sábado 04.04.2020
EXPOSICIONES

Un toque de distinción en Vallecas: el toque creativo de mi amigo, el negro Osvaldo

La exposición de 60 caricaturas realizadas por el dibujante Osvaldo Pérez D’Elías, reunida bajo el título de 'Un toque de distinción', se inauguró el 2 de marzo en el Centro Cultural Paco Rabal, de Vallecas, y sólo estuvo abierta al público una semana, si bien estaba programada hasta este 25 de marzo. El autor de esta nota, amigo personal del dibujante argentino, fallecido en Madrid en el año 2008, ante la fecha en que esta exposición debiera haber terminado, y en medio de la segunda semana de aislamiento por el estado de alarma, le rinde homenaje al artista amigo, y a su familia directa, mujer e hijo, ya integrados en la vida de esta ciudad de Madrid, y en su populoso barrio de Vallecas.

Como tantas exposiciones dignas de verse dentro de la amplitud del arte en general y de las artes plásticas con lo que tiene de su necesaria visualización presencial, quedó confinada a la oscuridad como consecuencia de las medidas adoptadas por la crisis del Coronavirus, que ha obligado a cerrar los lugares de reunión de Madrid. Es decir, que en la única semana que estuvo abierta la puede haber visto un buen número de personas, pero no tantas como hubiera querido su inspiradora Rina, su viuda, y las personas responsables del Centro Cultural Paco Rabal de Vallecas, que me consta están haciendo una magnífica labor socio cultural en ese populoso distrito madrileño. Y por supuesto, muchísima menos gente de lo que la obra de Pérez D’Elías se merece.

El dibujante Osvaldo Pérez D’Elías, desde joven estudió con maestros como Alberto Breccia, Garaycochea, y Vázquez en Buenos Aires y comenzó a publicar en 1962, a los 19 años, en la revista Rico Tipo muy popular en la Argentina

Como amigo personal, se me ocurre imaginar cómo se hubiera reído, dentro de lamentarse por esta contingencia universal y sorpresiva, como en una broma de humor negro, con ese sarcasmo tan propio de Osvaldo, quien siempre se vanagloriaba de su apodo del “Negro” haciéndotelo recordar él mismo. Aunque la procesión fuese por dentro, seguro que también en este caso, hubiera bromeado por los esfuerzos denodados de su querida esposa Caterina de Virgilio, (Rina) a quien dejó viuda hace doce años, en la línea de “Mira la que armaste a nivel mundial para quedarte con las caricaturas para tí sola.” En efecto, Rina estuvo mucho tiempo para superar la tristeza y depresión en que se vio sumida tras su muerte, y llegar a proponerse poner en pie una exposición selectiva según su propia decisión y manera, de los más de 3.000 dibujos inéditos, que ha heredado de Pérez D’Elías. Porque es muy cierto que terminó imponiendo su fuerza de voluntad, luchando contra sus propias inhibiciones y timidez, bajo una actitud aparentemente extrovertida, que bien conozco por haber sido de cierta forma su profesor de teatro, cuando en los noventa se creó algo parecido a una escuela de arte dramático dentro del marco de la comunidad argentina en Madrid. Experiencia irrepetible que también tuvo que ver con Osvaldo, cuando con el auspicio del Club Argentino también coincidía en el tiempo con el Premio Sos Gardel. Por ello me atrevo a decir que para mí está claro lo que Rina tuvo que luchar sola contra su propia depresión, durante los 12 años que han pasado después de la muerte de Osvaldo, ocurrida hace más de 12 años. Sola a pesar del cariñoso cuidado y atención que le prestó siempre su único hijo, Matías, ese chico argentino que quería ser futbolista, y pintaba muy bien, y que terminó de profesor de Educación Física en un Colegio de Vallecas. Por coincidencia del azar, o a consecuencia derivada de la proximidad, ese Colegio donde Matías imparte clases ahora, está a escasamente un par de manzanas de donde se realiza la exposición de las caricaturas de su padre, en Vallecas. Porque tenían destino de cercanía, si recordamos que cuando le preguntaban al Negro Osvaldo, si él tenía alguna preferencia sobre su prolífica obra, él solía decir que su mejor obra no había sido sólo suya, la había realizado con su mujer Rina, y era precisamente su hijo Matías.

