miércoles 16.10.2019

El sindicalismo en el "punto de mira" del PP

Por Manel García Biel | Desde el inicio de la presente legislatura el Gobierno del PP está llevando a cabo un ataque sistemático contra el sindicalismo confederal.

Desde el inicio de la presente legislatura el Gobierno del PP está llevando a cabo un ataque sistemático contra el sindicalismo confederal.

El ataque no es gratuito. Sin duda el PP recuerda como en el tiempo más álgido de poder del Gobierno Aznar y su mayoría parlamentaria, los sindicatos lo derrotaron con la Huelga General contra "El Decretazo". Esta derrota significó el inicio de la caida de Aznar y el PP, que continuó con los movimientos contra la guerra de Irak y con los hechos del 11M.

El PP no ha olvidado aquella situación y el papel de oposición real de los sindicatos, cuando prácticamente la oposición política estaba desaparecida, y está dejando claro que aprendió la lección.

El PP está empeñado en limitar al mínimo la influencia y la capacidad del sindicalismo de clase, en la línea que marcó Margaret Tatcher. Se trata de debilitar las principales organizaciones estructuradas de la izquierda social.

El primer objetivo del Gobierno del PP ha sido finiquitar el sistema de "concertación social" que se ha construido a lo largo de los años de democracia y que ha sido señalado como una de las principales conquistas positivas de la España democrática. Durante muchos años la negociación y los acuerdos entre sindicatos, empresarios y gobierno permitió establecer una estructura consensuada respecto a las normas laborales y sociales, desde la negociación colectiva a las reformas de los sistemas de previsión social.

Ahora el Gobierno del PP ha dinamitado este sistema que tan buenos resultados ha dado en las relaciones laborales. La Reforma Laboral del PP, con el apoyo de CiU, ha significado un ataque a la línea de flotación del movimiento sindical. La liquidación del sistema de negociación colectiva existente durante todos estos años, la potenciación de la unilateralidad del empresario en las relaciones laborales, ha significado un ataque en toda regla a lo que es el principal fundamento y la razón de ser del sindicalismo. La negociación colectiva, en su sentido amplio de negociación de las condiciones laborales, económicas y sociales de los trabajadores, es sin ningún género de duda la razón clave de la existencia del movimiento sindical.

El segundo objetivo del Gobierno del PP ha sido el ataque material y mediático a las bases de los instrumentos del sindicalismo, los sindicalistas y especialmente los liberados sindicales. Se ha provocado una reducción drástica de los liberados sindicales en los organismos públicos, pasando por alto los acuerdos anteriormente firmados, a la vez se han reducido de forma sustancial las subvenciones institucionales y las subvenciones finalistas, para realizar actuaciones sociales como son información a parados, inmigrantes, etc. Se ha tratado de reducir el capital económico y humano de los sindicatos con el fin de debilitar su relación con la sociedad, todo ello acompañado de una amplia campaña mediática desde los medios públicos y privados de la derecha.

No hay duda de que el Gobierno del PP ha aprovechado la mejor coyuntura para sus intereses, como ha sido la crisis económica. Los momentos de crisis económica son los peores momentos para la lucha sindical. Y más en el caso de una crisis de la envergadura de ésta donde el paro masivo desmoviliza a los trabajadores  por miedo a las consecuencias de la pérdida de sus puestos de trabajo. Asimismo el paro masivo también tiene repercusiones en el sindicalismo organizado ya que se da una baja con respecto a la afiliación y por tanto los recursos ingresados ​​por los sindicatos en concepto de cuota.

Por último el Gobierno del PP de forma directa a través de la Ley de Seguridad Ciudadana, e indirecta a través de las actuaciones de la fiscalía y determinados jueces está llevando a cabo una campaña de criminalización contra la base sindical y los trabajadores mediante los procesos con petición de penas desproporcionadas contra trabajadores / as que han participado en piquetes sindicales en procesos de huelgas.

Nunca como hasta ahora, y la ley siempre ha sido la misma, se había visto una situación parecida donde hay más de 260 personas trabajadoras procesadas por participación en "piquetes de huelga" y para las que el Ministerio Fiscal pide 125 años de cárcel.

Esta ofensiva antisindical es una más de las actuaciones de restricción de derechos democráticos llevada a cabo por el PP en la actual legislatura y que corresponde a un momento de fuerte involución antidemocrática por parte de la derecha política y económica aprovechándose de la crisis. Ofensiva que si no ha ido a más es debido a que la función sindical está recogida en la Constitución.

Para conseguir sus objetivos de recorte de derechos sociales el PP precisa eliminar o reducir la fuerza de aquellos que se le oponen. Y los sindicatos figuran en primer término. En tanto que fuerza social organizada, el sindicalismo ha estado en primera línea en la lucha por oponerse a los objetivos del Gobierno. Luchando y planteando alternativas a las actuaciones del gobierno. No hay duda de que no se pueden explicar las múltiples movilizaciones sociales sin tener en cuenta el papel de los sindicatos, del sindicalismo y de los sindicalistas. Detrás de las diversas "mareas", detrás de los diversos movimientos como la ILP de la PAH, siempre ha estado presente el sindicalismo confederal. Y el Gobierno lo sabe y no perdona.

Estamos en un momento difícil para el sindicalismo, pero los momentos difíciles también posibilitan el salir reforzados. El momento puede servir para depurarse de aspectos relacionados con el burocratismo, especialmente en el caso de sectores de algún sindicato demasiado vinculado a algún partido en el poder en alguna comunidad. No hay duda de que la falta de recursos obligará a ser mucho más cuidadosos en cuanto a la utilización de los mismos. El retorno a los orígenes, la profundización en la autonomía sindical y aspectos como el límite de mandatos, hacia donde está moviéndose por ejemplo CCOO, no hay duda de que puede ser su garantía de futuro.

Los sindicatos deben ser la una pieza clave para que cuando llegue una posible recuperación ésta permita un mejor reparto de sus beneficios, que permita que no salgamos de la crisis con muchas más diferencias sociales y mucha más falta de cohesión social que a la entrada.

No hay duda de que el sindicalismo confederal sigue siendo el principal instrumento, imprescindible, para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, que quieran o no continúa existiendo. Y es una función de los sectores progresistas de la sociedad y de los partidos que se reivindican de la izquierda no olvidarlo y defender a fondo la función de un sindicalismo que por su parte no puede olvidar seguir el camino de la renovación.

El sindicalismo en el "punto de mira" del PP