lunes 20/9/21
OPINIóN | NACHO GOBERNA

Ansar Bottle y el colegio Fragarts de hechicería

@nachogoberna | La encapotada mañana en la que el pequeño Ansar Bottle llegó por primera vez al colegio Fragarts de magia y hechicería, que estaba situado en la cumbre de la colina Génoviel, nadie podía imaginar lo que eso iba a suponer para el histórico centro de enseñanzas poli-hechiceras que llevaba el nombre de su fundador. Nutrido desde hacía muchos lustros con multitud de aspirantes a líderes especializados en conjuros liberalis de toda índole, Fragarts celebró la llegada de Ansar como se merecía. Bottle, que ya desde su más tierna infancia se sentía diferente, iluminado y superior al resto, no era un aprendiz de mago cualquiera, nada más lejos. Era el elegido para liderar una misión trascendental, hacer frente al malvado “Lord Sector Públicor” y su pedigüeño séquito de mortífagos derechos sociales; o al menos eso era de lo que él y su encantada, que no encantadora, precoz soberbia estaban convencidos.

Los alumnos del colegio Fragarts permanecían organizados en cuatro casas o grupos en función de sus hechizados matices de partida: Los Mid-liberals, los Post-liberals, los Pre-liberals y los Neo-liberals. Fue precisamente a esta última, la casa de los Neo-liberals, a la que el fundacional sombrero mágico de Fragarts, ese que desde tiempos inmemoriales decidía a dedo la ubicación de los recién llegados, lo asignó sin dudar. A partir de ese momento todo se sucedió de forma vertiginosa. En poco tiempo el pequeño Ansar se convirtió en el alumno más popular de la escuela y junto a sus amigos de casa, Hermionanza Aguirre y Rony Rato entre otros, comenzó a hacer realidad sus sueños más privados. Las lechuzas, como nunca antes había ocurrido en la dilatada historia de Fragarts, volaban en nutridas bandadas portando generosos sobres mágicos a lo largo y ancho de la vetusta distribuidora de conocimientos hechizados y, paralelamente, en los alrededores de la misma, sus otrora jardines, prados y bosques dieron paso a una multitud de nuevas construcciones que permitieron dinamizar rápidamente los contenidos de los bolsillos de la exitosa casa de Bottle, los Neo-liberals, y ya puestos, dado que al fin y al cabo, salvo minucias, todas ellas eran usuarias de la misma marca de escobas mágicas, también las de las otras tres casas.

Habría mucho que contar sobre el después, pero como carezco de espacio y no quiero abusar de vuestra paciencia, daré un brinco en el tiempo y, en perfecta alineación con la doctrina de Fragarts, procederé a recortar.

Una década después, habiendo sido Bottle sustituido en su popularidad por otro miembro del colegio de magia y hechicería, en este caso de la casa de los Mid-liberals, el “plasmado” Marianus Severus, Ansar, que había permanecido todo ese tiempo escondido en el conjurado castillo de Faesworth, se decidió a recuperar su antigua preeminencia en Fragarts, y para conseguirlo optó por hacer uso de uno de sus hechizos más temidos en la colina Génoviel; el poderoso encantamiento “Habemus entrevista”. Durante poco más de media hora, con eso fue suficiente, Bottle consiguió que en todos los lienzos del edificio Fragarts, y no solo, también en los de los edificios circundantes, los motivos pictóricos se vieran mágicamente suplantados por una aseada figura animada de sí mismo que repetía sin cesar la siguiente letanía: “Soy el elegido. Soy Bottle y, como he decidido que me necesitan, aquí estoy. He vuelto. Sepan, miren ustedes, que haré lo que sea necesario tanto por Fragarts como por sus tierras colindantes”.

Ese día, ante la solemnidad de las palabras escuchadas y la imperativa gestualidad de un Ansar tan irritado como querido de sí mismo, todo Fragarts se estremeció desde los cimientos hasta la banderita azul que coronaba su cúpula. Cada una de sus sillas, sillones, lámparas, fotografías de Merkel, libros y librerías -incluido el ejemplar del “Catecismo Varela” que la diferida subdirectora repasaba en sus maitines-, y lo más importante; también todo aprendiz de mago del histórico colegio hechizado; incluido el mismísimo director Marianus Severus, conocieron de primera mano, y en riguroso directo, la verdad sobre la impredecible naturaleza de la auténtica magia liberalis. Se dieron cuenta que los expresidentes ectoplásmicos desatados, esos tan al uso en las casas, colegios y sedes mal encantadas, no siempre pueden ser controlados por los típicos hechizos de andar por gobiernos o parlamentos.

El elegido retornaba de las tinieblas. Bottle, Ansar Bottle, a imagen y semejanza de Bond, James Bond, en cada una de sus infinitas reencarnaciones cinematográficas, había vuelto. Pero a diferencia de lo que le ocurría al famoso agente secreto, compatriota del, este sí, gran mago Harry Potter, a nuestro pequeño aprendiz de hechicero nacional ya no le quedaba audiencia alguna por encantar. Y a sus compañeros de estudios conjurados, incluídas las cuatro casas y la vigente dirección del colegio Fragarts de magia y hechicería, apenas les separaban un puñado de pócimas mágicas por usar antes del abrupto final al que, a velocidad de escoba de gama alta, se encaminaba su fantasioso cuento desencantado.

Ansar Bottle y el colegio Fragarts de hechicería