miércoles 23.10.2019
América Latina

Chile y su derecha sin complejos

De cara a las elecciones de 2021, las distintas expresiones de la derecha chilena oscilan entre conservar la unidad (elitismo y pinochetismo) y distinguirse en el grado de liberalidad o la adhesión a los derechos humanos.
Chile y su derecha sin complejos

Desde el retorno a la democracia, Chile ha sido uno de los países con más alta institucionalidad de la región (sólo comparable a Uruguay), gracias a un Gobierno de alternancia entre un espacio socialdemócrata/demócrata cristiano y la derecha heredera del modelo pinochetista. En sus distintos matices el Gobierno viene alternando entre un abanico de grises: derecha popular, derecha conservadora, derecha liberal, derecha económica y “nueva derecha”. Desde 2005 Chile ha estado gobernado por la Concertación, luego por Nueva Mayoría, y la Coalición por el Cambio, y después  Vamos Chile. Sólo cambió el nombre de los frentes, pero Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera han alternado la casa de la Moneda los últimos 13 años.

No es justo decir que fueron lo mismo; Bachelet incluyó cierto reformismo institucional que dio una bocanada de aire fresco, si bien su aporte fue más en términos simbólicos que concretos. También estuvo impulsado por la oleada rosa y al giro a la izquierda, con quien compartió bloques regionales progresistas.

A los números rojos de la popularidad de Piñera se le suma además una crisis de representación. De acuerdo al último informe de CEP, dos tercios de los chilenos (64%) declara no identificarse con ninguna identidad política

Este viraje tuvo momentos virtuosos para la opinión pública en su primer mandato, aunque con un mayor agotamiento en el segundo. Según los datos del Centro de Estudios Políticos (CEP), en términos de destreza y habilidad, la diferencia es significativa: Bachelet la tuvo y la perdió y Piñera nunca pudo convencer a la mayoría de ser un político hábil. El pico positivo de Bachelet es claro: agosto de 2009 con la Nueva Ley de Educación que canalizaba a su favor un ciclo de protestas iniciado en 2006.

Las elecciones de 2017 en que saldría victorioso Sebastián Piñera por el frente Chile Vamos (heredero de Coalición por el Cambio), evidenciaron un cambio en la derecha chilena: Acción Republicana -hoy Partido Republicano- creado por José Antonio Kast -bajo las consignas de “Dios, patria, familia, libertad y propiedad privada” y un logo que replicaba casi con exactitud al de “Front Nacional”, el partido de ultra-derecha de Marie Le Pen-, obtuvo un 7,9% en la primera vuelta. Kast se apartaba de la coalición conformada por la Unión Demócrata Independiente (UDI), Restauración Nacional (RN), Evopoli y el Partido Regionalista Independiente (PRI), así como de la Democracia Cristiana (DC) -todos partidos del statu quo- para radicalizarse y reivindicar al sector más pinochetista. De cara a la segunda vuelta, Acción Republicana daría su apoyo a Piñera y la coalición Chile Vamos.

A poco más de un año de gobierno Piñera registra una popularidad en caída. La consultora Criteria Research, en su estudio realizado en el mes de junio, evidencia que Piñera registra un nuevo mínimo de aprobación del 23% y una desaprobación en ascenso de un 65% a un 69%. En cuanto a las causas de dicha caída, es posible distinguir una mala gestión en cuanto a los reclamos educativos y la falta de inclusión del resto de las demandas sociales, pero también un estancamiento económico y una baja percepción de mejoras en torno a la seguridad -dos cualidades esperadas en un Gobierno de derecha. 

También lo empuja hacia abajo el freno por parte de la oposición a su agenda legislativa, que incluye la reforma previsional y tributaria. En medio de la crisis de popularidad Piñera realizó cambios en su Cartera ministerial, concretamente en Cancillería (Exteriores), Economía, Energía, Salud, Obras Públicas y Desarrollo Social. Sin embargo, estos cambios no hicieron más que agudizar las molestias hacia el interior de la coalición de gobierno, ya que favorecieron a RN (partido de Piñera) por sobre otros partidos de la coalición.