b1Osvaldo Pérez D’Elias nació en 1943 en el barrio, en realidad debería decir, ciudad de Avellaneda, en el llamado Gran Buenos Aires. Avellaneda es un barrio rebosante de fútbol, como Vallecas con su Rayo Vallecano. Pero Avellaneda es algo muy especial, porque alberga no sólo un club de fútbol, sino dos de los llamados “5 grandes clubes del fútbol ” de Argentina. El Racing Club de Avellaneda, conocido como La Academia, fundado en 1903, y que cuando se celebraba en 1910 el centenario de la Revolución de Mayo de 1810, adoptó los colores de la bandera argentina azul celeste y blanco, para su camiseta. Y el otro, es nada menos que el Club Atlético Independiente, fundado en 1905, principalmente por inmigrantes españoles, conocido como Los Diablos Rojos de Avellaneda por su camiseta roja con cuello blanco. El primero, Racing, juega en su magnífico estadio, llamado Presidente Perón en honor a que se terminó de construir en 1950 durante la primera presidencia de Perón, con el empuje de uno de sus ministros fanático aficionado de la Academia. Independiente, en tanto, juega en su estadio Libertadores de América, en honor a ser el club sudamericano que ganó más veces, siete, ese trofeo anual de La Copa Libertadores, equivalente a la Champions, en ese continente. La particularidad difícil de creer para quienes no lo conozcan, es que los dos estadios el de Independiente y el de Rácíng, cada uno de 50.000 personas y más de aforo, están uno frente al otro. Apenas hay 300 metros de distancia entre ellos.

w1Bueno, esto que parece una digresión, es para decir que Osvaldo Pérez D’Elías tuvo un solo defecto como nativo de Avellaneda, tal vez por su humor innato, y su espíritu de rebeldía, que hasta hoy le hace decir a su mujer que no tenía pelos en la lengua: era hincha furibundo de Boca Juniors, otro club del sur, el de mayor número de “hinchas” o aficionados en Argentina, y mundialmente conocido, pero que está dentro del perímetro de la ciudad autónoma de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a no mucha distancia, pero al otro lado del Riachuelo, en el populoso barrio de su mismo nombre, La Boca.

Esa pasión por el fútbol y por su Boca Juniors, fue la que mamó Matías de su padre, como para querer ser jugador, desde pequeño, seguramente alimentada por Osvaldo. Pero, al final Matías, (como su padre me confesó un día que terminó aceptándolo), se dio cuenta que el fútbol profesional no era para él, y siguiendo su propia libertad de opción se decidió a ser maestro, como hemos dicho. Como se suele decir, en este caso rigurosamente cierto, lo perdió el mundo del fútbol pero lo ganó el noble mundo de la docencia.

El dibujante Osvaldo Pérez D’Elías, desde joven estudió con maestros como Alberto Breccia, Garaycochea, y Vázquez en Buenos Aires y comenzó a publicar en 1962, a los 19 años, en la revista Rico Tipo muy popular en la Argentina para quienes ahora ya pintamos canas. Pero luego siguió trabajando para Tía Vicenta, otra de las más importantes publicaciones de humor, creando a los veinte años su primer “comic” o historieta publicada: Siete Pelos. Y desde ahí ya no paró dibujando para todo tipo de publicaciones incluso deportivas, como El Gráfico, y Goles, que pertenecían a dos editoriales distintas en franca competencia, como podrían ser Marca y As, en Madrid. Tal era el interés en sus caricaturas. Pero, su talento siguió abriendo puertas, y seguro que su aportación fue de suma importancia para el éxito que alcanzó Satiricón, en 1972 que arrasó con todo y no dejaba títere con cabeza. Aunque ya había ganado fama antes, con comics o historietas con conocidos guionistas, en 1978 comienza a publicar diariamente en un periódico, La Nueva Provincia. Los comics que hizo para Ekorpio fueron más allá de fronteras argentinas siendo publicados por Lancie Story, en Italia.

d1En 1986 llegó a Madrid y pronto estuvo trabajando en publicaciones tan famosas entonces como Interview y Dunia, en España, y en Italia como “Playboy” y el semanario Giovedi, hasta que se convirtió en el colaborador cotidiano de ABC, y de su semanario Blanco y Negro, durante casi 20 años, hasta que falleció en Madrid, en febrero de 2008.

