BALANCE DE AL ÚLTIMA CUMBRE EUROPEA

Europa paralizada

Malos tiempos y mal rumbo para la unidad europea en una situación de evidente deterioro político

Macron prefiere ser identificado por su defensa de la UE y la eurozona frente a los partidarios de volver a los viejos nacionalismos identitarios

Para describir lo sucedido en la última cumbre europea bastaría, por ejemplo, con decir que los líderes europeos reunidos en Bruselas los pasados días 28 y 29 de junio no han sido capaces de alcanzar ningún tipo de acuerdo ni tienen nada que ofrecer, ninguna solución o, al menos, promesa de solución, para mejorar el funcionamiento de la eurozona. Tampoco, en la tarea de gestionar con cierta humanidad, no ya con los criterios de solidaridad y compasión que deberían exigirse, el rescate en aguas internacionales de seres humanos aterrorizados que buscan refugio, asilo o una ayuda mínima que les permita sobrevivir en territorio europeo.

Europa está completamente paralizada. Vive paralizada, plenamente consciente de su inacción y de las múltiples crisis que sufre, que las políticas de austeridad y devaluación salarial impuestas no han hecho más que agravar y extender al terreno político y electoral en beneficio de fuerzas xenófobas y antieuropeístas.  

En ninguna de las dos materias claves que estaban sobre la mesa de la cumbre, política migratoria y reforma de la eurozona, han aportado nada nuevo. Simplemente, no hay acuerdo.

En lo que se refiere a la reforma institucional de la eurozona no se ha dado ningún avance respecto a lo ya previsto o aprobado antes de la cumbre. Un fiasco que no le viene tan mal a los planes de Merkel, empeñada en retrasar cualquier medida que suponga o haga temer a sus electores (y a los de los países del centro de la eurozona) que sus impuestos puedan utilizarse para reestructurar bancos o deudas públicas de los que consideran indolentes países del sur de la eurozona. Por el contrario, a Macron le viene muy mal el fracaso, tanto de cara a sus socios europeos, entre los que destaca por su entusiasmo en la lucha por la reforma de la Unión Europea (UE), como de cara a sus electores, entre los que quiere reafirmar su posición de principal defensor de la unidad europea y, de paso, intentar relegar a un segundo plano sus políticas en defensa de los intereses empresariales. Macron prefiere ser identificado por su defensa de la UE y la eurozona frente a los partidarios de volver a los viejos nacionalismos identitarios.

Todo el debate y los acuerdos de la cumbre sobre las reformas institucionales se pueden resumir en los dos breves puntos finales de la sucinta Declaración de la Cumbre del Euro de 29 de junio:

“3. El Eurogrupo seguirá debatiendo todos los temas mencionados en la carta del presidente del Eurogrupo. 4. La Cumbre del Euro retomará estos asuntos en diciembre de 2018.”

Un nuevo aplazamiento de las imprescindibles reformas institucionales acompañado de una patada adelante, hasta la próxima cumbre, y más tiempo perdido en la imprescindible tarea de completar y fortalecer la eurozona para que pueda afrontar la próxima crisis. Mientras tanto, se mantendrán las presiones para reducir los bienes públicos y los costes laborales en los países del sur de la eurozona. Y tales recortes seguirán promoviendo un crecimiento no inclusivo que será capturado en su mayor parte por las rentas de capital. En lugar de promover las mejoras salariales y el empleo, el crecimiento económico que se está produciendo se sustenta en el deterioro de las condiciones de vida y trabajo de sectores sociales significativos e impulsa la prolongación de las políticas de austeridad y devaluación salarial.

En materia de política migratoria, el Consejo Europeo se reafirma en las medidas puestas en marcha en 2015 para lograr el control efectivo de las fronteras exteriores de la UE

En materia de política migratoria, el Consejo Europeo se reafirma en las medidas puestas en marcha en 2015 para “lograr el control efectivo de las fronteras exteriores de la UE” y resalta su buen funcionamiento: “el número de cruces ilegales de fronteras detectados hacia la UE se ha reducido en un 95 % en comparación con las cifras máximas que se alcanzaron en octubre de 2015”. Nada sobre el ascenso de la xenofobia y la criminalización de los inmigrantes en la mayoría de los países europeos. Nada para intentar entender y explicar las razones (y comenzar a actuar sobre las causas en lugar de contra los inmigrantes) por las que miles de personas ponen en riesgo sus vidas y las de sus hijos para alcanzar las costas europeas en busca de ayuda. Nada sobre las fuerzas políticas y los gobiernos europeos de extrema derecha que hacen de la inmigración irregular combustible para su demagogia y una herramienta de chantaje para reforzar su posición política, erosionar la unidad europea y reafirmar nacionalismos insensibles e inconscientes del destino al que conducen sus intentos de socavar los principios de cohesión y solidaridad que acompañan a la conciencia de la dignidad de todos los seres humanos en la que se sustentó, durante sus mejores años, la construcción de la unidad europea.

Un nada de nada que se traduce en la decisión voluntaria de los Estados miembros que deseen crear en su territorio centros de control encargados de distinguir con rapidez la migración irregular, la mayoría, para la que se reserva una “tramitación rápida y segura” de expulsión, de “las personas necesitadas de protección internacional, a las que se aplicará el principio de solidaridad”. Un nada de nada que se sustancia en el lenguaje de madera de comunicados oficiales que no esconden su impotencia y repiten mantras insustanciales y promesas mil veces incumplidas de “elevar el alcance y la calidad de la cooperación con África” o intensificar los “intercambios y contactos entre los pueblos de ambos continentes a todos los niveles de la sociedad civil”.  Y un bla, bla, bla compatible con la creación de “plataformas regionales de desembarque” fuera del territorio de la UE para la clasificación y control de inmigrantes, que podrían convertirse en campos de concentración subcontratados a Gobiernos que no se distinguen precisamente por la firmeza en sus convicciones democráticas o por su respeto de los derechos humanos.  

