#TEMP
lunes. 08.08.2022

Seis reflexiones inservibles sobre la izquierda

Por Manuel Alcaraz | Necesitamos una monja famosa que salga por la radio y la tele para que nos asamblearice de una puta vez y la izquierda gane.

sorpaso480
Foto: Prudencio Morales

1.- He leído unas declaraciones del dirigente de Podemos en que afirma que en España hay una “pulsión de cambio” similar a la que se percibía en 1982, justo antes de la victoria de Felipe González: quizá por eso su Alfonso Guerra particular se enzarzó en una polémica esperpéntica con el Alfonso Guerra de toda la vida; Dios se lo perdone a todos los regeneracionistas. A lo que vamos: creo que el Gran Timonel de Podemos tiene razón en parte. Y más que tendría si culminara la argumentación recordando que en 1982 el PSOE obtuvo un 48% de votos (con una participación del 80%). El PSOE solo, insisto. Como ahora no se dan las circunstancias –digamos que el pulso de la pulsión es más débil y el PP sería el más votado- haría falta el acuerdo de todas las izquierdas españolas que, casualmente, según las últimas encuestas reuniría un 48% de votos. La única estrategia que le queda a Podemos para su proyecto de hacerse con el poder es el bienaventurado sorpasso destruyendo de paso a IU. Es decir: Podemos tendrá que contribuir decisivamente a la reconstrucción del bipartidismo, tan odiado, sólo que siendo ellos la fuerza hegemónica: el PSOE de este siglo con el apoyo del PSOE-Histórico. Están en su derecho, faltaría más, y muchos votantes pueden y deben votarle, al fin y al cabo hubo millones que en el 82 votaron al PSOE creyéndose lo del empleo y la OTAN. Y luego hubo que inventar IU. Último matiz: gobernar la pluralidad de la izquierda y, a la vez, gobernar un país devastado por la crisis tiene sus problemas específicos que requeriría de promesas y compromisos específicos. La conclusión de todo ello es que Podemos “es” una paradoja esencial: para alcanzar sus objetivos tiene que disolverse: no alcanzar poder corruptor, no decir verdades que puedan revelarse mentiras, no jugar al bipartidismo, no ser hegemónico en los movimientos unitarios. ¿Y Podemos en el País Valenciano?: la clave de su éxito es su inexistencia; así que, mientras puedan, no existirán. Decía Walter Benjamin: “Sumar a la revolución las fuerzas de la embriaguez: en torno a esto gira el surrealismo”. Y ahí estamos: esperando una revolución muy pendiente, borrachos de irrealidad.

2.- IU se ha sumido en el dolor de la injusticia con la que le está tratando el mundo y la Historia. Al parecer, de mayores quieren ser Podemos, pero como son mucho más mayores que Podemos, han acabado por hacer un lío a sus electores (im)potenciales. Su estrategia pactista consiste exactamente en llevar a la práctica el proyecto teórico de Podemos, pero como va a ser esencial el número de candidaturas municipales eso significa el suicidio. O/y ser la mascota de Podemos, el querido, humilde, listo, viejo topo que, agazapado en el “proceso constituyente” –signifique ello lo que signifique-, acabe por ser la vanguardia del proletariado que mueve los hilos según un dictamen histórico inescrutable. Como hay poco proletariado será de “la multitud”, “la gente” o cualquier otra definición cargada de densidad filosófica. Y para empezar ya van lanzando reuniones para organizar futuras asambleas, no vaya a ser cosa que no sean suficientemente espontáneas: la espontaneidad de las masas es lo que de verdad aterroriza a la clase dominante, todo el mundo lo sabe.

3.- Compromís, coalición en la que milito, según creo se va a pronunciar próximamente sobre estas cosas. Nadie sabe cómo, cuándo ni en qué sentido. Rómulo y Remo avisan que hay que estar preparados. Yo estoy preparado, mucho. Y el pueblo valenciano espera fervientemente a Compromís, mucho, vibra cada noche pensando en el Reglamento de sus Primarias y está convencido de que alguna vez hará una propuesta positiva sobre alguna cuestión de interés. Eso sí: sigue soñando con un sorpasso para el que ya no sabe con qué aliados puede contar. ¡Qué lejos la primavera valenciana! (No parece que sea cierto que se vaya a editar una camiseta que proclame: “¡No te vayas, Cotino!”).

4.- Y luego está el PSOE, al parecer. Su posición, incómoda, como lo viene siendo, podríamos definirla como firme en los principios, movediza en los finales, flexible en las ideas, activa en la inacción, meliflua en las redes, enredada en los objetivos, solitaria en su navegar, deprimida en su conciencia de soledad. Suele hablar consigo mismo, pero uno de los dos acostumbra a hacer ostentación de sordera. A mi modo de ver está a punto de dar-se el sorpasso, aunque es improbable que lo notara. Pronto empezarán a rifarse cargos y quimeras. Nadie sabe cuál es su política de no-alianzas y todo el mundo sabe que sin alianzas estará más perdido que el PSOE en los últimos 20 años. Y se enfada, con cierto encono, cuando mira las encuestas y sabe que están equivocadas, que ellos solos pueden, que, siendo como son una izquierda unida, podemos adquirir el compromiso de barrer a la derecha, y tú más, malos.

5.- Necesitamos una monja famosa que salga por la radio y la tele para que nos asamblearice de una puta vez y la izquierda gane. Una sorpasso es lo que queremos. Más que un milagro. Si no esto va a ser el pacto de los montes.

6.- Los acuerdos no son para ganar, sino para gobernar. Es la diferencia entre masturbarse o hacer el amor: lo primero no está mal, pero con lo segundo conoces gente. Claro, que otra cosa es permanecer puros, no contaminados por ideas propias ni ajenas. O sea: limpios de polvo y paja.

Seis reflexiones inservibles sobre la izquierda