Uno, dos, ultraderecha

La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, en octubre de 2018, repercutiría en el reposicionamiento de la derecha chilena[3]. El presidente Sebastián Piñera fue uno de los primeros mandatarios de la región en felicitarlo y Chile fue uno de los primeros destinos de su homólogo brasileño. Los máximos líderes de Chile Vamos se posicionaron de manera distinta: desde el apoyo incondicional de José Antonio Kast, pasando por el apoyo parcial del presidente de RN, Mario Desbordes y la senadora Jacqueline Van Risselbergue (UDI), celebración de las diferencias de Hugo Ortiz de Filippi (PRI) e, incluso, el rechazo de Hernán Larraín Matte (Evópoli), que continuó insistiendo en un espíritu “republicano” y más moderado, al igual que Joaquín Lavin (UDI)[4].

Simultáneamente, Kast, conformó un nuevo espacio integrado por varios cuentapropistas políticos de RN y la UDI, entre ellos el polémico diputado Ignacio Urrutia, conocido por sus constantes ofensas hacia las víctimas de la dictadura. Vamos Chile continuó intentando contener a Kast y sumarlo como potencial candidato de su espacio. Tanto la irrupción de Kast como el rol protagónico de la UDI en las decisiones de gobierno, daban cuenta de un giro conservador y fuertemente liberal en lo económico.

Si bien desde la coalición oficialista han remarcado sus diferencias con Kast, lo cierto es que la victoria de Bolsonaro expresó un espaldarazo para exhibir su postura contraria a la migración -plasmada en la reforma migratoria-, intentar rebajar el impuesto a las empresas, propiciar el control preventivo de identidad a menores de 18 años o el proyecto Aula Segura, que busca habilitar a los directores de las universidades a expulsar inmediatamente a alumnos que se vean involucrados en disturbios. Asimismo, en el ámbito internacional ha endurecido su posicionamiento con respecto a la situación política de Venezuela, se ha retirado del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe (más conocido como Acuerdo de Escazú) y el pacto migratorio de la ONU. La situación amerita preguntarse ¿la ultraderecha es un fenómeno ajeno a la coalición de Gobierno?

Salvando las distancias entre Brasil y Chile, es posible encontrar elementos comunes o que, potencialmente, podrían alentar el surgimiento de liderazgos similares al de Bolsonaro. En primer lugar, se encuentran la crisis del sistema de representación política y un intento de disociación del ethos democrático que se expresa en la reivindicación de las dictaduras o, al menos, su tolerancia con su apología. Las posiciones son disimiles. Para el académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Ernesto Águila, aunque aun incipientes, están dadas las condiciones para el surgimiento de un “Bolsonaro chileno”. En cambio, para el académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, Jaime Baeza, el rol preponderante de las Fuerzas Armadas en Brasil no es comparable a otras democracias de la “tercera ola” en las que han dejado de ser actores relevantes[5].

¿Quién capitaliza la crisis de Chile Vamos?

A los números rojos de la popularidad de Piñera se le suma además una crisis de representación. De acuerdo al último informe de CEP, dos tercios de los chilenos (64%) declara no identificarse con ninguna identidad política. Mientras que el tercio restante se divide entre un 15% de izquierda, un 14% derecha y un 7% de centro. Queda un largo camino para las elecciones municipales de 2020 y las presidenciales y legislativas de 2021, y las distintas expresiones de la derecha chilena oscilan entre conservar la unidad y distinguirse con diversos posicionamientos, que a fin de cuentas esconden una extracción de élite y una herencia pinochetista. Los matices de gris se debaten en torno al grado de liberalidad o conservadurismo y la adhesión a los derechos humanos. En paralelo y coqueteando con los límites de la coalición José Antonio Kast ha iniciado un proceso de recolección de firmas para pasar del movimiento al partido propio, pasando de denominarse Acción Republicana a Partido Republicano. En un contexto de una crisis del Gobierno presidido por Piñera, frente a una desaprobación histórica y con una gran movilización en las calles, el escenario permanece abierto.

[1] https://www.cepchile.cl/cep/site/docs/20190612/20190612104953/encuestacep_mayo2019.pdf

[2] https://www.criteria.cl/wp-content/uploads/2019/07/ACC-Junio-2019.pdf

[3] https://www.celag.org/pinera-bolsonarizacion-gobernabilidad/

[4] https://m.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/10/09/las-diferencias-que-genera-en-la-derecha-chilena-la-controvertida-figura-de-jair-bolsonaro/

[5] https://radio.uchile.cl/2018/10/29/efecto-bolsonaro-puede-chile-elegir-a-la-ultraderecha/

Bárbara Ester

Licenciada en Sociología (UBA) (Argentina)

Chile y su derecha sin complejos