martes. 05.03.2024
Lecturas
Alia Trabucco / Fotografía: @nachogoberna

lecturassumergidas.com | @lecturass | Por Emma Rodríguez | Llueven cenizas sobre Santiago de Chile mientras tres jóvenes, Felipe, Iquela y Paloma, intentan encontrar sus presentes entre los escombros del pasado. Los tres han escuchado, han absorbido, las historias que les han sido contadas por sus padres y abuelos sobre la dictadura, la resistencia clandestina, las listas negras, los desaparecidos. Han sentido como el miedo, la culpa, la rabia, les eran inoculados desde la infancia y, poco a poco, han ido identificando sus frías y resbaladizas texturas, pero necesitan encontrar sus propias narraciones; hacer brotar un nuevo lenguaje de entre capas y capas de recuerdos y olvidos; dar forma al grito enmudecido, a ese legado de plomo que se ha filtrado por las ventanas de la vida, que ha llenado las páginas de los libros y acordonado los corazones.

En “La resta”, su primera novela, publicada en España por Demipage, la autora construye atmósferas de alucinación y nos conduce a planos y situaciones ambiguas: las escenas borrosas presenciadas en la niñez, las imágenes televisivas de fosas enormes, los secretos guardados muy al fondo de los cajones, las turbias experiencias sexuales, las relaciones equívocas del trío de protagonistas en su loco trayecto (itinerario, fuga, liberación) en busca de un féretro perdido en su repatriación desde la Alemania del exilio. La ambigüedad, la extrañeza, es el camino idóneo para hablar de la desorientación, de la búsqueda, de las orillas en las que se van construyendo las identidades. Y, por encima de todo, del duelo, del espeso y difuso manto del duelo colectivo. “La urgencia por sacar esas cuentas (por recopilar datos, cuerpos) es proporcional a la necesidad de un duelo que encuentra su forma contando tanto historias como muertos...”, señala en el epílogo que acompaña a la narración la escritora Lina Meruane, quien califica la novela como “un viaje iniciático sin retorno”.

Lo que hace Alia Trabucco en La resta es contar, de una manera diferente, haciendo uso de un diccionario renovado, las vivencias de su generación, una generación que no vivió la dictadura. “Sólo a través de otro lenguaje podía descubrir aspectos diferentes, hablar de esa etapa a través del resentimiento, incluso del humor, de un modo políticamente más activante, más motivador. Se trataba de salir fuera, de emprender un viaje para hallar sentidos diferentes y también de enrarecer el paisaje, los cuerpos, la sexualidad. El Santiago que se dibuja en la novela es un Santiago enrarecido, asfixiante…”, va explicando.

¿Cómo crecer asumiendo, superando, tanta tragedia, tanto dolor, tanto silencio acumulado? es el gran interrogante que abre esta novela en la que la autora ha buscado no darlo todo digerido a los lectores. “He querido plantear preguntas difíciles sobre el dolor, sobre el dolor de los padres, de los hijos… Se trata de preguntas que yo misma me he formulado, con las que he sufrido y que me han acompañado durante todo el proceso de la escritura”, asegura. Preguntas que parten de muy atrás, de la infancia, una especie de ventana desde la que ver los acontecimientos al trasluz. “Se trata de una infancia no idealizada, porque, aunque los protagonistas eran niños en los tiempos de Pinochet y en los primeros años de la Transición, también palpaban la violencia, una violencia soterrada que traspasaban a sus juegos”, señala Trabucco, para quien, esa violencia, esa rabia, siguen presentes en el Chile de hoy y hay que asumirlas sin ningún tipo de temor”.

“Nos han enseñado que la rabia, el resentimiento, son feos. Nos han enseñado a normalizar el miedo, a utilizarlo como barrera para no desestabilizar las cosas. Y es necesario que haya temblores para que surja lo nuevo”, reflexiona esta mujer expresiva, observadora, combativa, que en su paso veloz por Madrid para presentar la novela, mostró mucha curiosidad por el momento de ruptura que se está viviendo en España a nivel social y político, por el contraste entre el surgimiento de nuevas formaciones y plataformas ciudadanas, impulsoras del cambio de rumbo, y el endurecimiento de leyes de seguridad que intentan amordazarlo.

“En los procesos de transición en España y en Chile tras las dictaduras hay muchas similitudes. En Chile el pacto de silencio se rompió muy tardíamente, a los 40 años del golpe. Yo vivía entonces en el extranjero, pero justo estuve allí en esos momentos en los que, de pronto, todo empezó a salir a la luz y fuimos conscientes de lo profunda que había sido la capa de silencio ante el terror vivido...

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Alia Trabucco: “La violencia, la rabia, siguen presentes en el Chile de hoy”