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miércoles. 08.02.2023

Voy a trabajar en el Metro de Madrid a primera hora pero ya con un calor de mucho cuidado -porque la última invención del Gobierno regional ha sido la de no poner el aire acondicionado y prometernos que entrará aire fresco por unas troneras abiertas a la calle, aunque no sé de dónde, porque la ciudad está casi a 40 grados- y, de repente, me topo en el periódico con que al bueno de Rubalcaba alguien le acusa de “lanzar un salvavidas a Rajoy” y hacer de “sherpa ideológico del PP” a cuentas del pacto alcanzado entre casi todos los partidos parlamentarios con ocasión del último Consejo Europeo. Aunque me da un golpe de calor adicional, consigo ver quién es el autor de tales afirmaciones: Joan Coscubiela.

Me solidarizo con Rubalcaba, la verdad, porque me pongo en su lugar: haciendo oposición en todos los terrenos para evitar que la derecha desmantele cuantos avances pusieron en marcha los gobiernos socialistas a los que él perteneció –en el estado del bienestar (educación, sanidad, dependencia), en los derechos (aborto, igualdad) y en la política exterior (cooperación al desarrollo), por citar solo tres ámbitos- y, de repente, señalado por Coscubiela como el cerebro pensante del PP. Y todo ello, ante la mirada cínica del banco azul, regocijado porque la responsabilidad del PSOE por tratar de variar el rumbo de la política económica europea en conjunción con los socialistas franceses, italianos, alemanes, belgas, irlandeses, portugueses reciba una tarascada precisamente desde el lado progresista.

Me dicen, aunque yo no he visto las imágenes, que algunos compañeros de escaño de Coscubiela torcieron el gesto cuando escucharon su invectiva: se había pasado mucho. Quizás estaban pensando en el éxito que supone el Gobierno PSOE-IU en Andalucía y consideraban que, hoy por hoy, lo más relevante es hacer frente común ante la ofensiva de la derecha antes que darle patadas a los amigos de grada, o sea, los socialistas.

No seré yo quien diga que el último Consejo Europeo ha cambiado la política de austeridad, pero tampoco el que niegue que algunas decisiones positivas ha adoptado. Lo que sí me atrevo a afirmar es que el Pacto sobre Europa suscrito por todos menos por la Izquierda Plural sirve como ayuda al esfuerzo que otros muchos están haciendo en la UE por conseguir superar o, al menos, complementar la política de austeridad. Ahí están Hollande, Letta, Di Ruppo o Gilmore como gobernantes socialistas empeñados en conseguirlo y a los que les viene bien que casi todas las fuerzas políticas españolas digan que hay que hacer ya cosas urgentes en Europa si no queremos caer por el abismo, empezando por una política de crecimiento y empleo. No le veo lo negativo, la verdad, sino todo lo contrario.

Demonizar a quien no piensa como tú y descalificarle como traidor (o, en otras palabras, de ser el “sherpa ideológico del PP”) no solo es equivocado, sino injusto y, sobre todo, demagógico. Es como si Rubalcaba le soltara a Coscubiela que como su partido ha pactado con el de Mas la hoja de ruta hacia un referéndum para la independencia de Cataluña (otro día opinaré sobre la compatibilidad entre izquierda y nacionalismo), se ha convertido en el “gurú de CiU”. Estaría diciendo una estupidez. Por eso no lo hace.

Así que, cuando la leí horas más tarde, me pareció correcta la réplica de Rubalcaba a Coscubiela, porque hay cosas que no se pueden dejar pasar sin más y deben ser respondidas educadamente con argumentos. Eso sí, lo que más me gustó de Rubalcaba fue algo que dijo fuera de micrófono cuando comenzó a escuchar el juicio inapelable del otro parlamentario: “¿Qué dices, hombre?”. La honestidad de la reacción pone a cada uno en su sitio, que ya se sabe que la primera impresión es la que cuenta.

En realidad, es que como si otro viajero del Metro me hubiera considerado a mí el responsable de que no hubiera aire acondicionado. ¿Se imaginan? Hasta el hecho de tener que negarlo hubiera sido embarazoso, pero necesario.

Rubalcaba y Coscubiela, vistos desde el metro