miércoles. 24.07.2024

La última representación de la preocupación de los líderes políticos europeos por las devastadoras consecuencias para el empleo de las políticas de austeridad que ellos mismos aplican –por convicción u obligación- la han escenificado en París, el 28 de mayo, François Hollande y Mariano Rajoy, acompañados de los ministros de empleo y finanzas de Alemania, Italia, Francia y España, en el marco del Foro Berggruen. Lo han hecho ante una amplia representación de la élite política, económica y mediática europea. A tenor de la buena acogida que allí tuvo la “nueva iniciativa” para el empleo de los jóvenes, una primera conclusión que se podría deducir es que las élites europeas están desmemoriadas. O, tal vez, sean sólo algo descuidadas a la hora de leer lo que las instituciones y los políticos europeos deciden o proponen. Otra posible interpretación de la buena acogida de lo que se oyó en París es que a la mayoría de los presentes no les importara colaborar en la enésima operación de imagen de los responsables políticos europeos para transmitir a la ciudadanía lo mucho que les preocupa el desempleo masivo, en particular el de los jóvenes.

Tres años después de que el gobierno de Ángela Merkel impusiera a toda la UE la opción de economía política neoliberal-conservadora, ideológicamente dominante en Alemania, su fracaso es absoluto

Ninguna de las dos interpretaciones es muy tranquilizadora. Porque lo que han hecho los líderes políticos, reunidos por Nicolas Berggruen, es volver a vender, con otro envoltorio, una parte de lo que la cumbre del Consejo Europeo aprobó en junio de 2012 y que no se ha cumplido ni aplicado en ninguno de sus términos. Y nada más,  a pesar de que, tras un año de absoluta inacción, el conjunto de la UE ha vuelto a recaer en la recesión y el número de trabajadores y trabajadoras en paro ha alcanzado un record histórico: 26,5 millones, de los cuales seis son jóvenes.

Para empezar a argumentar mi acusación, que a algunos podría parecer excesiva y que en absoluto lo es, comenzaré con las palabras que el presidente de la Comisión, Durao Barroso, pronunciaba el mismo día en el Parlamento Europeo: “Seré muy claro, hay una proliferación de nuevas iniciativas cuando aún no se han puesto en marcha las antiguas. Eso nos resta credibilidad. La Comisión impulsó en 2011 una garantía para el empleo juvenil, que fracasó por el rechazo de cuatro países: Reino Unido, Suecia, Dinamarca y Alemania”. Fue, pues, hace dos años cuando se formuló la primera propuesta para paliar las consecuencias de las políticas de la austeridad en el desempleo de los jóvenes.

Tres años después de que el gobierno de Ángela Merkel impusiera a toda la UE la opción de economía política neoliberal-conservadora, ideológicamente dominante en Alemania, su fracaso es absoluto. Lo hizo a la contra de las orientaciones acordadas en el G20. De hecho, si EE UU, Japón, China y demás emergentes no hubiesen mantenido, aún con diferente intensidad y contradicciones, las políticas monetarias expansivas junto con las de estímulo de la demanda, la economía mundial habría vuelto a sumergirse en una profunda depresión. Como acaba de decir el economista jefe de la OCDE, Pier Carlo Padoan: “La zona euro sigue siendo a gran amenaza para la recuperación mundial”.

Los objetivos de estabilidad financiera, financiación de los Estados y reducción de los niveles de déficit y deuda no se han logrado en Europa con el mix de austeridad y reformas estructurales (léase recortes sociales y laborales). Y lo que han traído consigo, en muchos Estados de la UE, es: paro masivo, empobrecimiento, desigualdad, deterioro profundo de las prestaciones sociales y los servicios públicos, ruptura de la cohesión social y deslegitimación de las instituciones políticas democráticas, de las nacionales y, mucho más, de las aún muy débiles de la UE. Es decir, la crisis económica se ha transformado, desde una mala dirección política, en crisis social y crisis política, la más profunda que ha vivido la UE desde su nacimiento.

Ante los graves deterioros sociales y del empleo que han producido sus políticas, los líderes políticos europeos responden sólo con palabras y operaciones de imagen. Y, peor aún, lo hacen intentando competir unos con otros ante las opiniones públicas, vendiendo iniciativas de papel, puro humo, que o bien se guardan en el cajón, o si se aprueban, incluso con solemnidad, luego no se aplican. Es muy ilustrativo lo sucedido en los últimos dos años con las iniciativas y planes de empleo, generales o para jóvenes. Creo que es  uno de los más intolerables ejemplos de mal gobierno que se pueden poner, en una época llena de ellos.

