viernes. 19.07.2024
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Javier M. González | @jgonzalezok |
Gabriela Máximo | @gab2301

Hace exactamente 30 años, Brasil adoptó una nueva moneda, acabó con la hiperinflación y estabilizó su economía. En junio de 1994, la inflación había llegado al 47% al mes, acumulando un 4.922% en 12 meses. La rutina de los brasileños era correr al supermercado para comprar lo que se pudiera antes de que el dinero perdiese valor al día siguiente. Cuando entró en circulación el 1 de julio de 1994, el Real transformó el escenario. El mes siguiente, la inflación se había reducido al 6%. El país, traumatizado por una década de hiperinflación, adoptaba por primera vez un plan económico capaz de garantizar una estabilidad económica que ya dura tres décadas

La historia de la creación e implementación del Plan Real es contada hoy con contornos épicos. El plan nació de la cabeza de un grupo de jóvenes economistas de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Fueron convocados a integrar el equipo económico del gobierno por el sociólogo Fernand Henrique Cardoso, que acaba de ser nombrado ministro de Hacienda por Itamar Franco. En 1994, el presidente se aproximaba al final de su mandato con el país hundiéndose poco a poco, cuando Fernando Henrique -como lo conocen todos los brasileños- le presentó una propuesta que cambiaría el rumbo del país. 

Brasil había intentado sin éxito combatir el descontrol inflacionario dejado por los gobiernos militares

Brasil había intentado sin éxito combatir el descontrol inflacionario dejado por los gobiernos militares. En los ocho años que transcurrieron desde 1985 (fin de la dictadura) y 1993, se pusieron en marcha seis planes de estabilización, que acabaron en el fracaso. Fue así con el Plan Cruzado (febrero de 1985), el Cruzado 2 (noviembre de 1986), el Plan Bresser (junio de 1987), el Plan Verano (enero de 1989) y los Planes Collor 1 (marzo de 1990) y Collor 2 (enero de 1991). Se abordó la cuestión mediante la subida de las tasas de interés y hasta la confiscación de los depósitos bancarios, sin resultados más que momentáneos. Casi todos intentaron controlar la inflación con el congelamiento de precios. Y todos tomaron a la población por sorpresa.

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Fernando Henrique Cardoso en su segunda toma de posesión, en 1999.

El Plan Real, por el contrario, fue implementado en fases, cada una de ellas negociada con los agentes políticos y económicos, y bien explicadas a la población. Fernando Henrique calificó este proceso de “pedagogía democrática”. No hubo sorpresas ni congelamiento de precios. Fueron meses de negociaciones, en los que recorrió el país llevando el plan debajo del brazo. Cuando fue implementado, ya no estaba al frente del ministerio de Hacienda, estaba otra vez recorriendo el país, pero ahora como candidato en las elecciones que lo llevaron a la presidencia de Brasil.

“Era fundamental apartar de la memoria los congelamientos anteriores. Todo el mundo esperaba el congelamiento. Los empresarios rápidamente aumentaban los precios. Cuando aumentaban, la inflación subía. Ahí los políticos decretaban el congelamiento y las personas consumían todo lo que podían. Había exceso de demanda y el congelamiento fallaba. Esa trampa tenía que ser desarmada”, explicó al diario Estado de S.Paulo Persio Arida, uno de los formuladores del plan que asumió la presidencia del Banco Central.

Rubens Ricupero, que sustituyó a Fernando Henrique Cardoso en el ministerio de Hacienda, declaró al mismo diario que hasta el final hubo que contener tensiones internas del gobierno y del Congreso, que presionaban para aumentar el salario mínimo y congelar los precios, contra la opinión de los técnicos. “Sin Itamar no habría existido el Plan Real, ahora, como todo político, tenía instintos populistas, quería aumentar el salario mínimo de una manera que no era posible”, señaló al diario O Estado de S.Paulo. Y reconoció que, al final, el presidente siempre se rendía al sentido común.

Itamar Franco había sido vicepresidente de Fernando Collor de Mello, que dimitió para no enfrentar un juicio político en el Congreso por corrupción. Es decir que Brasil vivía momentos de debilidad institucional y una triple crisis: política, económica y social. Fernando Henrique Cardoso era el cuarto ministro de Hacienda del gobierno de Itamar.

Como señalaba el principal editorial del diario Folha de S.Paulo de este domingo (30), “el pasar del tiempo acentúa la importancia histórica de la reforma monetaria que hace 30 años frenó la inflación galopante y abrió espacio para una modernización económica todavía incompleta del país”.

