sábado 22/1/22
VA

En diciembre de 2019 el gobierno de Mauricio Macri enviaba a Bolivia un arsenal de armas para contribuir con la represión al pueblo boliviano -iniciada meses atrás-, por parte de quienes comandaron el golpe que depuso a Evo Morales y sentó en el poder a Jeanine Añez.

La prensa internacional captó imágenes horrorosas de las masacres de Pedregal, Sacaba y Senkata. Las armas enviadas por el Estado argentino se usaron en la feroz represión que impuso la derecha golpista, y que dejó un saldo de más de medio centenar de fallecidos.

De la investigación que lleva adelante la justicia boliviana para determinar cuál fue la responsabilidad de Mauricio Macri en aquel envío ilegal de armamento, ya hemos hablado en este medio. Las pruebas reunidas demuestran que ni Mauricio Macri ni su ministra de Seguridad, Patricia Bullrrich, podían desconocer dicha operación. De hecho no pudo haber existido tal operación sin la previa aprobación de ambos. Lo cierto es que aquellas armas asesinaron a bolivianos indefensos y desarmados, indígenas muchos de ellos, jóvenes estudiantes y mujeres obreras.

Que si es o no es Mauricio Macri un criminal, es algo que deberá determinar la Justicia, a la que hasta el momento el ex presidente argentino ha sorteado con patética elegancia; elevando escritos, negándose a presentarse, recusando al juez o huyendo a Miami para eludir la cita. Evasiones que sólo suelen darse los macris de este mundo. A cualquier pelagato de a pie nos hubieran traído de una oreja y nos hubiesen hecho sentar en el banquillo, como corresponde a la Ley.

Del envío de armas al envío de vacunas hay una diferencia que a las claras habla de quién es quién en este perverso juego de poder en el que la derecha argentina está inmersa.

El ahora dirigente encubierto de la oposición reapareció hace unos días en uno de los programas en los que sus empleados le hacen preguntas y él responde. No habló del envío ilegal de armas a Bolivia, por supuesto. Pero sí de la “mala gestión de la pandemia” del gobierno de Alberto Fernández. Precisamente de eso habló el autor de “que se mueran los que se tengan que morir”. Luego se quejó de la administración de las vacunas, de la “desastrosa organización” del gobierno, al cual –por supuesto- responsablizó de las muertes por coronavirus. De eso precisamente habló el líder del partido que organizaba marchas en contra de la “vacuna comunista”. “Ojo porque nos van a inyectar veneno”, advertía en el invierno de 2020 una de las referentes de Juntos por el Cambio.

Esta semana el partido de Mauricio Macri dejó sin presupuesto a millones de argentinos. Se opusieron, votaron en contra; pero no en contra del gobierno, sino en contra de la Argentina. Es una constante. “Seremos una oposición responsable”, había dicho el amigo de Christine Lagarde cuando asumió Alberto Fernández. Y sin embargo, tal como era de esperar, lo único que ha hecho Juntos por el Camino ha sido poner obstáculos al gobierno y, en definitiva, al conjunto de los argentinos.

Esta semana también se supo, aunque en los medios de Macri la noticia brilló por su ausencia, que Alberto Fernández envió a Bolivia un cargamento con un millón  dosis de la vacuna AztraZeneca. “En nombre del pueblo boliviano quiero agradecer a la hermana República Argentina por el compromiso con la salud Latinoamericana”, dijo el Ministro de Salud y Deportes boliviano, Jeyson Ausa Pinto.

La donación de vacunas del gobierno argentino es la más grande que se ha hecho en Sudamérica. Pero además incluye un notable simbolismo. El envío se ha realizado en el mismo avión Hércules de la Fuerza Aérea argentina, que ha llegado al mismo hangar de la Fuerza Aérea Diablos Negros boliviana, a la que hace dos años atrás Macri enviaba -de forma ilegal- el cargamento de armas en apoyo al golpe de estado.

“En vez de llegar escondidos en la noche, hoy llegamos orgullosamente a la luz del día. En vez de traer muerte y represión, estamos trayendo vida y esperanza. Y no estamos dando lo que nos sobra, estamos dando lo que tenemos”, expresó la Ministra de Salud, Carla Vizzotti.

Del envío de armas al envío de vacunas hay una diferencia que a las claras habla de quién es quién en este perverso juego de poder en el que la derecha argentina está inmersa. No hay actitud más concluyente respecto de la grieta que divide a la sociedad. En un extremo hay negacionismo, represión y muerte. Y en el otro, compromiso, esperanza y vida.

De armas a vacunas