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miércoles. 05.10.2022

Han sido portada de casi todos los periódicos. Ángela Merkel y Rajoy cogidos de la mano en Europa con la sonrisa falseada, y con la presunción de quienes saben que tienen poder sobre nosotros. En el caso de Rajoy ese poder se lo han dado los españoles, masivamente, absolutamente y me temo que absolutistamente, también.

Y después del desasosiego que he sentido en estos días con las noticias que iba recibiendo: continuaba el juicio contra Baltasar Garzón; las víctimas desoladas. La educación para la ciudadanía al cubo de la basura, mientras Rajoy decía que había que saber informática y no ciudadanía. Nuestro flamante Ministro de Justicia, en memoria de su padre, que fue el redactor del recurso previo de inconstitucionalidad, que retrasó la aplicación de la Ley de interrupción del embarazo de 1.983 a 1.985, nos dice ahora que tras los 30 años transcurridos intentando que la hipocresía no obligara a las mujeres a tener que justificar una decisión tan íntima y personal como es la interrupción de un embarazo no deseado, volvamos a honrar la memoria de su padre.

¿De qué manera? Pues estableciendo de nuevo la Ley de supuestos, que dio lugar a que a varias mujeres nos detuvieran en la puerta del Congreso por pedir una Ley de plazos como era lo que en Europa garantizaba y garantiza esa interrupción, aunque ¡ojo! que todavía se están pensando si hay que ir mas atrás...

Por otro lado, he visto a los compañeros y compañeras del PSOE empeñados en unas primarias que me merecen todo el respeto, porque entiendo que es una prueba de democracia interna en la que no voy a intervenir, ya que no soy militante de ese Partido, pero como mujer de izquierdas ¡claro que me preocupa lo que pasa en las distintas fuerzas de la izquierda!

También me produce tristeza ver que de un hecho democrático, como son esas primarias, la sensación que se transmite es la de una lucha de poder, aunque ese poder sea dentro del partido y entre dos personas válidas en sí mismas, como son Carme Chacón y Rubalcaba, que han de convivir como socialistas en ese Partido.

Da más la impresión de que gane uno o gane la otra, el que perderá va a ser el propio partido, porque lejos de convivir, parece que machacarán a la otra parte, como creo que ha pasado con otras primarias y como ya se empieza a vislumbrar en Madrid, Andalucía y otras regiones.

Pasó ese fin de semana, y la vida continúa. La pregunta es ahora: ¿Qué pasará con la sociedad desarmada de valores, que ha votado mayoritariamente a la derecha, en una alternancia que se veía venir, pero que se traduce en un Gobierno que en tan poco tiempo ya trata de cambiar la sociedad e imponer un retroceso de ideas que disimulan con la necesidad de cumplir las exigencias de Europa? Exigencias que son más bien exigencias alemanas, selladas con ese agarrar las manos Ángela Merkel y Mariano Rajoy.

¿Y nuestras manos? ¿Recordáis cuando cantábamos: “Para hacer una muralla, juntemos todas las manos, juntemos todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos….?” Yo quiero poner mis manos, agarrar a las otras manos, para hacer una muralla que nos dé fuerza y moral en una sociedad desarmada. ¿No lo sentisteis el domingo pasado en la manifestación de apoyo a Garzón? No pude estar porque he pasado más de dos meses en el Hospital, pero la vi, os vi, y me contaron con emoción las sensaciones que tuvieron las gentes que me vinieron a ver.

Allí no estaban los jóvenes. Esos jóvenes indignados, a los que aplaudo en muchas de sus quejas y de sus indignaciones, pero que también me gustaría que tuvieran una visión solidaria y activa con las cosas que están pasando, que no son solo sus cosas, sino que suponen una visión solidaria y progresista de la sociedad; que es verdad que no creen en las conductas de los partidos tradicionales, pero que no pueden desentenderse de los retrocesos sociales y culturales que se están dando.

Quiero poner mis manos para dar la fuerza que juntos y juntas hemos tenido durante años para luchar por la libertad y la igualdad. No podemos dejar de rebelarnos ante la persecución a Garzón, no por ser Garzón, sino por ser una vergüenza democrática de nuestra justicia, que “aunque sea por unanimidad” ha cometido una tremenda injusticia, que ha concluido con lo que se pretendía desde un primer momento: la expulsión de Garzón de la carrera judicial, y además en un caso o por un caso que se identifica con la mayor trama de corrupción de la historia de la democracia, que no es la primera y me temo que, desgraciadamente, no será la ultima.

Pretenden además a través de su sentencia, decirnos que defienden la democracia y lo que llaman el “sagrado derecho a la defensa”, que de sagrado no tiene nada, excepto para esa Justicia reverencial que existía en la dictadura, pero que en democracia son derechos conquistados con la lucha de muchas personas, inclusive por algunos de estos “unánimes” Magistrados que quieren darnos lecciones con su sentencia.

