viernes 25/9/20
PEDRO LUIS ANGOSTO

¡Rompemos la baraja: La sanidad pública es intocable!

Es igual que sean nacionalistas franquistas como los que han ganado las últimas elecciones, igual que sean tecnócratas de última hornada, ejecutivos agresivos, demócratas de Cortefiel, nacionalistas catalanes o vascos, independentistas canarios, socialdemócratas vergonzantes, comunistas arrepentidos, enemigos de la tauromaquia o encarnizados forofos de la misma, partidarios del furbó tiquitaca o del catenaccio, indiferente si gustan del all-i-pebre o de la corvina a la roteña, si prefieren el mar o la montaña o si les apetece más por delante que por detrás: La Sanidad Pública es intocable.

España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, probablemente el mejor, por mucho que nos quejemos y por mucho que sea susceptible de mejoras, pero es un sistema que corre el riesgo de desaparecer ante la voracidad de los mercaderes que ven en la salud un negocio seguro porque conforme envejezca la población habrá más enfermos y es el Estado, o sea todos nosotros, quien pone los dineros, vamos que no hay riesgo ninguno, sólo beneficios crecientes a costa de unas prestaciones decrecientes derivadas del aumento de “clientes” y de la disminución de costes de personal, de farmacia y de otras partidas: Para ellos, lo importante no es la salud, sino el lucro. Desde que el Partido Popular se hizo con la Comunidad valenciana, los intentos de privatización de la sanidad han ido en aumento aunque nunca han sido globales ni frontales, sino progresivos y poco aireados. Las cosas han cambiado y ahora nos encontramos con que casi todas las Comunidades Autónomas cuentan con Ejecutivos derechistas y muy probablemente también sea de esa calaña el próximo gobierno del Estado si dios no lo remedia, y me parece que dios no lo va a remediar porque, al igual que quienes nos mandan, estudió en la Escuela de Viena, cursó máster en la de Chicago y es profesor emérito del Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas (ICADE).

Tal como escribieron en la revista El Médico los doctores Miguel Morera y Vicente Bogarra, en abril de 2003 tuvo lugar en el Área de Salud nº 10 de la Comunidad Valenciana (comarca de Alcira) un importante hecho: La gestión de la Atención Primaria pasó a manos privadas, como ya había ocurrido 4 años antes con la Atención Especializada, al inaugurarse el nuevo hospital. Así, la iniciativa privada asumió, tanto cualitativa como cuantitativamente, un protagonismo sin precedentes en la sanidad española: Toda un área de salud con su hospital, más de 250.000 personas atendidas y una concesión administrativa a 15 años a una Unión Temporal de Empresas (UTE) con ánimo de lucro formada por las siguientes mercantiles: Adeslas, con un 51% de la contrata, Caja de Ahorros del Mediterráneo y Bancaja, con un 45%, Dragados y Construcciones, con un 2% y Lubasa, con otro 2%. Se iniciaba un proceso que después se extendería a los hospitales de Benidorm, Torrevieja, Elche y Denia dentro de la Comunidad valenciana, que imitaría la de Madrid con los nuevos hospitales (o grandes ambulatorios) construidos durante los últimos años de Esperanza Aguirre y que puede alcanzar su cénit en Cataluña tras el regreso al poder de la derecha cerril nacionalista, que a través de su Ley Onmibus plantea cosas tan escandalosas como alquilar los quirófanos públicos a empresas privadas, la privatización de todo el servicio de radiología, el cierre de plantas enteras de hospitales, el despido de cientos de trabajadores públicos para ser sustituidos por otros con menos derechos y, sobre todo, una monstruosidad: Que aquel que tenga dinero y quiera pagar, pueda saltarse las listas de espera y ser atendido en el acto. Estamos, pues, ante un ataque sin precedentes a la Sanidad Pública, un ataque al que debemos contestar contundentemente sin parar en medios ni instrumentos, porque cuando el poder actúa para servir a intereses particulares en menoscabos de los públicos, es un poder prostituido y bastardo y de poco sirven los avales electorales que puedan esgrimir: El Consell de la Generalitat que preside Artur Mas, nombró como Consejero de Salud a Boi Ruiz i García, Presidente hasta 2010 de la Unión Catalana de Hospitales, asociación de empresarios de la sanidad, y representante de Foment del Treball Nacional, patronal catalana, en la Consellería de Salut. Boi Ruiz es un médico neocon al que gusta mucho la cosa empresarial y ahora cree llegado el momento de poner en práctica su proyecto privatizador pretextando la crisis, la deuda de la sanidad pública y de la Generalitat en general, y que la gestión privada es mucho más eficiente que la pública, afirmación que queda desmentida por los niveles asistenciales de nuestra sanidad pública, por nuestra esperanza de vida –una de las más altas del mundo- o por tener en todo el Estado el mejor sistema de trasplantes del planeta, hecho que debería hacernos sentir extremadamente orgullosos, no sólo por su magnífico funcionamiento sino porque denota una enorme generosidad en las personas que han perdido un ser querido. Empero, no sólo quieren privatizar de esta forma tan escandalosa la sanidad pública, desde instancias oficiales se está invitando a la población a que se haga un seguro privado dando a entender que esa es la única fórmula válida para tener una buena asistencia sanitaria en el futuro: Vamos, el modelo norteamericano, el rico va al médico y el que no lo es, se jode y se muere.

