Miércoles 19.06.2019

Aumenta la siniestralidad laboral. ¿Otro éxito de las reformas del Gobierno?

Por Marisa Rufino | La evolución de la siniestralidad en 2013 debería ser una señal de alerta sobre las consecuencias que tendría el abandono de las políticas públicas y privadas en esta materia.

Dolor de espalda, dolor de cabeza, dolor de manos y tendones, pérdida del habla, sordera, pérdida de agudeza visual, dermatitis, estrés, depresión, cáncer de pulmón, cáncer de vejiga…seguramente trabajas. La Agencia para la Seguridad y Salud en el Trabajo estima que se producen al menos 400-500 muertes en el lugar de trabajo en la Unión Europea cada día. Más de 160.000 muertes al año.

Puede que el día 28 de abril no signifique nada especial para ti, pero muchos trabajadores y trabajadoras de todo el mundo conmemoramos y recordamos con diversos actos este día, con el fin de no olvidar a ninguna de las personas que por querer ganar dignamente lo necesario para vivir, perdieron la vida en el puesto de trabajo, y también a todos los compañeros y compañeras que han sufrido un accidente o son víctimas de enfermedades contraídas en los lugares de trabajo, incluso para recordar a aquellas personas que habiendo contraído una enfermedad o tenido un accidente, además, han sido víctimas de la injusticia, porque ni sus empresarios, ni las autoridades, ni la justicia se lo reconocieron.

Hace un año, mientras más de mil trabajadores en la India perdían su vida por las condiciones en que eran explotados unos pocos, sus empresas se enriquecían. Deberíamos ser capaces de no olvidar este tipo de hechos y, con ello, tener la fortaleza suficiente para evitar que puedan ocurrir algún día en nuestro país.

Es ésta una fecha en la que los sindicatos de todo el mundo recordamos a los trabajadores y trabajadoras, que trabajar con dignidad, con derechos, con seguridad y con salud, no solo es posible, además es imprescindible. Es un día conmemorativo, pero también reivindicativo.

Desde que se puso en marcha la reforma laboral del actual Gobierno, los sindicatos alertamos de que lo que ellos denominaban «flexiseguridad» traería una rigidez brutal en las condiciones de trabajo y una total inseguridad respecto a la posibilidad de mantenerse en el empleo; dicho de otro modo, lo que acarrearía sería destrucción de empleo y para los que sean capaces de conservarlo, la incertidumbre respecto a sus condiciones de trabajo, ya que a través de esta fórmula se justifica cualquier cosa que haga el empresario.

A través de las medidas adoptadas en esta reforma, se ha entregado a los empresarios el poder absoluto sobre las condiciones de trabajo (jornada, horarios, salario, turnos, movilidad funcional y geográfica, periodos de prueba claramente abusivos…).Los despidos son aún más sencillos y baratos, lo que ha llevado a los trabajadores y trabajadoras a una insoportable sensación de inseguridad y en muchos casos de miedo, se ha abonado con la mejor simiente el terreno para el repunte de la siniestralidad laboral.

Pero no conformes con ello, en este último año, la salud laboral se ha colocado en el punto de mira de las políticas sociales europeas, que potenciadas por las patronales europeas, pretenden acabar con lo que consideran el siguiente obstáculo que hay que superar para, con el falso fin de aumentar la competitividad de la economía europea, buscar nada más que acabar con otro de los grandes logros de los trabajadores y  los sindicatos, el derecho a la salud y seguridad en el trabajo. Así lo demuestra el descenso de las inversiones en políticas preventivas en las empresas y la continua exigencia de reformas legislativas tendentes a desregular la prevención de riesgos laborales.

El punto álgido de estas políticas es la publicación el 2 de octubre de 2013, por parte de la Comisión Europea, del programa REFIT (Adecuación y eficacia de la normativa: Resultados y próximas etapas), un documento que bajo el paraguas de conceptos como “regulación inteligente”, “simplificación legislativa” o “reducción de la carga reguladora”, oculta una de las mayores agresiones conocidas contra la protección social y del medio ambiente, la salud y seguridad de los trabajadores, los derechos de información y consulta y el diálogo social. En materia de prevención de riesgos ha conllevado, entre otras consecuencias, la decisión de no impulsar nueva legislación en materia de salud laboral en lo que resta del mandato de la Comisión, lo que supone paralizar las dos principales iniciativas legislativas comprometidas en la vigente Estrategia Europea, como son la revisión de la Directiva de Cancerígenos y la aprobación de la de Trastornos Musculoesqueléticos, y no trasladar a texto articulado acuerdos sectoriales firmados en el marco del diálogo social europeo.

La Comisión Europea se ha desenmascarado en sus pretensiones, al haber tomado la decisión de abandonar la idea de desarrollar una Estrategia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo en un contexto de crisis económica y afirmando que la prioridad debe centrarse en aliviar a las empresas de la carga administrativa de la legislación vigente. El desempleo se utiliza nuevamente como elemento de chantaje, en esta ocasión para desplazar a la salud de los objetivos centrales de las políticas comunitarias.

Las políticas del Gobierno español, insertas en esta corriente ideológica y cuya máxima expresión es la Reforma Laboral de 2012, tienen su último hito en cuestiones de salud y seguridad en el trabajo con la presentación del anteproyecto de reforma de Ley de Mutuas en diciembre del pasado año, cuyo fin principal es incidir en la persecución de los trabajadores con miras meramente económicas y sin pensar para nada en la salud de los mismos. Se abre la veda del trabajo sin derechos, con dolor y sufrimiento.

Mientras que en nuestro país un trabajador fallece al día, once trabajadores tienen un accidente grave, y 1.246 tienen accidentes leves, además de que 46 desarrollan una enfermedad profesional por el simple hecho de ir a trabajar, tanto los Presupuestos Generales del Estado como los de las distintas CCAA reflejan con claridad el posicionamiento en el lado del abandono de las políticas públicas en la lucha contra la lacra de la siniestralidad laboral.

La evolución de la siniestralidad en 2013, año de estancamiento de la bajada continua de los índices de incidencia de los accidentes de trabajo y el repunte que se está produciendo en estos primeros meses del año, deberían ser considerados como una señal de alerta sobre las consecuencias que tendría el abandono de las políticas públicas y privadas en esta materia.


Por Marisa RufinoSecretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de UGT