jueves 27/1/22
 

Cine y literatura son soportes artísticos esenciales en la vida de Ousmane Sembène; la inquietud es, por su parte, el alma del senegalés que a principios de los 60 del siglo pasado debutó en el 7º Arte con el cortometraje Borom Sarret; y Los trozos de madera de Dios es el nombre de la novela que hace medio siglo sería traducida al castellano en Cuba: “Obreros de todas las agrupaciones entraban y salían sin cesar. Pero ese día desde el amanecer, la afluencia había batido todos los récords. La gente acudía de todas partes para informarse: los ferroviarios iban a votar una huelga y cada cual sabía que esa decisión iba a comprometer su suerte”. Al fin y al cabo, la sede del sindicato, justo al lado de la cárcel, era un río de obreros.  Y esos obreros son los que, en octubre de 1947, deciden declarar la guerra (más bien, la huelga) a la administración colonial de aquellas tierras que hoy son de Senegal y Malí.

Ya en su texto introductorio, Rogelio Martínez Furé nos avisa y nos invita al fregado, el de una “singular novela de un profundo espíritu militante sobre la naciente clase obrera del África occidental, y de una amplitud, tono mayor y depurado estilo poético, que contiene algunas páginas que serán clásicas en la literatura africana contemporánea”. Se trata, en realidad, de la tercera novela de Sembène, tras El estibador negro (1956) y ¡Oh, país, mi bello pueblo!, de 1957, piezas literarias no del todo logradas a nivel creativo para los especialistas. Ahora, su lector, el de Los trozos de madera de Dios, puede trasladarse a 1960, año en el que tal obra sería presentada, dando a conocer definitivamente la pluma de quien fundaría en 1969 la Federación Panafricana de Cineastas.

Y es que, aquí, la pluma de Sembène, cada vez más afilada, nos obliga a seguir la senda de la corrupción y el racismo en el África de mediados del siglo XX. ¿Nombre del camino? Los trozos de madera de Dios, el del relato que acompaña en nuestros días al estudio titulado Dignidad o muerte, nombre de otro de los recientes libros de Txalaparta empecinados en mostrar el espíritu que algunos llaman ‘decolonial´. Su autor, el doctor en Filosofía y docente Norman Ajari, muestra en dicha narración la importancia de la lucha por la estimada dignidad, por el reconocimiento de la realidad sufrida, siglo tras siglo, por el africano dominado por el colonizador.

Ajari, por su parte, también se muestra aquí como un luchador. Como un activista. Como el activista que debe dejar patente el alcance de la marginación en la que el hombre blanco colonizador suele dejar colgado y hambriento al desafortunado indígena al que ha decidido convertir en esclavo. “Afirmar, imponer, una diferencia esencial, para cambiar así el centro de gravedad de esta época. Que nuestra mera existencia en este mundo sea ya el rechazo de lo indigno”, considera Ajari en el breve texto inicial de Dignidad o muerte. Ética y política de la raza. Todo un reto. Y una necesidad, la que ha movido a estos y otros autores a escribir estudios similares y de alcance igual de importante, como lo son Cuando te llaman terrorista (Patrisse Khan-Cullors, Capitán Swing) y La otra historia de los Estados Unidos (Howard Zinn, Pepitas de Calabaza).

Es el esfuerzo de quienes, como la mozambiqueña Paulina Chiziane, siempre han escrito con el corazón en la mano. Es… la denuncia africana. 

Ousmane Sembène (1923-2007) fue un director, escritor, guionista, actor y activista político senegalés. Está considerado como uno de los autores más importantes de África del siglo XX. Hablar de cine africano es hablar de Sembene Conocido como "el padre del cine africano".

Los trozos de madera de Dios