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miércoles. 10.08.2022

No recuerdo un congreso socialista tan difícil de clasificar. Sabemos lo que no fue. No fue de ruptura. No fue de continuidad. No fue de grandes cambios. No fue de pequeños cambios. Pero ha sido, en todo caso, un congreso decisivo y determinante. Un congreso en un contexto muy desfavorable para el PSOE, y con una contienda personal de dos candidatos difícilmente repetible. Precedido por fuertes debates internos en los “congresillos” provinciales previos que contaminaron claramente la elección de los delegados y delegadas.

Teniendo en cuenta todo esto, y que –aunque por poco– triunfó en la votación para Secretario General una persona solvente sin género de dudas, rodeado de una Ejecutiva con el apoyo de un 80% de los delegados, podemos considerar positivo el resultado final.

Además, el Congreso (en sus resoluciones, que han pasado desapercibidas ante el interés mediático de la batalla por la Secretaría General) da un claro giro progresista, al menos en tres ámbitos muy relevantes: la laicidad, la intangibilidad de los derechos y la apuesta por una reforma fiscal progresiva, en el marco de un compromiso europeísta firme y resuelto. Añádase a eso la decisión de aceptar primarias abiertas a simpatizantes para elegir al candidato a Presidente de Gobierno.

Todo ello le da al Congreso un crédito suficiente para iniciar lo más difícil: recuperar la sintonía con la sociedad española, y con el electorado progresista. Las dos cosas son imprescindibles

Hubiera firmado este final para la película del Congreso. Pero ha sido de infarto. Demasiada incertidumbre. Excesiva contienda previa al Congreso por causa de querellas locales, en especial en Andalucía y Comunidad Valenciana. Lección a obtener: hay que hacer los congresos regionales y provinciales antes del congreso estatal. No después. Porque la tentación de utilizar el congreso nacional para obtener la supremacía en comunidades autónomas y municipios dentro del partido es muy grande.

Ahora toca hacer oposición, y hacerla a partir de una Comisión Ejecutiva Federal y un Comité Federal que representan un partido y que no son meramente coordinadores de partidos regionales. Algo de esto hubo en las últimas legislaturas. Los españoles no lo ven bien cuando se trata de elegir un Gobierno del Estado. Esta es otra lección del Congreso.

El Congreso de la incertidumbre