'Tengo cáncer terminal, pero estoy bien'. La dignidad del final
Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Pablo D. Santonja | @datosantonja
Hemos tenido la ocasión de leer Tengo cáncer terminal, pero estoy bien, la autobiografía gráfica de la dibujante Hilnama, editado por Norma Editorial, y el torrente de emociones no se ha dejado esperar: sobre todo admiración por la claridad con que trata un tema tan duro, y también cierta cautela por cómo algunos elementos podrían haber ido aún más lejos.
Desde el mismo arranque, Hilnama planta la voz de alguien que, a los 38 años, recibe una noticia demoledora: cáncer de colon en fase terminal. Lo que podría haber sido una obra centrada únicamente en la tragedia se transforma en un relato de resistencia cotidiana, de humor —a veces negro—, de aceptación, y, sobre todo, de humanidad. Esa mezcla de sinceridad y tono cercano es uno de los grandes aciertos: en lugar de dramatizar hasta el extremo, Hilnama consigue que sintamos su vida antes, durante y después, con sus altibajos, sus momentos íntimos y también con ese entorno que gira a su alrededor, familiar o amistoso, reajustando su propia narrativa ante la enfermedad.
La obra conecta con otras narrativas del llamado “cómic de la enfermedad”, recuerdos de la vida y la muerte al estilo de Quiero comerme tu páncreas, de Ushijima, donde el paso del tiempo y la conciencia de finitud dan una nueva perspectiva de vida. Pero Hilnama lo hace con un tono menos melodramático, más realista y directo: sin grandes subidas heroicas, sino con días buenos, días malos, tratamientos, incertidumbres y también momentos de humor muy humanos.
La forma gráfica también merece mención: el dibujo sencillo, casi minimalista, ayuda a que lo que se cuenta no se pierda detrás de un estilo barroco. Esa decisión narrativa, de mostrar lo esencial más que adornarlo, le da fuerza. Y desde un punto de vista cultural, resulta refrescante que un manga contemporáneo en Japón trate un tema tan cargado emocionalmente con una voz tan personal.
Claro que no todo funciona al ciento por ciento: por momentos se echa en falta un poco más de contexto sobre el sistema de salud o una exploración más profunda de los sentimientos de quienes rodean a la autora — más allá del foco principal — y cómo adaptan su mundo a esa noticia. Como lector, me hubiera gustado también que determinadas escenas aligeraran la carga emocional que uno asume como espectador: sí, es una historia de cáncer, sí, es seria y necesaria, pero quizá un par de instantes más de ligereza no habrían venido mal. No obstante, eso no quita que el equilibrio que logra Hilnama sea más que notable.
En definitiva, si estás interesado en narrativas autobiográficas que no rehúyen lo crudo, en cómic o manga que cuentan la vida real desde dentro, Tengo cáncer terminal, pero estoy bien es una lectura muy recomendable. Nos recuerda que, incluso ante lo que consideramos un callejón sin salida, puede haber espacio para la dignidad, la risa, el silencio, el miedo y el apoyo mutuo. Y también que la cultura —en este caso el manga— puede acercarnos a experiencias que muchas veces pensamos ajenas o lejanas.
Al cerrar las páginas, uno se queda con una sensación de sinceridad que perdura: aunque no sepamos cómo será cada día, sigue habiendo valor en contarlo.