Pero se han olvidado de una cosa esencial en un estado democrático y que lo refleja la Constitución: “La Justicia emana del pueblo y la “aplican los Tribunales en nombre del Rey”. No emana de vosotros, señores Magistrados del Tribunal Supremo, vosotros solo deberíais aplicarla, y si lo hacéis mal, es el pueblo el que os lo debe decir, por tanto esas amenazas del Consejo del Poder Judicial, de su presidente y de su portavoz, siempre tan suave de expresión y en esta ocasión “indignada” (no de las del 15M) por las cosas que se decían de los Magistrados que “unánimemente” habían dictado la sentencia que por muchos hombres y mujeres ha sido decididamente denunciada y repudiada. ¿Quién dice en una sociedad democrática que no pueden hacerlo?

Como abogada soy también especialmente crítica a causa de lo que se supone que es una protección al derecho de defensa, y veo como todo el mundo del “stablishment” en el Congreso, en la mayoría de los grupos, en las organizaciones de abogados, se muestran también indignados con las críticas a la sentencia, que se acata y respeta como reflejo de la democracia y del Estado de Derecho.

Lo siento. Creo que se confunden y pretenden confundir a la sociedad y al propio colectivo de abogados y abogadas que día a día estamos ejerciendo nuestra profesión (yo lo hecho durante 45 años, y ahora estoy jubilada, pero orgullosa de haberla ejercido y de haber sido una luchadora del derecho de defensa, que nunca he entendido como “derecho a la delincuencia”) que en muchas ocasiones hemos reclamado justicia en Juzgados y Tribunales y con gran desilusión hemos visto el trato que se nos da en esos mismos Tribunales y Juzgados (no en todos) y en las Organizaciones Colegiales. Unas instancias que tan diligentemente se pronuncian a favor de una forma minoritaria de entender la profesión, en la que se pone el esfuerzo de nuestro trabajo al servicio de corruptos incluso buscando artilugios legales para hacer más efectiva la corrupción de sus clientes.

Hay que destacar en el análisis de esta “unánime” decisión, que en esa sentencia no se estaba tratando del derecho de defensa, que en todo caso ya se había protegido de una u otra forma en las exigencias del auto dictado por el propio Juez (¡que ya quisiéramos que todas las resoluciones judiciales sobre escuchas fueran la mitad de razonadas que dicho auto!) y en todo caso esas escuchas al ser anuladas, justamente o no, han restablecido ese derecho.

Aquí se trata de condenar o no, a un Juez por prevaricación. Y además a un Juez al que se le han abierto por primera vez en la historia de la ¿Justicia? tres causas por prevaricación, no muy frecuentes en nuestro Derecho. A un Juez que ha puesto en evidencia en todo el mundo a la Justicia española. A esa Justicia que hoy pretende que admitamos sin rechistar su sentencia.

¿Pero ha sido Garzón el que ha puesto en evidencia a la Justicia o han sido los propios miembros de ese Tribunal y algunos muy en particular los que con sus decisiones han sorprendido no solo a las gentes de nuestro país, sino a las gentes de todo el mundo?

Desde el exterior nos han mirado sorprendidos de que a estas alturas de nuestra democracia, a un Juez que ha investigado en tantos países, con leyes de amnistía; leyes de punto final; leyes de obediencia debida…, pero sobre crímenes contra la humanidad conocidos por todos, no solo se le reproche, sino que además, una vez que se inhibe, sea perseguido por organizaciones como Falange española, o de extrema derecha.

La sorpresa continua viendo que con la oposición frontal del Ministerio Fiscal, se admita una querella, por uno de los Magistrados, que en este caso le ha Juzgado y condenado en esta sentencia, y por otros que han reafirmado su actuar con otras resoluciones, entendiendo que ha prevaricado el Juez, que intenta dar cumplimiento a su deber de atender por primera vez a las víctimas de esos crímenes, abandonadas en todos estos años. Eso sí es ponerse en evidencia en todo el mundo y desacreditar por su propio actuar a todo el sistema judicial de España, y eso sí es una vergüenza.

Garzón esta fuera de la Magistratura. Pero la sociedad le ampara y al menos, de forma expresa, una parte de ella reclama justicia y entiende injusta la decisión de los Tribunales.

Atónitos todavía por esta injusta condena, llega la reforma laboral que convierte un país con derechos, en un país de desechos laborales, con igual o mayor número de parados pero con la puerta abierta a muchos más. El empresario podrá hacer lo que quiera en su empresa y el que no acepte o proteste, ¡a la calle! con el despido más barato o gratuito de todos los tiempos.

Las manos de Merkel y Rajoy han puesto en llamas de desesperación, no solo a Grecia sino a muchos otros países; políticos impotentes, abandonan los Parlamentos y Parlamentos impotentes dejan sus Gobiernos en manos de personas no elegidas por los ciudadanos, pero impuestas por estas manos europeas entrelazadas y con la indefensión y desmoralización de aquellas otras manos que se unían en la esperanza.

Por eso yo pongo mis manos para unirlas a las que queremos hacer una muralla frente a lo que esta pasando. Frente al desanimo y la desmoralización; frente a los retrocesos sociales y culturales; frente al vacío de la democracia a través de un hecho democrático como es la mayoría absoluta; frente a los retrocesos de igualdad y el retraso de derechos sociales como la dependencia etc., etc... Aquí están mis manos para juntarlas y hacer una muralla contra el desánimo, aunque seamos minoría.

Juntemos todas las manos
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