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lunes. 15.08.2022
JUICIOS DE BRUJAS DE TRIESEN

Los Tobelhocker: un caso singular de memoria y reparación de las víctimas

Los Tobelhocker fueron castigados al destierro, al ostracismo y al rechazo social por haber protagonizado la caza de brujas, al denunciar y condenar a sus vecinos.
castillo de Ferdinand Karl von Hohenems
Castillo de Ferdinand Karl von Hohenems.
  1. ¿Qué son los Tobelhocker?
  2. El origen de los Tobelhocker
  3. Valentin von Kriss y el fin de las persecuciones
  4. Reparación de las víctimas y memoria

¿Qué son los Tobelhocker?

Los Tobelhocker constituyen una especie de “raza maldita”-similar a los agotes de los valles de Baztán y Roncal (Navarra)- que vivían en Triesen, municipio del principado de Liechtenstein, enclavado este, a su vez, entre Suiza y Austria.

Sin embargo, al contrario que los agotes, que eran considerados herejes y brujos, los Tobelhocker fueron condenados al destierro, el ostracismo y el rechazo social, precisamente, por haber protagonizado la caza de brujas, denunciado y condenado a sus vecinos.

También conocidos como Brenner (quemadores) o fasi, sus almas habrían sido desterradas a lo profundo de Lawenatobel, entre Triesen y Balzers, donde, según las versiones, quedaron convertidos en piedra o quedaron encerrados en una cueva, condena que se convirtió en una "maldición" que afectó no solo a los responsables directos, sino también a sus descendientes hasta la novena generación, de tal forma que, se convertirían en una “raza maldita“.

El historiador austriaco Manfred Tschaikner señala que, del mismo modo que en Europa no solo se acusaba a las personas de ser brujo o bruja, también se acusaba de transmitir la “maldad” a sus descendientes, generando una “raza de brujos”, y el de Liechtenstein, es el único caso conocido en el que los antiguos acusados llegaron a invertir los términos y hacer de sus perseguidores una raza de malvados.

El origen de los Tobelhocker

El conde Ferdinand Karl von Hohenems (1650 - 1686) pertenecía a la noble familia de los Hohenems-Vaduz. Entre 1656 y 1667 cursó estudios en la escuela de los jesuitas de Feldkirch. Tutelado por su tío, no fue hasta 1675, a la muerte del mismo, cuando se hizo cargo del gobierno del condado de Vaduz y el señorío de Schellenberg que, años más tarde, darían lugar al principado de Liechtenstein.

Temperamental y propenso a la violencia, no solo despilfarró la fortuna de la familia y del condado, sino que contrajo importantes deudas. Con las finanzas del condado deshechas y los acreedores reclamando el importe de sus deudas, resolvió, en connivencia con el gobernador de Vaduz, Dr. Romaricus Prügler von Herkelsberg, desencadenar una serie de procesos judiciales, bajo la acusación de brujería, con el objetivo de confiscar las propiedades de los ejecutados. Estos procesos se desarrollaron entre 1679 y 1682 y provocaron el asesinato de un centenar de personas, la mitad hombres y la otra mitad, mujeres.

No obstante, la primera caza de brujas conocida en Liechtenstein se remontaba a 1598, si bien, se limitó a una acusada. El período comprendido entre 1648 y 1651 resultaría, junto con el indicado más arriba, uno de los más oscuros del principado en cuanto a persecuciones amparadas por la acusación de brujería, dado que se produjeron, también, un centenar de víctimas.

Valentin von Kriss y el fin de las persecuciones

Valentin von Kriss (1630–1692) fue sacerdote en Triesen entre 1664 y 1692. Partidario, inicialmente, de la persecución de brujos y brujas, pasó de advertir que los juicios de brujas se estaban desarrollando con procedimientos, no solo irregulares, sino claramente ilegales, a oponerse vivamente a la persecución, lo que le valió, no solo ser apartado de su parroquia por el obispo Ulrich de Mont zu Chur, sino ser incluido en la lista de acusados de brujería.

