domingo 15.09.2019
POR MANUEL LAGO

Geluco Guerreiro

Ha pasado una semana desde que Geluco Guerreiro nos dejó. Con las emociones algo más controladas ante la perdida de un amigo entrañable durante los casi 30 años que estuve a su lado...

Geluco Guerreiro

Ha pasado una semana desde que Geluco Guerreiro nos dejó. Con las emociones algo más controladas ante la perdida de un amigo entrañable durante los casi 30 años que estuve a su lado, ya empieza el tiempo de valorar la enorme aportación de Geluco a la vida política de este país, especialmente, a la (re)construcción de la izquierda en Galicia.

Geluco ha sido la figura más relevante de la izquierda política desde el comienzo de los años 70 hasta la actualidad. Lo fue por su contribución destacada en la reconstrucción del Partido Comunista de Galicia, en la lucha por la libertad y contra la dictadura, primero, y en la consolidación de la democracia después. Lo fue por su papel decisivo en la lucha por los derechos históricos Galicia, convirtiéndose en un diputado que con su enorme brillantez jugó un papel clave en la conquista del Estatuto de Autonomía.

Lo fue como principal dirigente de Esquerda Unida en un proceso, aún inacabado, para construir una fuerza política de la izquierda transformadora en Galicia. Y lo fue, en la última etapa de su vida, elaborando el discurso más sólido y los análisis más consistentes a través de sus brillantes reflexiones en diferentes medios de comunicación. Como militante antifranquista, como diputado, como dirigente, como pensador, Geluco Guerreiro ha ocupado un lugar central en la elaboración teórica y en la acción política de la izquierda en Galicia durante 45 años.

Geluco, como los grandes revolucionarios de la historia, estaba poseído por una idea: la de construir una sociedad más justa, más libre, más igualitaria, más democrática. Y para él ese modelo social tenía un nombre: el socialismo en libertad, el socialismo democrático, una sociedad sin clases. Y a esa idea entregó su vida. Con pasión, con lucidez, con abnegación y también con una resistencia y un optimismo a prueba de derrotas.

Como buen marxista Geluco sabía que sin acción política las ideas no pasan de ser buenas intenciones. En sus 45 años de compromiso político militó en diferentes siglas pero defendiendo siempre la misma idea: construir una organización de la izquierda transformadora que, pensada en y desde Galicia, participara en un proyecto federal. En esta larga travesía, que aún está inacabada, hay aparentes derrotas, muchas, pero sobre todo éxitos relevantes de fondo. El fundamental, demostrar que es posible superar el sectarismo y ser capaz de impulsar acuerdos de enorme trascendencia.

El de 1994 con la Esquerda Galega de Camilo Nogueira, otro dirigente para la historia de este país, fraguó el primer intento serio de convergencia entre una fuerza de izquierda estatal y otra nacionalista. Y en 1997, en pleno fraguismo/aznarismo, impulsó un acuerdo electoral con el partido socialista y los verdes que fue pionero en una fórmula de la unidad de la izquierda, aún no suficientemente valorada.

Nos deja también una herencia de honestidad, de generosidad, de desapego de lo material, de valores éticos que tanto contrasta con lo que sucede en estos días en que la política se ha convertido en un lodazal.

Con la pérdida de Geluco se va una parte de nuestra historia reciente. Se fue un hombre libre, capaz de pensar por si mismo, que no se rindió nunca, ni ante la cárcel ni ante la enfermedad y que, hasta el último día de su vida, siguió siendo él…, y fumando. Su marcha nos deja un poco más desamparados, un poco más solos y mucho más tristes, a su familia y a sus innumerables amigos, que lo queríamos y lo admirábamos a partes iguales. Hasta siempre Geluco.

Geluco Guerreiro