En 2011 empezaron a decir casi todos los principales responsables políticos europeos que había que complementar la austeridad y las reformas estructurales con medidas que paliaran sus consecuencias sociales y estimularan el empleo. El planteamiento era y es falso: los países sometidos a los memorandos de la troika o a las “recomendaciones del Semestre Europeo” no pueden sino caer en la recesión y destruir empleo, sin que ningún plan de empleo paliativo les pueda sacar de ambas tendencias. Menos aún si se financian con recursos muy insuficientes. Pero las preocupaciones de bastantes responsables políticos no eran sino hipócritas intentos de mejorar su deteriorada imagen pública como puso de manifiesto el rechazo de la iniciativa de Garantía Joven mencionado por Barroso.

La situación económica y del empleo empeoraron, y la Cumbre del Consejo de junio de 2012, aprobó con solemnidad un Plan de crecimiento y empleo dotado supuestamente con 120.000 millones de euros. En esos días un lúcido y cínico alto responsable político europeo dijo en privado: “El plan es un engaño. Sólo se aportan 10.000 millones de euros nuevos. Es una operación de imagen para que Hollande pueda pasar mejor el trago de aprobar el nuevo Tratado de estabilidad y gobernanza”.

Aunque era más bien un esquema o borrador que un plan, por no contener ni objetivos concretos ni proyectos ni procedimientos de distribución e implementación de los recursos ni plazos de ejecución -aunque no cabía otra interpretación que su vigencia en 2012-2013, dado que la mayoría de sus recursos reales provenían de lo no gastado de los presupuestos 2007-2013-, lo que nadie podía esperar es que un año después no sólo no se haya aplicado en nada sino que ni siquiera se haya avanzado en la clarificación de estas cuestiones básicas.  No se entiende como este hecho no haya sido denunciado con más contundencia en los parlamentos y en los medios de comunicación.

Según el Plan, los gobiernos europeos deberían capitalizar con 10.000 millones al BEI, aunque se contabilizaban 60.000 millones de su potencial apalancamiento. Su destino principal era la financiación de empresas. Además de 5.000 millones de proyectos concretos financiados con “mini-euroobligaciones”, se contabilizaban 55.000 millones de fondos estructurales y de cohesión no gastados en 2007-2013. Es decir: apenas recursos nuevos que sumar a los escasos del Presupuesto de la UE. Y la lamentable constatación de que estos fondos ni siquiera se habían gastado en sus objetivos propios, a pesar de su necesidad, acrecentada por los estragos de la recesión y la austeridad.

Pero la letra pequeña del non nato Plan de empleo, medio ocultaba un hecho a mi juicio escandaloso: al regirse, en su nuevo destino, por los mismos requisitos de los reglamentos de los fondos, lo que se estaba estableciendo es que los países que no pudieran cofinanciar, al 50%, los nuevos proyectos no recibirían nada. Es decir, no recibirán nada los que más lo necesitan. Un ejemplo: Grecia, que ha dejado de recibir 15.000 millones de euros que le correspondían de los fondos estructurales y de cohesión por no poder cofinanciar proyectos, por la depresión y el dicktat de la troika, tampoco los podrá recibir del capítulo principal de este supuesto plan de crecimiento y empleo. Todo un hito de política antisolidaria y de entronización de la lógica de los “rescates-castigos” impuesta por el Gobierno de la canciller Merkel que pervierte cualquier lógica económica, no digamos ya los valores sociales y morales.

Después de llevar una año sin haber aplicado nada de un plan tan insuficiente y malo, los principales gobiernos, el Consejo y la Comisión llevan meses anunciando “nuevas iniciativas”, ahora centradas sólo en el empleo de los jóvenes, y lo hacen pisándose unos a otros con el impudor de los políticos que, ante todo, quieren salir en la foto.

