jueves 29/10/20

Previsiones oficiales y mentiras sobre el empleo

Por Gabriel Flores | La estrategia conservadora de salida de la crisis no busca tanto salir de la crisis como preservar a toda costa una eurozona con enormes diferencias entre los Estados miembros...

Hay datos de sobra como para no tener que explicar demasiado que las políticas de austeridad y devaluación salarial que se vienen aplicando desde mayo de 2010, pretenden únicamente recuperar las tasas de rentabilidad empresarial y promover las exportaciones mediante la reducción de costes laborales y precios

Ya ha pasado tiempo suficiente y hay datos de sobra como para no tener que explicar demasiado que las políticas de austeridad y devaluación salarial que se vienen aplicando desde mayo de 2010 en los países del sur de la eurozona no pretenden ni pueden pretender generar empleo, sino recuperar las tasas de rentabilidad empresarial y promover las exportaciones mediante la reducción de costes laborales y precios.

La estrategia conservadora de salida de la crisis no busca tanto salir de la crisis como preservar a toda costa una eurozona con enormes diferencias entre los Estados miembros que conforman su núcleo duro en torno a Alemania y las desequilibradas y empobrecidas economías de su periferia. Diferencias que no solo atañen a sus sistemas bancarios y principales magnitudes macroeconómicas sino también a su base económica y a la estructura de sus actividades y especializaciones productivas, que es de donde surgen buena parte de las dificultades y desequilibrios que se manifiestan en el ámbito de lo monetario y lo financiero.

Tratar los problemas específicos de las economías periféricas y la fragmentación financiera, económica y productiva que reina en la eurozona requiere de una política monetaria acertada, no solo de los cuidados paliativos que en última instancia practica el BCE para impedir que la eurozona se desintegre, pero también de un profundo cambio institucional que aliente una mayor integración fiscal, mayores niveles de mutualización de la deuda soberana, una auténtica unión bancaria y un impulso de la modernización de estructuras y especializaciones productivas de los países periféricos basado en el principio comunitario de cohesión económica, social y territorial que la derecha hegemónica no respeta y que, literalmente, lo ha tirado a la basura.  

En tales condiciones, al PP solo le queda hacer malabarismos con las estadísticas y las previsiones para mostrar que las políticas de austeridad, devaluación salarial, desregulación del mercado laboral y deterioro de los bienes públicos para justificar la entrega del sector público rentable a empresas privadas ya está empezando a mejorar el empleo y la renta disponible de los hogares. Puro marketing político al servicio de una estrategia electoral que, además de apoyarse en la magia de los números, se ve obligada a ignorar los análisis que demuestran el incuestionable deterioro de las condiciones de vida y trabajo de millones de personas y el avance de la pobreza y los riesgos de exclusión social.

Es verdad que las mentiras y las interesadas previsiones oficiales tienen las patas muy cortas, pero el PP confía en que sean suficientemente largas para llegar con bien a las próximas citas electorales. Y a eso se reduce todo su afán en la lucha contra el paro. Los recientes datos sobre la reducción del paro registrado en el mes de junio y los que próximamente ilustren la reducción del paro estimado correspondiente al segundo trimestre de 2014 darán cuenta de la magnitud de la campaña de enmascaramiento de la realidad en la que se ha embarcado el Gobierno del PP. Pero más allá de la machacona insistencia gubernamental y de los medios afines proclamando que la reactivación ya está aquí y está empezando a notarse en el empleo, ¿confía de verdad el Gobierno en qué sus políticas de recortes van a lograr recuperar el empleo perdido?

