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jueves 19/5/22
REVISTAS ARGENTINAS

El 30 de marzo de 1982 se produjo en Buenos Aires una de las manifestaciones más masivas y combativas en contra de la Dictadura Militar que llevaba seis años silenciado a las voces opositoras a fuerza de represión, tortura y muerte.

Al grito de “se va a acabar la dictadura militar”, la marcha de trabajadores –convocada por la UGT Brasil- llegó a la Plaza de Mayo. La movilización estaba teniendo su réplica en todo el país, con más de 50 mil argentinos que manifestaban su hartazgo hacia una dictadura que comenzaba a languidecer.

La movilización de trabajadores a Plaza de Mayo no era la primera demostración de oposición obrera a la dictadura, aunque sí la más masiva. El descontento popular, los miles de argentinos silenciados, torturados y desaparecidos, y la crisis económica, produjeron la reorganización de los partidos políticos que pugnaban por el retorno de la Democracia.

La preocupación del gobierno de facto, encabezado por el Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri, apuró una decisión nefasta que iba a costarle a la Argentina la vida de 650 combatientes. En la recuperación de las Islas Malvinas –usurpadas por Gran Bretaña en 1833- el gobierno militar vio la oportunidad para perpetrarse en el poder.

La guerra de Malvinas, el último crimen organizado por la dictadura más sangrienta de la historia argentina, duró 74 días

Galtieri y los jerarcas de la dictadura consideraron, erróneamente, que el Reino Unido no iba a reaccionar militarmente y que Estados Unidos, al ser Argentina un aliado en la lucha contra el comunismo, iba a dale su apoyo, forzando al gobierno británico a entablar un diálogo; algo que, demás está aclarar, no sucedió.

En la madrugada del 2 de abril de 1982 los soldados argentinos tomaron por asalto las islas Malvinas e instauraron un gobierno local bajo el mando del general Mariano Benjamín Menéndez. Esa misma tarde, la Plaza de Mayo que dos días antes había sido escenario de una de las manifestaciones más grandes en contra de la dictadura, albergaba a cientos de miles de argentinos que vitorearon la decisión del entonces presidente de facto.

Lo que la cúpula militar no tuvo en cuenta fue la rápida reacción de la por entonces Primera Ministra Británica, Margaret Thatcher, que ordenó el despliegue de las flotas inglesas que de inmediato partieron hacia el Atlántico Sur.     

La guerra de Malvinas, el último crimen organizado por la dictadura más sangrienta de la historia argentina, duró 74 días. El 14 de junio de 1982 los soldados argentinos se rindieron. Habían muerto en combate 649 compañeros, la gran mayoría de ellos apenas alcanzaba los 18 años de edad; chicos que cumplían con el Servicio Militar Obligatorio. Los sobrevivientes fueron obligados al silencio. Y más de 400 se han suicidado.

El rol de los medios de comunicación durante el conflicto

El programa "60 minutos" de Argentina Televisora Color (ATC), bajo la conducción de José Gómez Fuentes, se encargó de emitir las pocas imágenes que llegaban desde el escenario de las batallas. Los mensajes  triunfalistas transmitidos por ATC  llevaban a la exaltación del espíritu nacional

Durante los 74 días de guerra, la gran mayoría de los medios de comunicación (con algunas excepciones como The Buenos Aires Herald) se abocaron a esta tarea, jugando un rol estratégico fundamental en los planes militares. Desde el  Estado  se ejerció una terrible censura  en los contenidos informativos elaborados por la prensa en relación a Malvinas. De todas formas, las fuentes de información sobre la guerra eran pocas y estaban controladas por el aparato castrense. Todo lo que se publicaba y emitía desde la zona de guerra pasaba por el filtro de las Fuerzas Armadas.

De esto formaba parte  ATC y la agencia oficial Télam. También medios privados, incluso aquellos que no se especializaban en política, como las revistas  “Gente” y  “Somos”, además de los grandes diarios nacionales. La editorial  Atlántida  formó parte de los que decidieron ocultar, mentir, engañar. La Revista Gente fue de las primeras en afirmar el triunfo.

Fueron varios los periodistas que conformaron el equipo a cargo de la cobertura de los medios estatales y todos coinciden que “el control por parte de las Fuerzas Armadas fue total”. Muchos años después develaron detalles que sirvieron para saber cómo funcionó el mecanismo que manipuló y tergiversó la información.

Se recortaban  los  testimonios de soldados heridos y se censuraban las  imágenes que llegaban de Malvinas. En la televisión casi no se difundían imágenes de la guerra. ATC y la agencia oficial Télam fueron los únicos medios que estaban  autorizados  a estar en las islas, pero sus crónicas eran alteradas y en su mayoría no se transmitían las imágenes que enviaban.

Los  periodistas argentinos llegaron a las islas antes del primer bombardeo inglés, registrado el  1 de mayo. Hasta entonces, los corresponsales pudieron manejarse con relativa facilidad. Pero luego todo cambió: les estaba prohibido referirse a las bajas argentinas, y se les exigía no dar cifras ni datos exactos sobre ninguna de las operaciones.

Los materiales gráficos enviado desde las islas de Télam y ATC eran custodiados por efectivos del Batallón 601 de Inteligencia de Ejército, quienes grababan todo y remitían la información al Estado Mayor Conjunto, el centro de la cobertura.

La cobertura de la guerra demostró que los grandes medios transmitieron una versión alejada de la realidad del campo de batalla. Un ejercicio que, recuperada la democracia, continuaron ejerciendo hasta la actualidad.

Fuente: VíaPaís

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