lunes 13.07.2020
ARGENTINA

Una intervención que despierta fantasmas

La intervención de Vicentín, una empresa familiar con más de 90 años de historia, ha desatado la polémica, impulsando una serie de protestas encabezadas por la oposición y sectores de la derecha que creen ver una estrategia del gobierno para “empujar a la Argentina hacia el comunismo”.
Una intervención que despierta fantasmas

La pandemia del coronavirus no solo ha hecho tambalear el concepto de globalización, sino que ha sacudido el orden económico mundial y ha puesto en cuarentena al libre mercado. Como alternativa al colapso la Unión Europea planteó medidas proteccionistas; entre ellas la nacionalización generalizada de empresas en apuros. Gran parte de las acciones planteadas por Italia, Reino Unido, Francia y Alemania, no parecen ser suficientes para aminorar el temporal económico, y despiertan la susceptibilidad de una derecha que tiende a boicotear desde los Parlamentos.      

Por fuera del coronavirus el tema que se ha instalado en la opinión pública argentina durante la última semana ha sido la revelación de las escuchas ilegales y el armado de causas judiciales contra la oposición, ocurridos en el gobierno de Mauricio Macri, un escándalo que tiene como responsable al ex presidente argentino. Pero también ha sido portada y materia de controversia la decisión del gobierno de Alberto Fernández de intervenir la empresa Vicentín, una de las mayores agroexportadoras del país.

La intervención de Vicentín, una empresa familiar con más de 90 años de historia, ha desatado la polémica, impulsando una serie de protestas encabezadas por la oposición y sectores de la derecha que creen ver una estrategia del gobierno para “empujar a la Argentina hacia el comunismo”.

Vicentín está entre las diez exportadoras más importantes del país y supo aportar el 15 por ciento del total de ingreso de divisas del complejo cerealero

Vicentín está entre las diez exportadoras más importantes del país y supo aportar el 15 por ciento del total de ingreso de divisas del complejo cerealero. Pero desde diciembre de 2019 la empresa está en concurso preventivo, camino a la quiebra, con una deuda de 1.600 millones de dólares.

Los propios trabajadores celebraron el anuncio de Alberto Fernández. Tras seis meses de declarada la cesación de pagos, los sindicatos aceiteros a nivel nacional consideran que la intervención del Estado pondrá fin a meses de incertidumbre.

Pero esta decisión ha despertado nuevamente el “fantasma del comunismo” y ha impulsado a los medios hegemónicos a promover una agenda anti intervención que incluye las opiniones de quienes omitieron información referida a la fuga de miles de millones de pesos, a la financiación de la campaña electoral de Mauricio Macri y al préstamo multimillonario (300 millones de dólares) que el ex mandatario, en una clara devolución de favores, le otorgó a la firma Vicentín a través del Banco Nación. 

En contraposición al macrismo y sus voceros que convocan a marchar en contra de la decisión del gobierno, los trabajadores insisten en que lo que se está defendiendo es la continuidad laboral de miles de empleados y de cientos de productores de todo el país. La lógica de los medios hegemónicos es convertir a los poderosos en víctimas, invertir la realidad aprovechando la infodemia generalizada. En la percepción de la opinión pública la acción del gobierno argentino oculta malsanas intenciones. “No queremos ser Venezuela” es el leitmotiv que las víctimas voluntarias de la desinformación canturrean en las marchas convocadas desde las redes sociales.

El tratamiento mediático de los diarios Clarín y La Nación, respecto de la decisión de Fernández de rescatar una empresa en quiebra, configura la estrategia de una oposición decidida a batallar contra el “populismo” con todas sus armas. “El gobierno avanza sobre el sector privado”, titulan, dándole al antiperonismo los motivos para temer un espiral de intervenciones estatales.

El rescate de Vicentín tiene como finalidad salvar miles de puestos de trabajo, evitar su extranjerización y regular en el mercado agroexportador los precios de los alimentos. Sin embargo los grandes grupos de desinformación organizada, dueños del poder real en Argentina, pretenden presentar al poderoso como a una víctima: Una empresa familiar que invirtió y confió en la iniciativa privada, que luego entró en dificultades económicas y que ahora es presa de un gobierno populista cuya pretensión es la apropiación. De esta manera se oculta la estafa millonaria, la fuga de capitales y el préstamo jamás devuelto otorgado por el Banco Nación durante la presidencia de Macri; es decir, los verdaderos motivos de la debacle de una firma que, de no ser intervenida, dejaría en la calle a miles de trabajadores.

Una intervención que despierta fantasmas
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