lunes 29/11/21
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El abandono de la lucha armada de ETA p-m, anunciada el 30 de septiembre de 1982 ante los medios de comunicación a cara descubierta, y decidida por los dirigentes de la VII Asamblea no tuvo un acogimiento generalizado. Frente a los militantes que decidieron reinsertarse e integrarse en Euskadiko Ezkerra (EE), muchos otros no aceptaron la reinserción y decidieron seguir la lucha armada con el nombre de ETA-pm VIII (los conocidos como octavos); pero en 1983, al no poder hacer pervivir la organización, gran parte de ellos (conocidos como milikis, entre ellos Arnaldo Otegi) se integraron en ETA-militar que pasó a ser conocida simplemente como ETA. Otra parte siguió en activo hasta mediados de la década de 1980 sin apenas repercusión y en junio de 1986 reapareció para pedir el voto a Herri Batasuna. Cuando el entonces ministro del interior Rosón, supo el anuncio, pronto inició las conversaciones para el abandono de las armas, algo que resultó rápido y sencillo.

Conviene tener presente este precedente para analizar el comunicado del día 20 de octubre. Allí los terroristas aparecen encapuchados y en ningún momento hablan de disolución, de abandono de las armas o de pedir perdón a las víctimas. Y sin embargo, toda la clase política, sin excepción, lo celebra como un acontecimiento histórico. ¿Hay lugar a tanta euforia? En mi opinión creo que debemos ser prudentes puesto que el comunicado de ETA lo único que supone es el reconocimiento de su situación agónica. Pero esto es algo que ya sabía la policía y habían interiorizado desde hacía tiempo todas las fuerzas políticas. Si ETA dice que no vuelve a atentar es porque ha llegado a la conclusión de que su actividad armada es contraproducente para alcanzar sus objetivos políticos a los que no renuncia, como se pone de manifiesto en el comunicado: No renuncia en la medida en que mantiene su lenguaje totalitario. Habla de conflicto, cuando lo que existe en el País Vasco es un problema de libertad, habla de víctimas del Estado cuando lo único que ha habido es violencia terrorista indiscriminada. Pero el comunicado es la culminación de un proceso de teatralización que trata de legitimar ante el pueblo vasco, su fracaso irrenunciable. Lo vimos claro al principio de semana pasada: Los visitantes del extranjero que han asistido, durante unas horas, a un encuentro con la izquierda abertzale en San Sebastián no han tenido siquiera la cortesía de guardar las formas. Vinieron, preguntaron dónde había que firmar y se marcharon. Dicen que llegaban como mediadores, pero se han comportado como meros altavoces. No eran mediadores de nadie, ni para nada. Por aquí comienza el artificio. Que continúa, claro está, por la denominación del acto: una conferencia. Una conferencia es un acto donde se discute y se dialoga.

Así las cosas, la pantomima de ETA y sobre todo, su lenguaje totalitario, continúa intacto. Lo cual está revelando una cruel lucha por el lenguaje y el poder en el País Vasco. Esta estrategia anuncia el comienzo de una lucha por la hegemonía política en Euskadi en el interior del nacionalismo y entre nacionalistas y partidos de ámbito estatal.

Lo que está sucediendo no es un hecho nuevo en la Historia: los derrotados tratan de imponer, mediante el lenguaje, el control ideológico de la sociedad para alcanzar sus fines políticos. La historia nos da un precedente muy claro con lo sucedido en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. El nazismo había sido derrotado en la guerra por las democracias, y, sin embargo, sus ideólogos querían que el totalitarismo continuara arraigado en la sociedad alemana. Ese objetivo fracasó porque los demócratas lograron forjar un discurso político nuevo a través de una política de deslegitimación del totalitarismo a través de la desnazificación. Allí se adoptaron las siguientes medidas de control para evitar que Alemania volviera a convertirse en una amenaza para la paz mundial: desarmar al país e impedir su re-militarización, declarar ilegal la principal organización del nacionalsocialismo alemán (el partido nazi o Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo), se creó un tribunal internacional encargado de llevar a cabo una serie de juicios por crímenes de guerra y alentar los procesos entablados contra miles de antiguos miembros del partido nazi; descentralizar la economía y reorganizarla favoreciendo el desarrollo de la agricultura y limitando la producción industrial; y promover las prácticas democráticas en aspectos como la educación o el sistema judicial.

Esa es la política que debe imponerse a partir de ahora en el País Vasco. Se debe forjar un discurso democrático, igualitario, que reconozca la pluralidad, que forja la convivencia, el respeto, que garantice una educación en libertad y en valores, etc. Todo eso tiene que cambiar definitivamente en el País Vasco. En definitiva, se ha de forjar una cultura política que deslegitime todo el discurso totalitario de ETA, y la lógica sectaria del abertzalismo. Una tarea en la que tienen que implicarse sin demora, todas las fuerzas vivas de la sociedad vasca: (políticos, sindicatos, empresarios, profesores, periodistas, jueces, etc).

Se acabó el terror en el País Vasco. Es una expresión que manejan eufóricos los políticos, pero mientras existan personas que hacen suyas las palabras pueblo y hecho diferencial para catalogar, etiquetar, despreciar y marginar a los ciudadanos, que llamen conflicto a la barbarie de un grupo de matones o relacionen violencia y sentimientos patrióticos, o crean que el cese de asesinato y extorsión merece premio; mientras los vándalos sigan tratando de acaparar las fiestas y jaleando a los asesinos, mientras tu amigo bilbaíno te pida hablar en voz baja en un bar sobre política, no hay fin del terror, porque el terror también es la falta de libertad para poder llamar a las cosas por su nombre. El fin del terror llegará cuando los asesinos articulen un "perdón" que no distorsione el eco de los gritos de dolor. El nazismo en Alemania no acabó con el suicidio de Hitler ni con el juicio de Núremberg, sino cuando la sociedad alemana supo aborrecer y renegar del nazismo y sus instigadores. Ese es el camino que hay que construir ahora el País Vasco.

Desnazificar Euskadi
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