Antes del lanzamiento de la nueva moneda se creó un sistema de conversión, la Unidad Real de Valor (URV), una moneda virtual que terminó con la indexación de los precios, seguramente la parte más difícil de implementar

Antes del lanzamiento de la nueva moneda se creó un sistema de conversión, la Unidad Real de Valor (URV), una moneda virtual que terminó con la indexación de los precios, seguramente la parte más difícil de implementar. Era un indexador destinado a promover una convergencia general de precios y salarios en una misma unidad de cuenta. Se consideró que el uso de índices económicos para corregir precios y contratos de forma automática contribuía a la espiral inflacionaria. La URV permitió la salida de forma creativa y organizada de la alta inflación inercial, sin congelamiento de precios, según señaló Aloizio Mercadante, presidente del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo) y ex ministro del presidente Lula, que considera que otro elemento crucial fue la renegociación de la deuda externa en el marco del Plan Brady.

El ajuste de las cuentas públicas, considerado como el verdadero cimiento del real, fue uno de los pilares del plan: “Nuestro país está sumergido desde hace muchos años en una crisis económica cuya raíz es fiscal, pero cuya expresión más perversa es la inflación”, aseguraba un texto firmado por los ministros del gobierno de Itamar Franco al ponerse en marcha el plan.

La nueva moneda llegó de la mano de una serie de reformas, que incluyeron una apertura comercial, la independencia del Banco Central, el establecimiento de un régimen de metas de inflación, una Ley de Responsabilidad Fiscal, privatizaciones de empresas públicas, el fin de monopolios estatales y el establecimiento de una tasa de cambio flotante.

Entre las privatizaciones figuraron la treintena de bancos de titularidad pública de los distintos estados, que se usaban para financiar la política de manera irresponsable. Estos días se recuerda la anécdota del entonces gobernador de São Paulo, Orestes Quércia (1987-1991), que se ufanaba de haber quebrado el banco estatal (Banespa), pero había logrado elegir a su sucesor, Luiz Antonio Fleury Filho. Esos bancos estaduales prestaban a los gobernadores y a las empresas de los estados, que con frecuencia no les pagaban exactamente de acuerdo a los términos y obligaciones contractuales, según recordaba este domingo Pedro Malan en el diario O Globo. 

El rápido éxito del Plan Real en la lucha contra la inflación fue fundamental para que Fernando Henrique Cardoso ganara las elecciones de octubre de ese año de 1994

En el momento del lanzamiento del Plan Real, el ahora presidente Lula y su partido, el PT, se mostraron radicalmente en contra. Y cuando ganó su primera elección, en octubre de 2002, insistió en que recibía una “herencia maldita”, aunque en la práctica se benefició de la estabilidad monetaria y siguió una política ortodoxa. Hay una común percepción de que en 1998 Lula perdió la elección presidencial justamente por no adherir al Plan Real.  

Por el contrario, el rápido éxito del Plan Real en la lucha contra la inflación fue fundamental para que Fernando Henrique Cardoso ganara las elecciones de octubre de ese año de 1994. El presidente Itamar Franco hizo una apuesta arriesgada al hacer de Cardoso su ministro de Hacienda. No era economista -era un prestigioso sociólogo- y él mismo sentía que tenía poca capacitación para el cargo. Pero supo rodearse de los técnicos que sí tenían el saber y las habilidades necesarias. Al asumir la cartera ministerial, Cardoso dijo que iba a intentar resolver tres problemas: “la inflación, la inflación y la inflación”.

Los resultados se vieron muy rápidamente. Si en junio de ese 1994 el índice de inflación llegaba casi al 5.000% anual, en diciembre ya había bajado al 916% y el año siguiente registraría una cifra del 22%. Hoy, 30 años después, la cifra conocida en mayo fue del 3,3%, lo que muestra claramente el éxito.

Son ya 30 años de estabilidad monetaria, con todas las ventajas que esto supone, especialmente para los sectores más desfavorecidos de la población. Pero esto no quiere decir que Brasil no tenga aún graves problemas por resolver. En primer lugar la desigualdad; pero también la falta de dinamismo económico y la baja productividad y eficiencia de la economía.

Aparte de los éxitos económicos, el éxito del Plan Real tuvo efectos en el sistema político. Como señaló la columnista Míriam Leitão en su columna dominical del diario O Globo, la estabilización consolidó la democracia. “Vivíamos en un caos monetario y si aquella devastación continuaba el país iba a perder la confianza en los gobiernos civiles”.

Se cumplen 30 años del Plan Real que cambió la historia de Brasil