Tirant busca su sitio: 'Tirant lo Blanc' en la Compañía Nacional de Teatro Clásico
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Marta Olivas |
En 1453, Costantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, caía en manos de los turcos. Sin embargo, en una utopía casi posmoderna, Joanot Martorell, perteneciente a la baja nobleza valenciana, se dispondría a reescribir la historia apenas diez años más tarde. Una historia en la que Bizancio era salvada por un gran caballero, Tirant lo Blanc, enamorado de Carmesina, la hija del emperador. Durante la quema de libros de El Quijote, el cura se referiría a aquella obra como «la mejor novela del mundo» por desmarcarse de las novelas de caballerías tradicionales y apostar por una verosimilitud inusitada en el género.
Cinco siglos más tarde, este mito de las letras valencianas ha sido adaptado al teatro por el escritor Màrius Serra quien se ha topado con dos retos: el primero y más evidente intentar comprimir un texto tan extenso en apenas dos horas y, el segundo, el de acercar al espectador contemporáneo una historia tan aparentemente alejada de su mundo. Serra intenta que sea el clásico quien nos interprete y, por ello, su propuesta pone el foco en el drama de las migraciones a través de la estancia del protagonista en el norte de África cuando, tras un naufragio, Tirant es convertido en esclavo por el emir –aunque pronto se convertirá en un caudillo militar que conseguirá evangelizar a los infieles de la zona–. El montaje también se interroga sobre el trato al adversario en el contexto bélico a través del personaje de Maragadina o sobre las paradojas morales y contradicciones que se advierten en la configuración de alianzas en política exterior.
La escenografía de Judit Colomer, muy sobria, emplea una serie de recursos escenográficos manejados con agilidad –interesante el juego tálamo-tumba o la recreación de la tormenta en el mar– y la dirección de actores de Joan Arquè potencia el diálogo con la actualidad mediante una interpretación totalmente desprejuiciada y moderna de los personajes subrayada por el vestuario de Nídia Tusal. Destacan, en este sentido, y una Plaerdemavida (Júlia Genís) leal, astuta y pícara y una Agnès Jabbour de presencia poderosa en su interpretación de Maragadina. Por su parte, el Tirant de Quim Ávila –en el resto de funciones el papel es interpretado por Rubén de Eguía– marca el contraste entre la sensibilidad como amante de Carmesina y la vehemencia de sus actos en el combate. Con todo, el espectáculo topa con algunos problemas de tono pues, si bien se pretende respetar la ironía y el humor de Martorell en el tratamiento de ciertas escenas amorosas y de la cotidianidad del momento, la tentativa no termina de encajar. Quizá la lectura de una Carmesina (Clara Mingueza) juvenil, fresca y sensual en sus primeros momentos –y algo histriónica en los últimos–, sea una de sus muestras más evidentes. El diseño de iluminación de Toni Ubach y, sobre todo, la música de Judit Neddermann, que se convierte en un personaje más, son dos de los grandes valores de la puesta en escena que remoza con éxito el periplo del héroe y consigue hacerlo atractivo a un público más joven.
Sin duda, la escena madrileña debe felicitarse por poder disfrutar del espectáculo en catalán, el único medio para aproximarnos a la musicalidad del valenciano prerrenacentista del original.
Teatro de la Comedia. Del 17 al 26 de enero de 2025 (18:00 horas)