Cristiano Ronaldo en Fiat o el momento mediático de la lucha de clases

Imagen: Twitter
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Hoy el ejemplo de Fiat podría inspirar a no pocos trabajadores dependientes de las inversiones de Florentino Pérez, Josep María Bartomeu, Enrique Cerezo o Miguel Ángel Ramírez

La prensa deportiva lo vendía como la “noticia del año”, Cristiano Ronaldo marchaba a Italia, fichado por la Juventus de Turín. La enorme expectación generada por el fichaje del astro portugués presagiaba que el recibimiento consistiría en una multitudinaria concentración de aficionados. Sin embargo, lo primero que Cristiano se encontró, para asombro del mundo entero, fue una huelga.

La plantilla de Fiat entraba en la escena mediática con un comunicado del Sindicato de Trabajadores (USB) donde convocaba una huelga desde la noche del domingo a primera hora de la mañana del martes, alegando que la familia Agnelli, accionista en estas empresas y en el club, sí tenía recursos para esta millonaria operación mientras pide a las familias trabajadora y trabajadores que se aprieten el cinturón. Esto también vino acompañado por protestas en otras empresas dónde esta familia es socia inversora.

Muchos teóricos y prácticos de la política mediática afirman que de aquello de lo que no se habla, no existe. Por otro lado, el sindicalismo y el movimiento obrero ha librado una lucha tenaz por afirmar que el trabajo constante e invisible también opera, aunque nadie sepa de él fuera de la empresa. Siempre he pensado que ambos tenían algo de razón, y que sólo la arrogancia intelectual de los primeros y la actitud orgullosa de los segundos les impedía entender que estaban observando dos aspectos de un mismo problema.

La lucha de clases opera y da resultados, pero sólo cuando esta lucha escapa de los cuatro muros de la empresa e interpela a asuntos de atención general se convierte en política. Este es el momento en el que su potencia de transformación se multiplica hasta niveles inéditos. Es el momento mediático de la lucha de clases, cuando un problema de una minoría -un sector, una plantilla o una trabajadora- se convierte en un problema de interés general.

El fichaje de Cristiano Ronaldo interseccionaba dos realidades. En la política-sindical se armaba una crítica justa, dónde el fruto del trabajo de miles de familias dependientes de la familia Agnelli iba destinado a una gran operación especulativa, mientras sus condiciones de vida empeoraban. En la política-mediática se abría una ventana de oportunidad, con todos los focos del mundo mirando al astro portugués y la Juventus de Turín y predispuesta a cubrir cualquier noticia que intercediera en esta operación.

La agudeza de las trabajadoras y trabajadores de aprovechar el momento no es sólo la clave de la noticia, sino un gran aprendizaje para todos los que aspiramos a construir un mundo más justo. Agudeza que no habría sido posible de no existir un bagaje sindical, estructurado, organizado y con la valentía de protagonizar este movimiento. Agudeza que tampoco habría sido posible quedándose en los límites del corporativismo sindical.

La mejor manera para dejar de viciar los debates teóricos consiste en bajarlos a su potencia práctica. Hoy el ejemplo de Fiat podría inspirar a no pocos trabajadores dependientes de las inversiones de Florentino Pérez, Josep María Bartomeu, Enrique Cerezo o Miguel Ángel Ramírez. La mediatización de sectores económicos precarios que tienen que apretarse el cinturón mientras sus empresarios hacen millonarias inversiones en sus clubes podría convertirse en un catalizador para la sensibilidad general. Hasta incluso podría reabrir el debate social sobre empresas como Uber y Cabify, cuyas ingenierías fiscales escapan a la tributación mientras someten a cientos de trabajadores a operar en la delgada línea entre la irregularidad y el abuso legal que supone ser autónomo en España.

Tal vez esta podría hasta concretarse en cuestionar tipos fiscales insultantes como la Ley Beckham (consagrando la evasión fiscal, permitiendo a las rentas altas escapar de la tributación cercana al 45%) o la fiscalización de los desorbitados gastos en el mercado futbolístico. Las posibilidades son múltiples.

Sin embargo, con esta reflexión sólo busco poner en valor el ejemplo de la Plantilla de Fiat. Tal vez es la hora de obligar a los intelectuales a salir de sus despachos y motivar a las trabajadoras y trabajadores para que liberen sus conflictos más allá de sus empresas. Entre la arrogancia y el orgullo sólo media la desconexión y el debate estéril. En la acción, la honestidad y el reconocimiento mutuo se realizan grandes gestas.

La lucha de clases existe, pero necesita sus momentos mediáticos. De nosotras y nosotros depende sacarla del anonimato.

David Comas, analista político