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sábado 28/5/22

A propósito de la hecatombe económica

Quizás sea el momento de desconfiar de instituciones como el Banco de España y la CNMV que no sólo no anticiparon las derivas del modelo neoliberal, sino que se olvidaron, y se olvidan, del papel central de las instituciones en las dinámicas económicas.
NUEVATRIBUNA.ES - 23.09.2009

El aluvión de interpretaciones por un editorial crítico de ‘El País’ contra el Presidente Zapatero en el que, por arte de magia, quedó involucrado el Banco de España ha puesto de relieve la creciente decepción y cansancio de los lectores y no lectores, oyentes y no oyentes, por lo que dicen aquéllos que teniendo un relevante o influyente papel en las decisiones económicas o en la crítica de las mismas no reconocen su contribución a la crisis y asumen ahora el papel de críticos exentos de toda responsabilidad por la hecatombe.

Visto lo visto, el gobierno, para no seguir incrementando su cuota de responsabilidad por lo acontecido, que ya es más que suficiente, y por lo que, si no se remedia, va a acontecer, haría bien en distanciarse del espectro que forman los partidarios de la llamada democracia participativa que proponen, mientras hacen su agosto, un diálogo abierto, transparente y regular entre los poderes del estado y las asociaciones representativas de la sociedad civil (léase grupos de presión y lobbies) que ni es democracia ni es representativa por muy legítimos que sean sus intereses; pero también de aquellas autoridades administrativas, en teoría independientes, como el Banco de España o la CNMV, que han tenido un papel muy destacado en la defensa ideológica y en la ejecución práctica a partir de los años 90 del modelo de capitalismo neoliberal que se trataba de imponer en Europa, sin advertir los grandes destrozos que podrían producirse, no ya en los modelos de capitalismo socialdemócrata y Europeo continental que tan bien habían funcionado hasta el fin de los años 80, sino también en nuestro modelo de capitalismo mediterráneo tan vulnerable a los estragos de todo tipo, materiales y morales, y basado en el expolio del ahorro popular en inversiones financieras o inmobiliarias.

Sin ninguna esperanza ya de que estos organismos asesores, reguladores y supervisores nos expliquen porqué están tan contentos consigo mismos y por qué los ciudadanos tenemos que estar tan satisfechos con el sistema financiero que supervisan, que tanto ha costado y cuyo rescate tanto dinero nos va a costar, quizás sea el momento de desconfiar de instituciones como el Banco de España y la CNMV que no sólo no anticiparon las derivas del modelo neoliberal, sino que se olvidaron, y se olvidan, del papel central de las instituciones en las dinámicas económicas. Cuando el Informe Lamfalussy (2001) o el Informe Sapir (2003) nada criticaron sobre que la recepción, como si no hubiera otra alternativa, del modelo de capitalismo neoliberal en los modelos de capitalismo europeos convertiría en 2010 a la UE en la economía fundada en el conocimiento más competitiva del mundo. ¿Qué dicen ahora las autoridades independientes de las desatinadas prescripciones y previsiones contenidas en dichos informes?

Bien al contrario, el Banco de España insiste en proponer cambios sin tener en cuenta la interdependencia, la complementariedad y la jerarquía de las instituciones, por ejemplo, entre la previsión social y el desarrollo del sistema financiero y sin decirnos claramente en nombre de quién y de qué los cambios deben ser establecidos.

Valga como ejemplo la polémica comparecencia de abril de 2009 del gobernador del Banco de España ante la Comisión no permanente de seguimiento y evaluación de los acuerdos del Pacto de Toledo sobre pensiones, en la que no dijo ni una sola palabra sobre los fondos de inversión y de pensiones, el tercer pilar promovido en el año 1994 por el Banco Mundial en un histórico artículo para el neoliberalismo titulado Averting the Old Age Crisis: Policies to Protect the Old and Promote Growth, y después por el Fondo Monetario Internacional y la OCDE, con los que se pretendía aliviar y/o complementar y/o sustituir los regímenes públicos de la Seguridad Social, y que constituye hoy la industria financiera más importante del mundo.

En el Informe de Estabilidad Financiera de abril de 2008, el Banco de España consideraba, sorprendentemente, el desmantelamiento de la industria de la inversión colectiva española, el tercer pilar español, como una consecuencia virtuosa del modelo de negocio de la banca española que le permitía, en el caso de que las turbulencias financieras persistieran en el tiempo, sustituir progresivamente la financiación mayorista por la captación de depósitos en parte utilizando su probada capacidad comercial para cambiar la oferta combinada de sus clientes (depósitos, fondos, etc.).

Me pareció esta visión simplista y disparatada y denuncié que el coste jurídico, social y económico no tenía equivalente en ningún otro lugar pues a nadie se le ocurría pensar en los fondos de inversión como un abrevadero para aplacar la sed de liquidez, y menos desmantelar, en lugar de regenerar, la pequeña parte que tenemos en una industria financiera, la más fuerte, poderosa e influyente en el mundo, como a nadie se le ocurre amputarse una pierna si tiene algún otro remedio.

¿Por qué no habla el gobernador del tercer pilar? ¿Le avergüenza hablar del estado en que se encuentran nuestros fondos de inversión y de pensiones después de un siglo XXI realmente demoledor? ¿Le avergüenza hablar de que la industria de la inversión colectiva haya destruido más de 100.000 millones de euros del ahorro popular o de que 42.000 partícipes de un fondo inmobiliario gestionado por el máximo responsable de los riesgos del primer banco del país hayan visto cómo gestora y depositario se llevaban en comisiones todos los ingresos reales del fondo mientras han de esperar la devolución de sus ahorros de toda una vida?

La teoría de las instituciones y de la transformación institucional supone agentes suficientemente racionales para actuar estratégicamente. Lo mismo ha de decirse de los que opinan sobre dichas actuaciones. No es absolutamente necesario que sean absolutamente racionales, es decir, que dominen todas las interdependencias entre las instituciones y que tengan una plena comprensión de todas las consecuencias de sus acciones, sino que deben tener suficiente racionalidad para ser capaces de decidir, o de opinar, sobre lo que es una acción beneficiosa en un contexto estratégico, teniendo en cuenta la complementariedad y jerarquía institucional en la que quedan conectados los mercados de capitales con los mercados de productos y con los sistemas de protección del empleo, de protección social y de educación.

Lo que no es normal es que los responsables de las decisiones económicas, y los que opinan sobre las mismas, se parezcan a la liebre del poeta catalán Bach (1999), que es un pájaro que perdió las alas. Es tan ligera que corre como si volara, pero cuando vuela el cielo se le queda corto y la tierra la atrapa. En distancias cortas se pierde entre los matorrales de la ceguera. Su divisa es el horizonte.

Juan Manuel Moreno-Luque, abogado y autor de ‘El desgobierno de los fondos de inversión’ (Editorial Marcial Pons), es presidente de Activa, la asociación creada por partícipes del fondo Santander Banif Inmobiliario

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