En el año 2018, en homenaje a los 10 años de su muerte, el periódico ABC que tiene en propiedad un buen número de sus dibujos publicados en sus páginas, a veces más de uno por día, durante 20 años, colaboró en la exposición de los dibujos de Pérez D’Elias, organizada en el Instituto de las Artes del Humor de la Fundación de la Universidad de Alcalá de Henares. En el montaje de esa exposición denominada “La Mano de Dios”, parafraseando la excusa de Maradona, por el gol que le hizo con la mano a Inglaterra en 1986, colaboró activamente otro gran dibujante argentino, que asimismo, colabora con El País desde hace años, Agustín Sciamarella, además de colega, también amigo de Pérez D’Elias. Sciamarella dijo en ocasión de esa presentación «Era un dibujante mordaz pero a la vez amable. Su trazo era preciso y sus dibujos eran de una calidad enorme, y en esta muestra podemos ver a distintos personajes que todavía hoy forman parte del imaginario colectivo. Ahí está Maradona, pero también Borges o Carlos Gardel, al que tanto quería. También clásicos como Cervantes o Quevedo e íconos contemporáneos como Salvador Dalí. Toda una galería de personajes diversos, “retratados de muy diversas formas, que todavía están frescos en la memoria de la gente». Ramón Pérez-Maura, director adjunto de ABC, dijo a su vez, que las caricaturas de Pérez D’Elías, tienen un rasgo especial en este tipo de dibujos: «El personaje al que se estaba caricaturizando siempre era reconocible».

Vaya pues ahora, en medio de este confinamiento casi generalizado de este mes de marzo, en que su exposición 'Un toque de distinción' ha estado programada pero sin poder verse la mayor parte del tiempo, este homenaje personal al amigo entrañable “El Negro Osvaldo”. Porque también lo asocio con una experiencia teatral maravillosa, que he mencionado antes en este artículo. Pérez D’Elías fue el primer dibujante que contribuyó a una hermosa iniciativa del Club Argentino en Madrid, entre fines de los noventa y principios de 2000. La instauración El Premio SOS Gardel; que se entregaba en una jornada especial de camaradería, demostrando que siempre la unidad es la mejor de las armas para combatir cualquier nostalgia, en ese caso entre gran parte del exilio argentino, y quienes habían decidido vivir acá por otros motivos. En ese homenaje se entregaba el Premio SOS Gardel, que consistía en una caricatura tamaño cuadro, realizada por Pérez D’Elías, de los premiados. Para dar una idea de su importancia y la connotación teatral antes mencionada, comenzó entregándose a Héctor Alterio, a fines de 1995, y de ahí con su primera entrega, el Premio quedó vinculado a la creación del Teatro del Conventillo, al año siguiente de 1996, y que fuera a permanecer presentando su principal trabajo hasta entre 1997 y 2002, más allá incluso de la propia Comunidad de Madrid que prácticamente recorrió con sus funciones. Pero, el Premio continuaba mientras tanto, con Alfredo DiStefano, Federico Luppi, Jorge Valdano, Alberto Cortéz, Daniel Baremboim, y Miguel Angel Solá, entre otros, y aún saltando la barrera de género, con Susana Rinaldi, todos retratados en una b2emotiva caricatura por Pérez D’Elías. En mi propia apreciación como unidad de la comunidad argentina terminó en un acto con multitudinario público en el Bellas Artes, entregándose el SOS Gardel, en el acervo argentino reconocimiento a quien ha alcanzado lo más alto en su profesión, a Imperio Argentina, aunque ya por ese tiempo no lo dibujara más Osvaldo. El Premio ha tenido aún más vida si bien ya honrando a funcionarios e instituciones.

Pero para terminar en esta nota dedicada no sólo Osvaldo D’Elías sino también a su familia en Madrid, mujer e hijo, invito al lector de Nuevatribuna a un somero repaso digital de algunas de las obras expuestas en esta exposición de caricaturas que estuvo abierta poco tiempo. Una exposición que estoy seguro que intentaremos que se vuelva abrir para nuevos públicos, como seguro estoy también que no tengo que poner nombre a pie de foto de las obras expuestas. A las pruebas me remito con el ejemplo de la de otro gran amigo desaparecido, el famoso actor Paco Rabal, habiéndose inaugurado esta muestra, precisamente, en el Centro Cultural de Vallecas que lleva su nombre. 

Un toque de distinción en Vallecas: el toque creativo de mi amigo, el negro Osvaldo
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