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jueves 19/5/22

Teodosic nos manda a casa

La selección española de baloncesto pierde el partido de cuartos de final ante Serbia por 92-89, con un triple estratosférico de Teodosic desde más de 9 metros a 4 segundos del final. Ahora queda la amarga "pedrea" de jugar los puestos del 5º al 8º.
NUEVATRIBUNA.ES / ANTONIO SANTO

Finalmente la selección no fue capaz de continuar la recuperación que parecía haberse iniciado ante Grecia. La ÑBA no estará en la pelea por las medallas de este Mundobasket de cuyo título todavía es dueña, y aún tendrá que pasar el amargo trago de dos partidos más para decidir los puestos del 5º al 8º; encuentros que sabrán a hiel pero que, en realidad, sí sirven para algo: el 5º se clasifica directamente para los JJOO de 2012. Sabe a poco si tenemos en cuenta que este grupo tenía por objetivo luchar por el oro. Es la primera vez desde 2004 que los nuestros no llegan a jugarse las medallas. ¿Fin de ciclo?

Pero así no se pueden ganar partidos: Scariolo se empeñó en mantener una defensa zonal y una numantina lucha por el poste bajo que permitió a los serbios adueñarse de la zona exterior. Y basta mirar las estadísticas de triples para empezar a entender por qué España perdió el partido: conceder 30 tiros desde la línea de 6´25 y que te metan 15 es un castigo muy duro. El combinado español estuvo a remolque de la iniciativa serbia desde el principio del partido; el descaro y el talento de los jóvenes yugoslavos (que avisan de su disposición a relevar a España en el trono de mejor equipo europeo) dominaron el juego y la creación. Nos mantuvo en el partido el acierto en el tiro de Juan Carlos Navarro y que, aún en un partido malo, la Roja de baloncesto es un equipo al que temer. Los dos primeros cuartos fueron un no parar de correr sin saber por dónde venían los golpes: al descanso nos fuimos ocho por debajo (41-49).

El tercer cuarto fue el de la resurrección: parecía que en el descanso los jugadores se habían conjurado para sacudirse la caraja de encima. Un parcial aterrador de 10-0 nos dio esperanzas y alas; pareció por un momento que los serbios iban a pagar su juventud con un bajón psicológico, que se iban a sentir avasallados, como si los españoles pudieran en cualquier momento dar un puñetazo en la mesa y pasarles por encima. Pero ni así: aguantaron el arreón y fueron capaces de volver a ponerse por encima en el último cuarto (78-86 a cuatro minutos del final). Los dos equipos fueron intercambiando golpes, manteniendo más o menos esa diferencia de 5 puntos; cuando parecía que los yugoslavos iban a despegar y darnos el KO definitivo, llegaba un triple salvador de Rudy o de Navarro para mantener las cosas en su sitio. Tras uno de estos tiros exteriores de la Bomba, a 25 segundos del final Marc Gasol clavó una canasta que nos ponía iguales: 89-89. Tocaba defender la última jugada. ¿Qué hacer? ¿Buscar la falta para, aunque fuera por debajo, tener una última posesión larga que permitiera anotar? ¿Defender el empate? ¿Intentar un robo inesperado para un contraataque definitivo...? Tras tanto nadar, los nuestros murieron en la orilla: a 4 segundos del final, Teodosic sorteó la floja defensa de Garbajosa y clavó un triple imposible a 9 metros y medio de la canasta. Ante eso poco hay que decir: es una señal. Serbia merecía ganar y ganó. Fin de la historia.

¿Qué conclusiones hay que sacar? ¿Estamos ante el fin del ciclo glorioso de la selección española de baloncesto o es un bache achacable a las bajas y a un golpe de mala suerte? Ni una cosa ni la otra. Está claro que, aunque siga siendo un equipazo, sin Pau y Calderón la ÑBA es menos; también Marc, Reyes y Navarro venían con molestias, y Ricky no ha terminado de cuajar un buen partido en todo el torneo. Pero los campeones no buscan excusas cuando llega la hora de la derrota. Scariolo no ha sabido cambiar de estrategia cuando tocaba adaptarse a las circunstancias; la libertad, la frescura y la imaginación, señas características de este equipo, han quedado constreñidas en ocasiones. Además, posiblemente el uso de las rotaciones ha sido demasiado monolítico, inalterable, como si el italiano no fuera capaz de tomar decisiones sobre la marcha: así, ayer pudimos ver cómo Llull o Navarro se iban al banco con cara de no entender nada cuando estaban haciendo su mejor juego. Si a esto le sumamos un poco de mala suerte, que algunos jugadores no han llegado en su mejor momento y que no hay un sustituto aún para la posición de Carlos Jiménez (y si lo hay - Carlos Suárez -, no fue convocado), podremos empezar a sacar conclusiones para enderezar el ritmo y llegar al europeo de 2011 con el cuchillo entre los dientes, dispuestos a defender el título de campeones de Europa. En cualquier caso, no puede negarse el compromiso y el esfuerzo de nuestros jugadores; no debemos caer en el típico juego de machacar al campeón el día que se equivoca. Sólo queda aprender de los errores y seguir agradeciéndoles todo lo que ya nos han dado.

Teodosic nos manda a casa
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