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lunes. 15.08.2022
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El asesinato de Isabel Carrasco no pasaría de engrosar las crónicas de sucesos si no fuera por dos cuestiones: la víctima era una dirigente del PP y sus agresoras militantes de este mismo partido. El crimen ha conmocionado a la sociedad y a la clase política, sacudiendo la campaña electoral que se ha visto suspendida casi dos días y aplazado el debate de Cañete y Valenciano a propuesta del PSOE. Los comentarios vertidos en las redes sociales contra la finada, jaleando poco menos el asesinato y hasta justificándolo ha provocado dos dimisiones en el PSOE de Galicia, la de la concejal Susana Camiño, quien escribió en facebook que “quien siembre vientos, recoge tempestades”, y la de la también concejala gallega Beatriz Martínez Sancho, por un tuit dedicado al presidente de la Diputación de Pontevedra en el que le dice: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Tiembla Louzán, que la gente anda muy desesperada y los sinvergüenzas que se enriquecen con dinero público terminan pagando. Parece esto Sinaloa… jaja”. La gravedad de estos hechos ha hecho que PSOE y PP cierren filas y que el ministro de Interior se disponga a ir a la busca y captura de los “indeseables” que pueblan las redes sociales y que hacen apología del delito. Ambos partidos también han rehuido hacer una lectura política del asesinato. Porque no debe haberla, al menos de forma directa. Si bien se han producido derivaciones políticas y sociales indirectas. Isabel Carrasco fue abatida a tiros en pleno centro de León. En los primeros momentos de incertidumbre y con ETA fuera de combate, se empezaron a barajar ciertas hipótesis, algunos apuntaron a sectores de la ‘extrema izquierda’, incluso a aquellos relacionados con los escraches; otros, incluso, pensaron en el Grapo por eso de que León ha sido una de las canteras del Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre. Pero no, la presunta asesina, María Montserrat González, de 58 años, no tiene nada que ver ni con la izquierda ni con los Grapo. Es militante del PP y ha confesado, la mató por “inquina personal”…, la mató por venganza…, la mató por su hija, Montserrat Triana Martínez, una joven de 34 años que llegó a engrosar la candidatura electoral del PP por Astorga por el número 7. Según la periodista Violeta R. Oria, del periódico astorgadigital.com, Triana, de profesión ingeniera, había recibido hace unos días la notificación para devolver la indemnización de su despido tras un largo litigio judicial con la Diputación de León donde había trabajado como interina, una cuantía que podría ascender a los 60.000 euros. Cuentan a este ‘mentidero’ que hubo cierta relación entre ambas familias, la de Carrasco y la de de las presuntas autoras del crimen. “La ingeniera estuvo enchufada de interina pero luego no aprobó la oposición y se quedó sin plaza. La propia Isabel había comentado que no se pueden hacer favores porque luego encima al que se lo haces se convierte en enemigo como parece el caso”. (¿Premonición?). Todo ello derivó en una escalada de insultos. La hija de la presunta asesina “despotricaba a voces contra la presidenta y le acusaba de que no le hubieran hecho fija en la Diputación”. Al parecer, cayó en una depresión y la madre culpó a Carrasco de la situación de su hija, hasta el punto de querer matarla. Un asesinato sin lectura política. Cierto. Pero también el hecho de que la muerte de Carrasco removerá el clima de tensión, enfrentamientos y odio legendario en el seno del PP de León, unos odios que también se han puesto de manifiesto entre empresarios de la región vinculados al Partido Popular como Méndez Pozo y Ulibarri, imputado en la Gürtel. Isabel Carrasco era querida por muchos pero también odiada por otros tantos y no solo de fuera, sino también de dentro de las filas de su propio partido donde durante años se codeó con las que han deseado su muerte y han acabado por llevarla a la práctica.

Crimen en campaña