sábado. 02.03.2024
capitan-lagarta

Buen artículo aquel con el que el señor Simancas daba arranque a la campaña de las europeas: “A vueltas con el bipartidismo”. Excelente defensa del sistema: “La democracia española no limita la concurrencia electoral a dos partidos...”. Cierto que la ley beneficia a las mayorías por dar un puntazo de estabilidad al tablao y verdad también que es el votante quien decide. El problema es que no lo hace en libertad pues tres jugadores fulleros marcaron las cartas.  El TAHÚR UNO podríase llamar ilusión de altrnativas: los potentes emisores de marketing han comprobado infinidad de veces que presentando al consumidor dos alternativas, se fuerza la elección a una de ellas. Martillando cándidas mentes con incesantes y agotadores estímulos:“Bic naranja Bic cristal, dos escrituras a elegir”, “Fiat bravo, Fiat brava, la elección” consiguen hacerle caer en la trampa de creer que escoge. Cuando en alevoso debate a dos, el votante solo ve las opciones “PSOE o PP”, entra en la misma celada que cuando en el restaurante le ofrecen “o ensaladilla rusa o potaje de garbanzos”. El mismo Simancas construye para defender el statu quo otra preciosa ilusión de alternativas: “¿Nos interesa el sistema británico que margina a las minorías? ¿O vamos a apostar por la inestabilidad permanente del sistema italiano?”. Nos quedaremos con el nuestro, al fin y al cabo, como decía González “vivimos en el mejor de los mundos posibles”. A la corta libertad que supone elegir entre Valenciano y Cañete hay que restar ahora la que va consumir el TAHÚR DOS, la adhesión a las mayorías: los experimentos de Asch constituyen prueba científica de este curioso fallo en serie del ser humano. El capitán contará -a su manera- en qué consiste el artificio. Imaginemos dos líneas pintadas en una pizarra, la de la izquierda, que mide 15 cm. y la de la derecha, claramente más corta, de 10 cm. Cualquier persona que mirase al encerado diría que la línea A (15 cm.) es más larga que B (10 cm). Pero, ¿puede alguien llegar a decir, incluso a creer, que la línea B es más larga que la A?. Esto es lo que quiso comprobar Asch. Reunió a un grupo de personas, les mostró las líneas y les dijo que cuando fuesen preguntados habrían de decir que B (10 cm.) medía más que A (15 cm.) y debían además justificarlo. Acordada la transgresión perceptiva,  invitaron al experimento personas que nada sabían del acuerdo. El experimentador iba preguntado uno a uno a los integrantes del grupo, quienes respondían que la línea B (10 cm.) era más larga que la A (15 cm.) e iban dando razones para apoyar su juicio: “porque es evidente”, “porque salta a la vista”, “¿quiere usted que coja una regla y lo compruebe”?”, etc. Cuando llegaba el turno del “sujeto ingenuo” se producía el milagro, muchos se adherían a la opinión mayoritaria y afirmaban, como los demás, que la línea más corta era la más larga. Si entrevistásemos e estas personas, unos nos dirían que no les gusta nadar contracorriente, otros, que el grupo les hizo dudar y otros, que  veían la línea B más larga. Si esto sucede con magnitudes físicas ¿cuánta será entonces la influencia en el votante de la tendencia mayoritaria de voto en las encuestas electorales?. Si la mayoría no puede equivocarse  -salta a la vista quien va a ganar- lo que las encuestas repiten con suficiente antelación acabará siendo el destino de todo un país. Quede tranquilo el lector, la suerte no está echada; los experimentos de Asch fueron mucho más allá hasta comprobar que los grandes cambios no vienen de las mayorías, sino de las denominadas minorías activas: eso fueron PP y PSOE en sus orígenes, cuando no tenían amo; eso fue el cristianismo (todas la iglesias de hoy en día provienen de una sola carpintería); eso era en el 69 Leche Pascual, una pequeña cooperativa. Al principio de la película “doce hombres sin piedad” todas las habas parecían contadas, hasta que le tocó hablar al Fonda. El TAHÚR TRES, la ambigüedad,  dejará el contador de la libertad en cero: ¿qué sucedería si cogemos los programas electorales de PP y PSOE, les quitamos las siglas y jugamos al quién es quién?. La ambigüedad es la raíz de todas las neurosis, decía Freud, y los unos y los otros, se parecen tanto que nos están volviendo majaretas. Que no, señor Simancas, que no son ustedes iguales al PP, el capitán aún distingue bien entre fuego de arma corta y cañonazos de artillería, tampoco es lo mismo Coca que Pepsi, ni Endesa que Iberdrola, pero al cliente se lo parecen. Y el cliente de la democracia es el pueblo y el cliente siempre tiene la razón. Por tanto, sean distintos, desmárquense, ilusionen, que eso es socialismo. Cuenten, una a una, todas las preciosas mentiras del romanticismo y peleen por cumplirlas, cuatro años dan mucho de sí. Ayuden así a que la gente distinga y vote con entera libertad, sin miedo al otro, sin dolor de tripas. 

A vueltas con el bipartidismo