sábado 18/9/21

Adiós a Angela Merkel, una gran europeísta

Foto: Torsten Silz/dapd

El próximo  26 de septiembre del año en curso se celebrarán elecciones generales en Alemania para elegir a los 709 diputados del Bundestag (la Cámara Baja del Parlamento alemán). Estos diputados son los que elegirán al canciller que regirá los destinos del país hasta 2025, y entre cuyos candidatos ya no estará Angela Merkel que, voluntariamente, ha decidido no concurrir a las elecciones.


Angela Dorothea Kasner, que tras su primer matrimonio con el físico Ulrich Merkel, tomó del mismo el apellido Merkel, nació en Hamburgo –en la entonces República Federal de Alemania- el 17 de julio de 1954, aunque a las pocas semanas de su nacimiento su familia se trasladó a Quitzow (Brandeburgo), entonces perteneciente a la Alemania del Este, donde su padre ejerció de pastor luterano. En Alemania Oriental realizó sus estudios, desde los primarios hasta los universitarios, que culminaron con su doctorado en Física en la entonces denominada Karl Marx University de Leipzig.

Tras la reunificación de Alemania, Merkel fue nombrada por el Canciller Kohl, en 1990, ministra para la Mujer y Juventud; y, en 1994, de Medioambiente y Conservación. Entonces, la joven llegada del Este comenzó a conocerse como la Niña de Kohl , aunque se distanció de su jefe a partir de  1999, al verse éste salpicado por el escándalo de financiación ilegal de la Unión Cristiano Demócrata (CDU). Un año después, en 2000, Merkel fue elegida presidenta de la CDU, siendo la primera mujer en acceder a la misma y también la primera que no pertenecía a la rama católica (Merkel es de religión protestante).

Merkel ha sido canciller de Alemania durante cuatro legislativas consecutivas: desde 2005 a 2021 y siempre lo ha hecho en coalición con el partido hermano de la CDU: la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera; en tres de ellas, con su principal rival político, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD); y en la segunda (2009-13), con el Partido Democrático Liberal (FDP). Su trayectoria como canciller se ha caracterizado por la aplicación de una política firme pero muy pragmática.

En relación a la Unión Europea, Merkel forma parte, con todos los honores, de la saga de cancilleres alemanes que más han contribuido a impulsar su construcción. Lo han sido prácticamente todos, aunque destacando entre ellos Konrad Adenauer, que jugó un papel esencial en la reconciliación franco-alemana y en la creación de la primera de las comunidades europeas: la CECA; y Helmut Kohl, padre de la reunificación de Alemania y también el que culminaría la unión monetaria europea. Pero Merkel nos les anda a la zaga y, a lo largo de su dilatada carrera política, ha logrado reunir tantos o más méritos que éstos.

En 2007, durante la presidencia alemana del Consejo de la Unión, Merkel logró rescatar para la Unión una buena parte del contenido –salvando líneas rojas impuestas por el Reino Unido- del fracasado Proyecto de Tratado sobre la Constitución Europea. Ese contenido pasó a formar parte del vigente Tratado de Lisboa.

El papel que ha jugado Merkel en las dos crisis económicas que le ha tocado lidiar en sus mandatos (la de 2008 y 2020), ha sido determinante.

En la crisis financiera de 2008, exigió e impuso una dura política de austeridad en la Unión, en particular a los socios del Sur de la Eurozona -cinco de los cuales fueron rescatados, entre ellos España en su sector financiero- por lo que fue muy criticada. Vista en perspectiva histórica, dicha política de austeridad ha sido calificada de errónea por la mayor parte de los especialistas ya que contribuyó a prolongar la crisis en varios de los Estados y prácticamente se desmanteló el estado de bienestar en alguno de ellos (señaladamente, Grecia). No obstante, también hay que anotar en su haber que impulsó una serie de reformas económica de gran calado que afectaron tanto a la propia unión monetaria (ampliando las funciones del BCE) como a otros ámbitos; y también evitó que Grecia fuese expulsada del euro.

En la coronacrisis de 2020, en parte por la mala experiencia de la Gran Recesión de 2008, y en parte por las urgencias que exigía la pandemia, Merkel se mostró mucho más flexible que en la anterior: apostó sin reservas por la expansión financiera para salir de la misma. Y, junto con Macron, fue la gran impulsora de lo que acabó concretándose en el NextgenerationEU, el importante programa de ayudas y préstamos de la Unión a sus Estados, con el añadido, no menor, de que su financiación se hace -por primera vez en la historia de la Unión- con deuda pública emitida por la Comisión (un inicio de mutualización de la deuda).

Otro de sus grandes gestos europeístas tuvo lugar en 2015. En dicho año admitió en su país a más de un millón de refugiados sirios (y afganos), en un momento de grave tensión por el desbordamiento migratorio que se produjo hacia la Unión (a través de las islas griegas y de Italia) como consecuencia de la guerra de Siria y que provocó un grave rechazo de acogida por parte de algunos de los Estados del Este de la Unión.

Y también debe citarse la decisión de Merkel de cerrar las centrales nucleares en Alemania como consecuencia del accidente nuclear de Fukushima (Japón) de 2011. Así mismo hay que destacar su actitud de fuerte rechazo frente a la política expansionista de Putin, sobre todo a costa de Ucrania (anexión de Crimea a Rusia y decidido apoyo a la autoproclamada y no reconocida República Popular de Donetsk); o su clara oposición al nacionalismo de Trump, por su proteccionismo económico y su desnortada política de desmantelamiento del orden internacional.

En reconocimiento a sus muchos méritos, Merkel ha recibido algunos de los premios más destacados que se conceden a nivel internacional, a los que seguirán otros muchos tras su jubilación política.

Por su buen hacer en el Tratado de Lisboa, recibió, en 2008, el Premio Carlomagno, el más distinguido galardón que, desde 1950, concede el Ayuntamiento de Aquisgrán a las personas o instituciones que más se han distinguido por su labor europeísta (solo tres españoles lo han conseguido: Salvador de Madariaga, Juan Carlos I y Felipe González).

En mayo de 2011, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, concedió a Merkel la Medalla de la Libertad, la máxima distinción que la presidencia de dicho país puede otorgar a un civil, por lo general estadounidense -en reconocimiento a los servicios prestados- y raramente a un extranjero. Con tal distinción a Merkel, quería reconocerse los méritos a una ciudadana de Alemania del Este, que luchó por la libertad y porque fue la primera mujer en alcanzar la cancillería de una Alemania unificada, en una Europa unificada.

Finalmente, la revista Forbes ha elegido a Merkel durante 14 ediciones consecutivas hasta 2020 (en la que fue seguida por Christine Legarde, Kamala Harris y Ursula von der Leyen), como la mujer más poderosa del mundo entre las 100 seleccionadas, calificándola de “… líder de facto de Europa…”.


Fin de la era Merkel


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