miércoles 11.12.2019
opinión | Política

Hay que echar al PP de todos los Gobiernos porque son sus negocios

Cuando se habla de corrupción, se suele dirigir la mirada hacia la persona corrupta, hacia el cargo público que otorga un contrato y del que, presuntamente, se beneficia.

Hay que echar al PP de todos los Gobiernos porque son sus negocios

El origen de su corrupción, está en su propio origen: la confusión que ha hecho desde que era Alianza Popular de lo público con lo privado, de la gestión de lo público con el gestor personal

Cuando se habla de corrupción, se suele dirigir la mirada hacia la persona corrupta, hacia el cargo público que otorga un contrato y del que, presuntamente, se beneficia. Si repasamos todos los gobiernos que ha tenido el PP, sea del Estado o de comunidades autónomas, siempre, en todos los casos, existe corrupción.

La corrupción ha salpicado en unas ocasiones hasta al presidente del gobierno de turno, en otras se ha quedado en consejeros y, en los menos, en directores generales. Pero ahí donde ha habido un gobierno del PP, ahí ha habido corrupción. La Presidenta de la Comunidad de Madrid, alguien que ha heredado un gobierno con tan pocos casos de corrupción, ha dicho que ya lo han pagado en las elecciones de diciembre.

Ese argumento solamente sería válido si se tratase de un caso aislado. Cuando la corrupción es consubstancial al partido, dejan de ser casos aislados para convertirse en un elemento constitutivo de la propia ideología. El PP gobierna para que los suyos hagan negocios, les da a “gestionar” las obras públicas, la sanidad, la dependencia, la educación, el empleo... y ellos, a su vez, corresponden con “donativos”.

Obviamente estos donativos se traducen en “Cajas B” que financian “Sueldos en B” o sobresueldos no declarados. Con los “donativos” o con dinero público se financia la construcción, adquisición y/o reforma de sus propias sedes (Génova, Bilbao, Logroño...). También se les paga a sus interventores, sus campañas electorales, sus agentes electorales etc.

El origen de su corrupción, está en su propio origen: la confusión que ha hecho desde que era Alianza Popular de lo público con lo privado, de la gestión de lo público con el gestor personal. Desde la lejana afirmación de Fraga de “la calle es mía” se ha ido identificando una y otra vez el gestor con lo gestionado como si fuera su propietario.

La responsabilidad de los partidos democráticos es dejar fuera de juego a quien no respeta las reglas, al PP

Si pensamos en Madrid, Valencia, Baleares, Murcia, La Rioja, Castilla y León, por no entrar en los personajes que han sido ministros (Soria, Rato, Fernández Díaz, Arias Cañete...), o en tramas que abarcan diferentes gobiernos como la Gürtel, es constante la confusión que se realiza entre lo público y lo privado. Es obvio que gobiernan para que los suyos, y ellos mismos, hagan negocio.

En la supuesta regeneración del PP se permiten algunos postular como “adalid” al presidente de Galicia, a Núñez Feijóo. La primera vez que se dijo abiertamente, Wyoming comentaba esa ocurrencia con la foto de Feijóo en la lancha de un narcotraficante. No suenan grandes escándalos en Galicia porque no se hacen eco los medios, pero no por ello dejan de tener los mismos “principios”: la supervisión de la construcción del hospital de Vigo se le concede a una empresa recién creada, curiosamente, por una alto cargo del PP, solo por poner un ejemplo y no citar más casos de corrupción como el de Gerardo Crespo, etc.

Actualmente se está planteando que gobierne Rajoy porque es el más votado y que se abstengan partidos que están en contra de su programa y de la corrupción porque hay que facilitar la “gobernabilidad”, por “responsabilidad”. Cuando gobierno y negocio son dos caras de la misma moneda, ¿qué es lo que se facilita? ¿Hay quien dude que el PP en esta campaña se ha beneficiado de fondos provenientes de la corrupción y, por ello, ha obtenido votos con estos fondos? ¿No llega el ejemplo del Ayuntamiento de Valencia? ¿Se puede dudar de que el PP de Madrid, y con él Cifuentes, se haya beneficiado de los fondos que desde las diferentes tramas de corrupción han entrado en el partido?

