a Afganistán, 2.442 soldados estadounidenses y 1.144 de diferentes países de la OTAN, además de al menos 3.846 contratistas, murieron en dicho  país.

Un caos y un despropósito.

El drama afgano