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domingo. 05.02.2023

Dice Javier Reverte en un pasaje bellísimo de su libro de viajes Corazón de Ulises “… los griegos cabalgaron sobre los dioses no para derrotarlos sino para comprenderlos.”

No lo consiguieron porque los dioses son caprichosos, pero en una muestra de enorme inteligencia, cuando Eolo y Poseidón desataban sus iras sobre el mar, se inventaron a la diosa Fortuna para sortearlos, es decir, no se resignaron a la arbitrariedad del castigo que los inquilinos del Olimpo ponían en marcha para dirimir sus disputas.

No se conformaron con convivir con los dioses, quisieron al mismo tiempo conocerse como hombres y para conseguirlo se dieron la palabra y por primera vez en la historia de la humanidad quisieron conservarla y transmitirla, inventando la literatura e inaugurando la experiencia como motor del conocimiento, sin ese momento original hubiera sido impensable recorrer el largo camino civilizatorio que nos ha traído hasta aquí.

Es fácil comprender que Papandreu no es Pericles, pero su gesto de convocar un referéndum, todo indica que por motivos electorales, debería hacernos reflexionar sobre si 2.500 años después, si llegara a celebrarse, los griegos volverían a enseñarnos que hay que protegerse contra la arbitrariedad de los dioses y que la palabra es el instrumento eterno para hacerlo.

Lejos de este comportamiento, respetuoso y reflexivo, el anuncio de la consulta ha desatado toda suerte de ignominias hacia el pueblo griego en el conjunto del continente, especialmente en España donde gobierno, “analistas” políticos y económicos y medios de comunicación con sus implacables críticas parecen sentirse liberados al poder desplazar hacia el sur el testigo de la estigmatización, convirtiendo a los griegos en una pléyade de vagos y licenciosos, apuntándolos como máximos responsables de la posible catástrofe.

Pero la realidad sigue siendo tozuda y la convocatoria del referéndum en Grecia evidencia una vez mas que la crisis no es económica sino política, basta comprobar como en pocas horas ha cundido el pánico entre los mandatarios europeos, que han percibido que puede ser mas grave la exposición al contagio del ejercicio de la democracia en Grecia, que la exposición a su deuda soberana.

Sería deseable aunque parece poco probable que el referéndum griego supusiera un punto de inflexión en un modelo de construcción europea que en la última década, coincidiendo con una mayoría conservadora al frente de sus instituciones de gobierno, se está haciendo en contra de los intereses de los ciudadanos de sus países miembros.

Abundando en el paralelismo, entonces como ahora, sucesivas invasiones procedentes del norte arrumbaron una civilización esplendorosa hasta convertir el Partenón en un almacén de armas.

Puede molestar a la gente de orden que fuera otro griego “licencioso” Theo Angelopoulos quien a través de monumental película La Mirada de Ulises, utilizando como metáfora el viaje que emprende Ulises para volver al origen en su particular Odisea, recorrió la Europa asolada por la Guerra de los Balcanes, para dar cuenta de una sociedad vacía y desprovista de todo vestigio de anhelo colectivo.

Treinta años después parece cercano el día en el que Angelopoulos podría repetir su peripecia en este caso recorriendo una Europa devastada por los depredadores de derechos.

Ya alguien a comienzos de este siglo puso de manifiesto que la política se había convertido en la continuación de la guerra por otros medios.

La mirada de Ulises
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