CONTESTA CARLOS CRUZADO | GESTHA

¿Por qué es tan complicado que Hacienda rastree la tributación de las propinas?

Por el momento y por las dificultades que entraña este rastreo, no parece probable que Hacienda ponga su lupa sobre las propinas, dado que existen otras prioridades, como la lucha contra las grandes bolsas de fraude.

Las propinas se dan, se reciben y se deberían declarar. Sí, tendrían que tributar, según la Ley del IRPF, de la que se deduce que las monedas y billetes que se entregan a cualquier persona que nos presta un servicio a modo de agradecimiento por el trato recibido -lo que ocurre sobre todo en la hostelería- son rendimientos del trabajo sujetos al impuesto. Para ser más concretos, el artículo 76 del Reglamento del Impuesto sobre la Renta habla de la “obligación de retener e ingresar a cuenta cuando satisfagan a su personal cantidades desembolsadas por terceros en concepto de propina, retribución por el servicio u otros similares".

Hacienda lo tiene claro y así lo señala en las consultas que la Dirección General de Tributos viene respondiendo al respecto, advirtiendo de que las propinas tienen que tributar. Así, aquellos trabajadores con sueldos que no superan el mínimo que obliga a presentar la declaración del IRPF podrían empezar a tener que hacerlo al sumar lo que reciben en propinas. Sin embargo, Hacienda no las rastrea.

No existen planes específicos para su control, ya que resulta tremendamente complicado controlar estas contraprestaciones económicas

¿Por qué? Pues básicamente porque no existen planes específicos para su control, ya que, aparte de otras consideraciones sobre las preferencias que deben atenderse en la supervisión tributaria, resulta tremendamente complicado controlar estas contraprestaciones económicas. Complemento salarial que por otra parte sirve de excusa para que, en muchos casos, el empleador fije salarios más bajos de los que corresponderían al puesto de trabajo, contando con que la propina es parte de la remuneración, que se ahorra.

Ocurre lo mismo con los regalos de boda, por ejemplo, que en teoría deberían tributar como donaciones. Pero siendo sinceros, ¿alguien conoce a algún matrimonio que haya pagado impuestos por su lista de bodas –salvo que entre los regalos hubiera objetos de gran valor, como puede ser una vivienda-? La respuesta creo que será negativa; aunque conviene advertir que ciertos regalos podrían originar algún que otro sobresalto…

¿Alguien conoce a algún matrimonio que haya pagado impuestos por su lista de bodas?

Sin embargo, en el caso de casinos, bingos y demás salas de juego, donde los premios frecuentemente son de alto valor y las propinas resultan bastante generosas, estas se encuentran mucho más reguladas. De hecho, se incluyen dentro de los ingresos de esas sociedades, regulándose incluso su reparto, que supone un gasto para la empresa, en función de las categorías de los trabajadores.

Por otro lado, la esplendidez de algunos clientes no siempre tiene forma de dinero contante y sonante. A pesar de ello, las propinas que se dan mediante un pago con tarjeta tampoco podrían controlarse, puesto que podrían considerarse, salvo prueba en contrario, como un ingreso del empresario en cuestión.

En definitiva, el seguimiento de las propinas para que tributen y se declaren al fisco no resulta, ni mucho menos, una tarea sencilla. Más bien al contrario. En este sentido, la única posibilidad de regular este tema pasaría por incluirlas dentro del servicio, a imagen y semejanza de lo que se hace en otros países europeos. Pero, por el momento y por las dificultades que entraña este rastreo, no parece probable que Hacienda ponga su lupa sobre las propinas, dado que existen otras prioridades, como la lucha contra las grandes bolsas de fraude, para incrementar la recaudación y pagar la subida de las pensiones sin elevar el ya de por sí abultado déficit público, que no admiten más demora.

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Carlos Cruzado

Presidente de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA)