#TEMP
domingo. 14.08.2022

Creo que aún vive, lo que me mueve a ser muy respetuoso y a pedir disculpas por anticipado a todos cuantos pudieran sentirse heridos por una comparación, que se de antemano es ignominiosa, pero que no puedo remediar.

Me refiero a la evocación inmediata que me provoca la aparición de Arturo Fernández actual vicepresidente de la CEOE, con el mítico Mickey Rooney. Obviamente no son las dotes de actor de Arturo lo que moviliza mi evocación, tampoco su estatura, eso sería una falta de decoro y de respeto.

¿Qué es entonces aquello que me evoca la comparación?

Poseo un vago recuerdo de la mayoría de las magistrales interpretaciones de Rooney pero como siempre ocurre cuando el recuerdo se remonta a la niñez, las imágenes acuden mezcladas y sin ninguna nitidez, hasta que de repente una de entre todas ellas se revela nítida y completa, en este caso, aquella en la que Rooney interpretando al jefe de una banda de atracadores de bancos en una sórdida habitación de hotel del medio oeste americano, con chica incluida, pistola en mano la emprende a tiros con sus compañeros de fechorías porque están discutiendo si se entregan al verse rodeados por la policía. Justo en el momento en el que Rooney saca la pistola, es cuando se me viene a la cabeza Arturo Fernández.

A partir de ahí, la ficción se apodera de mi evocación y me da por pensar que el ascenso en la CEOE es semejante al que se producía en las bandas de gángsters de los felices 20 y, que tanto Rooney como Arturo, representan esos capos de medio pelo cuya gloria termina en cualquier cuartucho de motel de tercera, pero que son imprescindibles para que la maquinaria mafiosa pueda relacionarse con el poder de tú a tú e incluso representarlo.

¿Hubiera podido existir Capone sin Rooney o Vito Corleone sin Pantangeli?, cuando me hago esta pregunta pienso que sentiría por Arturo la misma ternura que siento por Rooney si fuera un personaje de ficción.

Y mientras estoy imbuido en estas fantasías, me ocurre como cuando al final de una noche de insomnio pones la radio bajita como último recurso para ver si consigues dormirte y efectivamente alguna vez lo consigues y sueñas profundamente y en el sueño aparecen unos personajes que no puedes identificar pero cuya voz reconoces y te esfuerzas por saber de quien es la voz y resulta que cuando te despiertas, tu personaje tenía la voz que en ese momento estaba sonando en la radio.

Inmediatamente comprendí porqué Mickey Rooney estaba intentando explicar el acuerdo sobre la reforma laboral.

Cuando la ficción se apodera de mi…
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