viernes 22.11.2019

La mundialización aumenta el desarrollo desigual

El proceso de mundialización aumenta la polarización entre ricos y pobres y profundiza el desarrollo desigual. (Octava tesis José María Vidal Villa).

La mundialización aumenta el desarrollo desigual

Desde el final de la segunda guerra mundial y, más concretamente, desde la culminación de la descolonización de los antiguos imperios europeos, la estructura del sistema capitalista se ha caracterizado por una profunda desigualdad. La riqueza se polarizaba hacia los países del centro, mientras que la pobreza se polarizaba hacia los de la periferia.

Numerosos autores, incluso instituciones internacionales como la ONU, pensaban que se trataba de una situación provisional y que el desarrollo llegaría a los países recién descolonizados.

Incluso se les bautizó como países en vías de desarrollo. Desde entonces, y hasta nuestros días, dichos países "en vías de desarrollo' siguen sin desarrollarse. Ninguno de ellos lo ha conseguido e incluso los que más han avanzado en el sentido  del desarrollo capitalista (Corea del Sur, Taiwán) continúan perteneciendo a la periferia del sistema.

En vez del desarrollo económico previsto, lo que realmente ha acontecido es que se ha incrementado la polaridad y la distancia económica entre países del centro y países de la periferia, como lo reconoce el propio Banco Mundial en su informe acerca del desarrollo mundial de 1990. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres.

Pero incluso a esta dicotomía le está afectando el proceso de mundialización económica. La difusión de actividades capitalistas 'punta" en los sectores productivos (agrario, industrial) y en los servicios, está alcanzando a regiones y sectores enclavados en los países de la periferia. La actividad económica, el modelo de acumulación de capital, la tecnología, la obtención de beneficios y, en definitiva, la producción de riqueza empieza a producirse en lugares como Sao Paulo o Río de Janeiro, México, Buenos Aires, Nueva Delhi, Kuala Lumpur, El Cairo, Yakarta o Bangkok.

Es decir, las actividades empresariales de las multinacionales -incluso de algunas empresas “nacionales” que actúan en dichos territorios no son diferentes de las que se desarrollan en Estados Unidos, Japón o Europa. Lo cual no implica que se desarrolle el país, que continúa sumido en una economía dual, altamente polarizada internamente y con capas crecientes de la población marginalizadas.

Lo que está en cuestión es el propio concepto de país. Las actividades económicas “modernas” que llevan a cabo en los países periféricos se conectan a la red internacional de actividades económicas por múltiples caminos -tecnología, comercio, finanzas, etcétera- y crean núcleos de actividad y población semejantes los existentes en los países centrales. Pero el resto de la población -el país-permanece al margen de ese proceso. Paralelamente, en los países del centro, merced a las políticas de desregulación y a la hegemonía del imperialismo económico, son cada vez más los sectores de la población que permanecen fuera del circuito capitalista moderno y que, por tanto, se marginan; también en los países del centro, la distribución de la riqueza favorece el incremento del número de pobres que, en Estados Unidos, superan ya los 20 millones.

Aparentemente, la mundialización está rompiendo la estructura del sistema capitalista mundial, rígidamente organizada en torno a la existencia de países (de Estados "nacionales"), considerados como un todo orgánico y estructurales, y donde tienen la misma consideración países como India, Indonesia, Brasil o Pakistán, que Vanuatu, Andorra, Kuwait, Qatar o Trinidad y Tobago. Esta unidad se está rompiendo y el mundo del futuro tiende más a la forma de una estructura centro-periferia a nivel mundial, que prescinde de los países, que a la forma estructurada en torno a la existencia de dichos países independientes y soberanos.

Esto implica que seguirán existiendo el centro y la periferia, como modelos contrapuestos de acumulación, uno autocentrado, dinámico y dominante, el otro marginado, estancado y dependiente. Pero esta estructura se plasmará en el conjunto del mundo y no país a país. Ya en la actualidad los sueldos de los altos ejecutivos de una empresa brasileña son semejantes a los de una empresa francesa o japonesa. Los beneficios de una empresa india se equiparan a los de empresas coreanas, norteamericanas o alemanas. Sólo los salarios siguen manteniendo un abanico considerable.

Por consiguiente, hoy se asiste a un proceso de transición hacia la creación de un centro mundial, cuya actividad se desarrollará esencialmente en las ciudades y que abarcará a territorios hoy día situados en países del centro y también en países de la periferia.

Un problema llamativo es el crecimiento de la población marginada en los países del centro, que no obedece únicamente al impacto de la crisis económica, sino que tiene todas las características de convertirse en estructural. Desde hace 20 años, estas islas de miseria en medio de la abundancia no han cesado de crecer en Europa, Estados Unidos y Japón y aparentemente, no dejarán de hacerlo. Esas masas de población marginadas son "la nueva periferia" que aparece en los países del centro.

Y en el extremo opuesto, en los actuales países de la periferia, súrgen islas de ricos, empresarios, profesionales, técnicos, clases medias, cuyos hábitos de consumo y cuyo nivel de vida no se distinguen demasiado de los existentes en los países del centro: son "el nuevo centro" en los países de la periferia, bien vinculado internacionalmente e inserto en la red mundial de acumulación de capital.

Pero paralelamente subsisten y crecen los sectores de la población mundial que se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, más de mil millones de personas, y más de 4 mil millones que se encuentran en situación lindante con la pobreza. En el peor de los casos esta situación llega a desembocar en hambre y muerte por inanición.

En suma, el capitalismo continuará desarrollándose, en este caso a nivel mundial, de la misma manera que lo ha hecho siempre: de forma desigual. El desarrollo desigual seguirá siendo su forma específica de manifestarse. Pero este desarrollo desigual ya no continuará entre cotos territorialmente cerrados, entre países, sino que adoptará la forma más pura del desarrollo desigual: entre clases sociales a nivel mundial.

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