Veamos la escasa confianza del Gobierno en que las medidas de austeridad que con tanto ardor defiende puedan recuperar el empleo perdido. El pasado 30 de abril, el Consejo de Ministros aprobó y remitió a la Comisión Europea la Actualización del Programa de Estabilidad 2014-2017 en el que se encuentran las últimas previsiones económicas oficiales para esos años. Las que atañen directamente a la evolución del empleo son las del siguiente cuadro:

Previsiones del Gobierno de España 2014-2017 (variación anual en %)


Fuente: Actualización del Programa de Estabilidad 2014-2017

Dejemos aparte el desborde de optimismo que supone la mejora de las previsiones a medida que nos alejamos del presente y nos adentramos en el incierto futuro. Intentemos no desentrañar el misterio de cómo y qué tipo de empleos (con qué productividad, cualificación laboral o en qué sectores) pueden generarse en 2014 y 2015 con tasas de crecimiento del producto que no llegan al 2%. Olvidemos por un momento la fragilidad de unas previsiones que el propio documento de Actualización presentado a Bruselas pone en cuestión, ya que un aumento de 100 puntos básicos (o, lo que es lo mismo, un punto porcentual) en el tipo de interés respecto al supuesto en el escenario base cambiaría por completo las previsiones y en lugar de crecimiento del producto y de generación de empleo neto, la economía española volvería a entrar en el túnel del decrecimiento y la destrucción de puestos de trabajo. Y lo mismo ocurriría, si las previsiones de expansión de las exportaciones fallaran y fueran inferiores en un 4% al supuesto en el escenario base.

Incluso dando por buenas esas previsiones, habría que esperar hasta el año 2032 (¡18 años más!) para recuperar los niveles de desempleo de antes de la crisis

Seamos crédulos y supongamos que el inmejorable escenario que ofrece el Gobierno y los supuestos que le sirven de soporte se realizan.

Pues bien, tanto optimismo se traduciría en que el número de empleos equivalentes a tiempo completo pasaría de los 15,854 millones de personas existentes en 2013 a los 16,760 millones en 2017. Se crearían, por tanto, 900.000 empleos netos en cuatro años, de los que algo menos de un tercio correspondería a los años 2014-2015, en los que las previsiones económicas tienen alguna probabilidad de transformarse en datos reales. Más allá de esos dos años, las previsiones económicas dejan de ser conocimiento fluctuante, vago e incierto del futuro y pasan a ser meras artes adivinatorias o superchería, porque dejan de tener una base científica sobre la que realizar el menor cálculo de probabilidad.

Incluso dando por buenas esas previsiones, habría que esperar hasta el año 2032 (¡18 años más!) para recuperar los niveles de desempleo de antes de la crisis. Puede que esos 18 años de espera no sean demasiados para el PP, pero suponen un horizonte intolerable para cualquier sociedad y no digamos para los 5,93 millones de personas paradas actualmente, de las que apenas un tercio recibe algún tipo de prestación contributiva o asistencial o para los 1,18 millones de personas paradas con más de 50 años en los que 18 años suponen todo su horizonte laboral y, en muchos casos, vital.

La previsión oficial sobre la evolución de la tasa de paro es aún más espectacular o increíble. ¿Cómo se puede reducir en cuatro años la tasa de desempleo en más de 6 puntos con un aumento de 900.000 empleos? Sí, en efecto, es lo que usted sospecha. Pasar de la actual tasa de paro del 26,1% a otra del 19,8% en 2017 implicaría una reducción de 1,5 millones en el número de parados y una disminución de 0,6 millones en la población activa. Recortes que se conseguirían a costa de expulsar del mercado laboral a miles de jóvenes sobradamente formados que se verán obligados a abandonar su país, porque solo les ofrece una pequeña posibilidad de lograr empleos indecentes y contratos basura. Y a costa de decenas de miles de inmigrantes que tras haber trabajado muy duro y en las peores condiciones retornarán a sus países de origen o emprenderán otra azarosa aventura migratoria. Y a costa de tantos otros miles de personas desanimadas, decepcionadas y asqueadas que en su búsqueda de empleo tendrán que elegir, si pueden, entre la sobreexplotación que supone la economía sumergida o la sobredependencia que implica quedarse en casa.

Y entre tanto intento deleznable de maquillar y ocultar la realidad no puedo quitarme de la cabeza la imagen de la miserable sonrisa que se pone la ministra del ramo para explicar la estupendísima evolución de la población ocupada  o la unción con la que agradece a la virgen santísima el capote que le echa en la tarea de crear empleo.

Previsiones oficiales y mentiras sobre el empleo