Después de que la Comisión volviera a relanzar, a finales de 2012, otra versión de la “Garantía juvenil europea”, con un cierto apoyo de interlocutores y organizaciones sociales europeos, la cumbre del Consejo de febrero de 2013 “aprobó” dedicar 6.000 millones de euros a un Plan de empleo para jóvenes, no se sabe si para financiar la propuesta de la Comisión u otra nueva. Esta cumbre fue la que aprobó el Presupuesto plurianual 2014-2020, recortando las cuantías de los anteriores y, por lo tanto, limitando gravemente las posibilidades de intervención de la UE contra la crisis y para sostener las políticas del gobierno económico que supuestamente se quiere construir en la Zona Euro. En esta versión de plan de empleo de jóvenes, los 6.000 millones se aplicarían a los 28 países de la UE entre 2014 y 2020. A pesar de lo ridículo de la cifra y de la escasa urgencia que para los jefes de Estado y de gobierno parecía tener la acción contra el paro juvenil, se permitieron el lujo de trasvasar 3.000 millones de lo no gastado hasta 2013  para financiar el 50% del miniplan para jóvenes.

Las críticas ante tanta inacción y tanta lentitud  empezaron a subir de tono y fueron formuladas hasta por el presidente del BEI, Werner Hoyer.  Esto explica la proliferación de nuevas iniciativas sobre el empleo de los jóvenes en las últimas semanas. Eso sí, completamente descoordinadas y con la misma falta de garantías que las anteriores sobre su cumplimiento. Primero se anunció oficiosamente un plan franco alemán de 60.000 millones, del que no se volvió a hablar. Luego, un Hollande con cada vez más serias discrepancias con Merkel, declaró públicamente que lo primero que hay que hacer es aplicar ya el de los 6.000 millones. Alemania, mientras tanto, se apresuraba a firmar con Italia y España acuerdos de colaboración para que jóvenes titulados superiores vayan a trabajar a Alemania y otros se formen en su sistema de formación profesional dual  (no se conocen ni su financiación ni el número de jóvenes a los que alcanzaría)  

Finalmente, en el Foro de la Fundación Berggruen se han formulados propuestas, se dice que con el apoyo de los gobiernos de Francia, Alemania, Italia y España, para un Plan de empleo para los jóvenes europeos de superior envergadura. Los 6.000 millones, a aplicar ya; y 16.000 millones de los fondos no gastados y  los 60.000 millones de apalancamiento del BEI, a partir de 2014. Para Plan de garantía, formación dual (“Erasmus profesional”), créditos a las empresas que contraten jóvenes, etc. Es decir, están hablando de los mismos recursos del todavía no iniciado Plan de crecimiento y empleo de 2012, concentrados en políticas activas de empleo de jóvenes y trasladados, ahora, en su casi totalidad, al período 2014-2020.

Aún cumpliéndolos en su totalidad y en plazos más cortos, estos “planes” de empleo no sacarán a Europa de la recesión y el desempleo masivo. A pesar de ello, a los políticos que están convirtiendo los anuncios y “decisiones” sobre el tema en un auténtico juego de trileros hay que exigirles con todas nuestras fuerzas que, aunque sólo sea por el mínimo respeto que hay que tener hacia los muchos millones de familias europeas que están viviendo sin empleo, en la pobreza, en la precariedad o con enormes estrecheces, concreten lo que anuncian y apliquen lo que deciden. ¡Y que lo hagan ya!.

Y si quieren que Europa salga realmente de la recesión y se vuelva a crear empleo, hay que pedir a los principales líderes políticos europeos que reconozcan el evidente fracaso de las políticas de austeridad, que miren lo que están haciendo los gobiernos, conservadores o progresistas, de Japón, EE UU y los países emergentes, y que analicen y adopten las propuestas que les están formulando muchas personalidades y organizaciones, entre ellas las del movimiento sindical europeo. Porque existen alternativas solventes de política económica para promover, a escala europea, la reactivación de la demanda, la inversión productiva y la financiación suficiente y sostenible (con instrumentos y garantías europeos) de los Estados y las empresas. Estas son, y no otras, las bases para la creación de empleo. Lo demás, incluidas las políticas activas, son herramientas complementarias. Y con las economías quebradas: solidaridad, como la que tuvo la Alemania devastada por la 2ª Guerra Mundial con el Plan Marshall. Porque sin solidaridad, entre los Estados y los pueblos, el proyecto europeo se muere.

La UE y sus planes de empleo: ¡Cumplan de una vez lo que deciden o proponen!