Hay que impedir que Rajoy gobierne porque seguiría fomentando el negocio y, cada vez, sería más difícil que abandonasen el negocio, digo el poder. Su frase “Luis, sé fuerte” no solo lo debería invalidar como candidato sino que demuestra su posición.

Por otro lado, si miramos su grado de respaldo, solamente el 22,8% de los electores ha votado por él, menos de uno de cada cuatro. Los otros, o no se pronuncian o prefieren otras opciones. Entre los votantes es uno de cada tres. El sistema electoral es lo que le ha dado mayor respaldo por número de diputados y, aun así, no llega a obtener dos de cada cinco. No tiene mayoría.

Es preciso que se corte el negocio del PP para poder analizar hasta dónde han llegado con su sistema de corrupción. Es preciso auditar los gobiernos y administraciones en las que gobiernan para comprobar cuántos concursos han sido amañados tanto en su concesión como en sus pliegos iniciales. Esto solamente se puede hacer con el PP fuera del gobierno.

Estas son razones éticas para que los demás partidos expulsen al PP del gobierno. A un partido que hace del poder su negocio no se le puede permitir gobernar, salvo que sea mayoría o se sea su cómplice. También es preciso que en los sitios donde no tiene mayoría, como en la Comunidad de Madrid, sea desalojado del negocio para auditar su gestión.

Con la composición actual del Congreso una salida posible es que Pedro Sánchez se presente a la investidura con su programa electoral como programa de gobierno y se acuerde un plan de actuación de lucha contra la corrupción. El pacto de gobierno se irá realizando en el Congreso día a día con la aprobación de las diferentes leyes. Si Unidos Podemos vota a favor y los demás, salvo el PP, no votan en contra, en la segunda vuelta habría 156 votos a favor frente a 137 o 138 en contra y Sánchez sería presidente.

La alternativa, permitir que Rajoy gobierne y siga el PP con su negocio, provocaría la conversión del PSOE en un partido marginal. Es repetir la misma situación ocurrida en Grecia. En octubre de 2009 el Pasok obtuvo 160 escaños, Nueva Democracia 61 y Syriza 13. Después de las elecciones de mayo de 2012 no hubo gobierno, el Pasok tenía 41 diputados, Nueva Democracia 108 y Syriza 52. Un mes después, el Pasok sigue perdiendo escaños, obtiene 33, Nueva Democracia 129 y Syriza 71. Se produce el apoyo del Pasok para que el líder de Nueva Democracia sea el presidente del gobierno aunque no entra en el gobierno. El resultado es que en las elecciones de enero de 2015 el Pasok se queda en 13 escaños, Nueva Democracia en 76 y Syriza alcanza los 149 diputados y gobierna.

La situación es similar a aquella en la que estaba el Pasok en junio de 2012. Después de un fuerte castigo electoral, el PSOE puede elegir entre permitir que Rajoy gobierne o impedirlo. Puede ofrecer una salida presentándose con su programa electoral y gobernar acordando con unos y otros. O puede sucumbir a las llamadas a la responsabilidad que se ha atrevido a hacerle Rajoy y abstenerse con lo que quedaría incapacitado para ser alternativa y una parte muy importante de sus afiliados y votantes dejarían de confiar en él.

La responsabilidad de los partidos democráticos es dejar fuera de juego a quien no respeta las reglas, al PP. Esta es una de las principales tareas que tiene encomendada esta legislatura. Echar al PP de los gobiernos es una cuestión de higiene democrática, eso sin entrar a sin valorar sus recortes de sanidad, de dependencia, de prestaciones, de becas, la LOMCE, la Reforma Laboral, la Ley Mordaza… 

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