Sin embargo, a partir de diciembre de 1680, los acontecimientos empiezan a precipitarse: María Eberlin de Planken, una de las acusadas, logró escapar de la prisión y, a mediados de dicho mes, logró que un notario de Feldkirch enviara a los funcionarios de Vaduz una protesta y petición de revocación de los procesos judiciales que estaban llevando a cabo.

Gracias a esta protesta, otros seis condenados, se retractaron de las confesiones que hicieran -conseguidas, seguramente, bajo tortura- y se declararon inocentes. Una de ellas, era Katharina Gassnerin, de cuya inocencia se convenció Valentin von Kriss, el cual, desplegó una campaña frenética para recaudar dinero y pagar su fianza, logrando impedir su ejecución.

Si bien, no logró evitar el asesinato de otros condenados, Valentin von Kriss llegó a desplazarse a Innsbruck para alertar a las autoridades imperiales de lo que estaba ocurriendo en Triessen. Como resultado de estas gestiones, el emperador Leopoldo I formaría una comisión para investigar el asunto, la cual, no solo logró parar todos los procesos (en 1681), sino que, ya en 1682, llegó a declarar ilegales los juicios por brujería, revocar las sentencias y prohibir que se celebraran otros.

En 1684, el conde Ferdinand Karl von Hohenems fue depuesto y encarcelado en Kaufbeuren (Baviera), donde murió como prisionero.

Reparación de las víctimas y memoria

Juan Adán Andrés de Liechtenstein
Juan Adán Andrés de Liechtenstein.

Los juicios por brujería abrieron heridas en la sociedad de Liechtenstein, heridas que que tardarían en cerrarse, dado que, las familias de los acusados ​​y las de los acusadores convivían en el mismo lugar.

El sacerdote Valentin von Kriss, un grupo de opositores a la caza de brujas y los descendientes de los ejecutados exigieron, no solo una reparación material, sino, también, una simbólica, así como el castigo de los responsables.

Sin embargo, deponiendo al conde Ferdinand Karl von Hohenems, el emperador austriaco solo había abierto el proceso para colocar al frente de sus antiguos dominios a su leal consejero y experto financiero Juan Adán Andrés de Liechtenstein, el cual, adquirió el señorío de Schellenberg en enero de 1699​ y el 22 de febrero de 1712 el condado de Vaduz, en febrero de 1712. Una vez abierto dicho proceso, la corte de Viena y los tribunales se olvidaron de la justicia y la reparación, de modo que, ni las víctimas ni sus familias, recibieron satisfacción alguna.

Manfred Tschaikner considera que la falta de reparación fue lo que generó la leyenda de los Tobelhocker:

“El hecho de que hasta la fecha no se haya registrado en Europa ningún fenómeno social comparable al Tobelhocker, despierta fácilmente la sospecha de que se trata, como muchas otras tradiciones supuestamente antiguas, de finales del siglo XVIII o XIX, es decir, de académica. La idea del Tobelhocker está documentada en fuentes que datan de la década de 1780, poco después del final de los juicios por brujería”.

Así pues, resulta que es, precisamente, la falta de reparación lo que genera la reivindicación de la memoria, y no al revés, de modo que, la memoria se convierte en un fenómeno imprescindible para la reconciliación de una sociedad herida por la violencia.

Por último, y como señala Tschaikner, el de los Tobelhocker constituye, efectivamente, un fenómeno único en Europa, dado que, es el único caso en el que una “raza maldita” no está formada por supuestos o reales herejes en relación al catolicismo o practicantes de brujería (o ritos ancestrales), sino, precisamente, por los perseguidores cristianos.


Bibliografía

  • Tschaikne, Manfred  Die Tobelhocker in Liechtenstein. Nachwirkungen der Hexenprozesse bis in die Gegenwart  Anuario 2014 de la Historischer Verein für das Fürstentum Liechtenstein (HVFL).
  • Wikipedia

Los Tobelhocker: un caso singular de memoria y reparación de las víctimas