lunes 26/10/20
Marcos de Castro Sanz

Madrid realizó la Feria de la economía social y solidaria

En el viejo matadero de Madrid (espacio reconvertido en lugar de encuentro social y cultural) se ha celebrado los días 1 y 2 de junio la Feria de economía social y solidaria. Con 130 expositores (de los que 105 eran empresas) y más de diez mil asistentes. Empresas, casi todas cooperativas, que ofrecían todo tipo de producto; pequeñas pero creadoras de riqueza allá donde se constituyen, que aportan empleo a quienes se atreven a la aventura de poner la carne en el asador de su propio proyecto empresarial. Productos de alimentación sacados de huertas ecológicas, jabones, colonias, tecnologías informáticas, consultoras, desarrollo medioambiental, energía verde, seguros solidarios, alquiler de bicicletas… surgen como vetas provocadoras de acción económica gestionadas por personas que asumen su aparentemente “pequeña” realidad y, desde ella, intentan aportar su esfuerzo a una sociedad precaria y abandonada por las políticas públicas. Ha sido una significativa expresión de que hay salidas en la crisis que nos rodea; de que en una situación de agobio socio-económico, como la que se está viviendo en España, hay oportunidades para crear soluciones empresariales que el sistema no facilita.

Unos diez mil visitantes admiraban la realidad expuesta en los diversos expositores. Era curioso, entre los que se animaron a presenciar la feria no se veían políticos y, menos aún, cargos públicos. Estas experiencias de salir del bache desde los propios recursos no son visibles para quienes “inventan” políticas de precariedad. Personas con ropas informales creaban hostelería puntera y de calidad para cubrir las necesidades de comida y bebida. No se respiró en ningún momento la sospecha de que las cosas van mal porque la esperanza de nuevas soluciones dominaba. Se veían las consecuencias de espacios de imaginación creativa para salir de la propia encerrona económica en que el llamado “mercado” nos ha metido y se percibía la satisfacción de quien ha sacado su proyecto adelante.

Es importante insistir en estos aspectos, no perceptibles para quien gobierna pero sí tranquilizadores para las personas que entienden que desde sus propias fuerzas se puede salir adelante. Evidentemente, no solo eran productos los que aparecían encima de las mesas, se percibían nuevos valores que tienen que ver con lo colectivo (entre todos es más fácil), con la solidaridad (el problema y sus soluciones afectan a todos), con la creatividad social (juntos se tiene más capacidad de inventiva). Valores que apuntan a modelos sociales distintos de los comportamientos hiper-consumistas o éxitos individuales; valores que se refieren a que juntos se puede más que separados. Y, sobre todo, que hay salidas, aunque aparezcan taponadas por la ineficacia social del sistema dominante. Hasta para promover el emprendimiento el sistema no funciona. La constatación de que otra forma de hacer empresa es posible, como lo es otra forma de crear riqueza, de hacer un banco, de fomentar la producción energética… es invisible para el pensamiento político y económico dominante.

La feria explicitaba dos ejes conceptuales de importancia: uno orientado a la exposición de todo lo producido en común, desconocido fuera de sus pequeños territorios donde se hace pero dispuesto a la coordinación e intercooperación necesaria con el fin de establecer micro-mercados que satisfagan nuevos métodos y sistemas de consumo; otro de reconocimiento mutuo de los esfuerzos realizados en la perspectiva local que, al explicitarse, se reencuentra con los demás y se reconocen mutuamente. Descubriendo, de este modo, que son menos “pequeños” de lo que se sospechaba en su localidad; que hay más, que se pueden intercomunicar, y que es posible crear canales de distribución y consumo; que pueden ofrecer alternativas, con independencia del volumen, porque sí se tiene presencia social.

Quizá estos valores sean tan importantes como la evidente exposición de esos productos. Porque se explicitan y crean lazos de alianza verificadora de que hay salidas, alternativas y la precariedad no es la dominante; porque las personas pueden inventar soluciones.

Madrid realizó la Feria de la economía social y solidaria