Es terrible, pero estos tipos siempre van a lo mismo, hay una crisis, ven una partida presupuestaria y se les hace la boca golosina. Se ciegan, entran en éxtasis y no paran hasta conseguir hacerse con ella. Hace unos años esto era impensable, pero ahora todo es posible: Teníamos –perdón por el símil- el fútbol gratis, ahora nos ofrecen que no paguemos por verlo durante los 6 primeros meses, después a tanto el partido televisado. Lo mismo quieren hacer con la Sanidad, se han atrevido, sin el menor sonrojo a decir que quieren la caja de la seguridad social, que ese negocio no se les escapa, que es suyo, que ahí, y no en la creación de patentes o industrias competitivas de verdad, está el negocio de las próximas décadas, un negocio fácil en el que los beneficios pueden ascender a billones de pesetas en detrimento del principal pilar del Estado del bienestar, es decir, de nuestra salud. Son –disculpen esos hermosos animales- como los buitres, las hienas, los chacales. No ven oposición, saben que la cárcel aquí está sólo para los de abajo, que nada les amenaza y han sacado pistolas y navajas para el gran festín.

A ninguno de ellos, empresarios y gobiernos diversos, se les ocurre plantear por qué no cobrar una parte de los medicamentos a quienes tienen pensiones o rentas superiores a los 1500 euros, a quienes tienen planes de pensiones privados; tampoco se les pasa por la cabeza -¿no?- que la intermediación supone un incremento de costes pues nadie gestiona ningún negocio por la cara, hay que maximizar beneficios a costa de lo que sea; ni imponer los precios a los laboratorios y negarse a seguir la dictadura por ellos impuesta a los sistemas públicos de salud, saltarse las patentes sobre medicamentos, mandar a hacer puñetas a la industria farmacéutica y a los médicos peseteros; poner un sueldo máximo en la Administración que en ningún caso pueda pasar de 5.000 euros al mes, que ya está bien y el que no esté contento que se vaya de una vez por todas; eliminar el Senado, institución pasiva que no tiene ni tendrá nunca el menor sentido; suprimir de un plumazo todas las televisiones públicas que tengan deudas, poner un canon del cincuenta por ciento de la publicidad de los programas basura de públicas y privadas; impedir bajo pena de presidio que ninguna administración, por la vía que fuere, destine un solo euro a los equipos de Fútbol; eliminar las ayudas a las confesiones religiosas y que cada creyente pague la suya de su bolsillo; acabar con las SICAV, suprimir las prebendas y privilegios de los políticos igualando su situación a la de cualquier trabajador sin menoscabo de lo que sea estrictamente necesario para el cumplimiento de sus obligaciones para con el pueblo, encarcelar a quienes tienen los cuartos en los paraísos fiscales, prohibir las prácticas especulativas, poner un impuesto especial a los sueldos y los beneficios de los banqueros, crear una banca pública justa, recuperar el impuesto de sucesiones y el del patrimonio. ¿Quién, de ese modo, hablaría de deuda? ¿Dónde faltarían recursos?

No, nene, eso no se toca, eso ya nos lo quitamos de encima, estamos en otra cosa, eso son antiguallas que no sirven para nada, piedras en el camino del libre mercado. Lo mismo haremos con el puto impuesto sobre la renta, ya tenéis el IVA, ese sí que es bueno, subidlo cuanto queráis que a nosotros nos la trae floja. No estás en lo que hay que estar, para crear riqueza es preciso que dejemos a las zorras que gobiernen y se queden con el corral, ya sabes, las gallinas no tienen fama de valientes ni se ayudan unas a otras. A ver si te enteras de una vez. Pues no, no me entero ni me quiero enterar. Es más, si me entero, si nos enteramos, habéis puesto el mundo patas arriba, habéis creado una tormenta cuya intensidad y prolongación desconocéis. No sólo queréis quedaros con el tesoro, luego pretendéis cortarnos la cabeza o hacernos que saltemos al mar lleno de tiburones. Vais listos, si tocáis la Sanidad Pública, si los proyectos del Sr. Artur Más, como antes los de Zaplana, Aguirre y Camps, salen adelante, habréis acabado con la paz, nadie estará seguro, las leyes dejarán de tener valor porque habréis violentado, a favor de unos pocos, la democracia para convertirla en una oligocracia. No os lo vamos a consentir, cueste lo que cueste. Puede que estemos aletargados, que muchos no quieran despertar, pero el estruendo que habéis armado es tan atronador que nadie volverá a dormir mientras no estéis todos sepultados. Vosotros sabéis quienes sois, nosotros también. Recordadlo, sois servidores del pueblo, no la casta de los brahmanes, nadie os obliga a estar en política y por tanto no podéis convertir la política en una pocilga: Contra el pueblo, nada es legítimo; por y para el pueblo todo lo es.

¡Rompemos la baraja: La sanidad pública es intocable!
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