Lo más llamativo no es la radical ausencia de una política y unos principios migratorios comunes, sino el esfuerzo conjunto de Macron y Merkel por dar una apariencia de solución europea a un frágil e incompleto compromiso. Las inanes conclusiones de la cumbre servirán para endurecer las tareas de contener la migración ilegal “en todas las rutas existentes y que puedan abrirse”. Las Conclusiones de la cumbre no conforman ningún tipo de solución ni suponen un acuerdo europeo, su principal objetivo ha sido ayudar a Merkel a contentar a su aliado social-cristiano, el conservador CSU bávaro, crecientemente contaminado por las exigencias de la extrema derecha xenófoba.

sanchez merkel

La UE no tiene ningún empacho en dejar en manos exclusivas de los guardacostas libios, financiados y entrenados por Europa, la tarea de recoger náufragos en aguas internacionales

Y así, con los objetivos de salvar a Merkel y de que todos los líderes europeos pudieran salvar la cara frente a sus electores, han tenido que ser Sánchez y Tsipras, los presidentes de los Gobiernos de España y Grecia, los primeros que se hayan prestado a declarar que recibirán a las personas solicitantes de asilo localizadas en Alemania que entraron a Europa por España o Grecia. ¡Cómo estarán Europa y las izquierdas europeas para que hayan sido la socialdemocracia alemana, con su silencio, y dos de los pocos Gobiernos progresistas que quedan en Europa, los de España y Grecia, los que hayan tenido que salvar la cumbre, con un simulacro de política migratoria común que da oxígeno a Merkel, que se jugaba su futuro político, y aleja a la UE del borde de la implosión en la que se había situado!   

Sánchez recibe por ese apoyo su particular recompensa pública en forma de un párrafo de las Conclusiones del Consejo Europeo: “En vista del reciente aumento de los flujos en el Mediterráneo occidental, la UE apoyará, con medios financieros y de otra índole, todas las iniciativas que emprendan los Estados miembros, especialmente España, y los países de origen y tránsito, en particular Marruecos, para impedir la migración ilegal.”

Tsipras, en cambio, no recibe en las Conclusiones ninguna mención por su amigable gesto con Merkel. Pero quizás la lectura del último párrafo de la Declaración de la Cumbre del Euro de 29 de junio pueda entenderse en clave de contraprestación: “La Cumbre del Euro acoge favorablemente la Declaración del Eurogrupo de 21 de junio de 2018 sobre el desembolso final de la financiación del MEDE a Grecia y sobre las medidas de alivio de la deuda a medio plazo, con los que finaliza con éxito la asistencia financiera a dicho país.”.

Nada habría que objetar a Tsipras o Sánchez por ese gesto de apoyo a Merkel, en lo que es un cálculo discutible pero políticamente aceptable, si no fuera porque las conclusiones de la cumbre suponen un tratamiento más duro de la inmigración irregular, la posible subcontratación de Gobiernos de dudosa calidad democrática para realizar el trabajo sucio de retención de inmigrantes y nuevos obstáculos a la labor de las ONG’s para que no puedan ser testigos directos de la desidia de la UE ni llevar a cabo su solidario quehacer de salvar personas en riesgo de naufragio y muerte.  

Porque entre las conclusiones aprobadas en la cumbre hay un lamentable e inaceptable aviso a navegantes, en este caso a los navegantes de los pocos barcos de ONG’s (como el Aquarius o el Open Arms) que han continuado su conmovedora tarea de salvar vidas humanas, sin más apoyos que los que les presta la ciudadanía solidaria europea, y a los que el Consejo Europeo (no solo el xenófobo Gobierno italiano, como en las última semanas) intenta impedir su labor humanitaria: “Todos los buques que operan en el Mediterráneo deben respetar la legislación aplicable y no obstaculizar las operaciones de la guardia costera de Libia".

cayuco

Así es como la UE no tiene ningún empacho en dejar en manos exclusivas de los guardacostas libios, financiados y entrenados por Europa, la tarea de recoger náufragos en aguas internacionales (o no recogerlos, en función de sus posibilidades y de un macabro juego en el que la tragedia de las personas migrantes será utilizada, como hasta ahora, como instrumento de presión para aumentar la financiación que reciben de la UE) y devolverlos a suelo libio para que sigan sufriendo violaciones, torturas y abusos que les lleven a plantearse de nuevo el dilema de seguir soportando condiciones inhumanas en Libia o arriesgarse a morir en el Mediterráneo. Toda una rueda de inhumanidad construida y financiada por unos temerosos líderes europeos que cuentan con el desistimiento, al que algunos pueden llamar pragmatismo, de fuerzas progresistas que pierden sus señas de identidad a medida que se alejan de la defensa de los derechos humanos y permiten su vulneración. 

La política migratoria de la UE queda así confinada a un estrecho territorio, el de una disputa con la extrema derecha antieuropeísta en el que una de las partes, el actual bloque de poder encabezado por Merkel que marca el incierto y peligroso rumbo del proyecto de unidad europea, acepta algunos de los criterios de los xenófobos y buena parte de la dureza que exigen las fuerzas políticas de la extrema derecha en el tratamiento de las personas inmigrantes. Malos tiempos y mal rumbo para la unidad europea en una situación de evidente deterioro político.

Pinche aquí para leer las Conclusiones del Consejo Europeo, de donde se han extraído los entrecomillados anteriores