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martes. 16.08.2022
LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

Capitalismo extraterrestre

Por Nacho Goberna | Star Trek: Gene Roddenberry que estás en los cielos...

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Gene Roddenberry (19 de agosto de 1921 – 24 de octubre de 1991): el creador de la saga estelar Star Trek.

lecturassumergidas.com | @lecturass@nachogoberna Estimados lectores humanos del siglo XXI: Me llamo Quark y soy un Ferengi. Hijo de Ishka y hermano de Rom, nací a cientos de años luz de la Tierra siendo el año 2.328 después del hombre que ustedes llaman Jesucristo. Gracias a un reciente viaje espacio-temporal que realicé al pasado de su planeta, y que comenzó en la década de los 50 del siglo XX terráqueo, he conseguido lo que todos los de mi raza anhelamos desde que tenemos uso de la única razón que a los Ferengi nos interesa, la económica: ser inmensamente rico. Entiendo que, dada la nula tecnología espacio-temporal a la que tienen acceso, ésta afirmación pueda generarles cierto escepticismo. En sus  manos estará, una vez finalizada la lectura de todo lo acontecido, dar o no crédito a lo leído.

Teniendo en cuenta nuestra lejanía, permítanme exponerles con brevedad algunos antecedentes raciales y culturales sobre la sociedad de la que, con indudable orgullo financiero, formo parte.

Los Ferengis pertenecemos a una civilización extraterrestre que se encuentra situada en el cuadrante Alfa de la Vía Láctea. Somos de baja estatura según los patrones de la Tierra, comemos todo tipo de gusanos y disfrutamos extraordinariamente cuando nos acarician en nuestros prominentes pabellones auriculares. A todos los alienígenas —los nuestros—, sean Humanos, Vulcanos, Klingons, Cardasianos o Romulanos, los tratamos con idéntica naturalidad ultra-comercial. Para nosotros no son ni suponen nada más, ni menos, que jugosas oportunidades de negocio.

En mi planeta de origen, Ferenginar, las lluvias permanecen constantes, los cielos oscuros y las hembras sometidas. En nuestra cultura el dinero lo es todo, no tenemos dioses —tenemos beneficios— , los derechos de los trabajadores son motivo de mofa y, especialmente cuando caemos en la peor de las nostalgias, aquella que nos embarga al obtener plusvalías inferiores al 500% en las transacciones comerciales, apreciamos a nuestros poetas.

“Toda la vida es negocio, y los negocios, negocios son.”: Poesía Ferengi. Autor desconocido. Año 2315. 

Según nuestros sabios, las estructuras políticas y sociales Ferengi engarzan como anillo al dedo con un credo terrestre que ustedes llaman Capitalismo. Cierto es que, a diferencia de las biblias y predicamentos capitalistas y neoliberales tan al uso en la recurrente historia de su planeta, las 285 “REGLAS DE ADQUISICIÓN” que rigen la sociedad Ferengi cuentan con un apoyo popular prácticamente unánime. Siendo reglas imperativas, forman parte nuclear de nuestras más arraigadas señas de identidad.

Regla de adquisición Ferengi número 1: “Una vez que tengas su dinero, nunca lo devuelvas.”

Indagar en la intrahistoria del creador de mi raza, del hacedor de la saga Star Trek, de Gene Roddenberry, fue uno de los dos objetivos que me impelieron a ésta correría espacio-temporal que en unos instantes pasaré a compartir con ustedes. Del otro motivo que me llevó tan lejos de mi hogar, sólo les adelantaré que estaba íntimamente relacionado con un objeto similar a una barra de labios; una pequeña cápsula cilíndrica que, presumiblemente, podría convertirme —como efectivamente ocurrió— , en el individuo más afortunado —con mayores dividendos—  de toda la alianza Ferengi. 

Fecha estelar: -369423.32334474893 

Estoy en el año 1953, ciudad de Los Ángeles, planeta Tierra. Hace calor y la humedad se ha apresurado a activar la simulación de sudor que cubre toda mi aparente humanidad. Aunque a quienes ahora me rodean les parezca uno de ellos, uno de ustedes —temporalmente mi apariencia es humana— , se equivocan.

Regla de adquisición número 19: “Los Ferengi no se hacen responsables de la estupidez de otras razas.”

Cruzo la calle evitando ser arrollado por un Cadillac convertible de la serie 62 en el que suena un tal Fats Domino. Me dirijo a la central de policía. Pregunto por el sargento Roddenberry. Está patrullando. Decido esperar. Me acomodo y comienzo a hojear una edición matinal del Los Ángeles Times que descansa en un asiento contiguo. En portada puedo ver la fotografía de un senador llamado Joseph McCarthy. El titular habla de “La Caza de Brujas”. Me sorprende que de brujos —masculino— no diga nada. En otro artículo se comenta el final de una guerra, la de Corea. Es 30 de Julio. Sigo mi recorrido en negro sobre blanco y me detengo en una noticia relacionada con lo que aquí y ahora, espacio y tiempo, me ha traído: “El jefe de policía de Los Ángeles, William H. Parker, iniciará un proceso de modernización del cuerpo dotándolo de estructuras y equipamientos paramilitares”. En los años venideros surgirán encendidas controversias al respecto. Yo lo sé, vengo del futuro, pero ellos, los habitantes de la gran urbe californiana de entonces, aún no.

Para promover la nueva medida entre la opinión pública, el jefe Parker elegirá como portavoz a un policía y ex-piloto de las fuerzas aéreas durante la segunda guerra mundial terráquea; un hombre que alterna la labor policial en las calles con su faceta de guionista para, entre otros, un radio show llamado Dragnet. Es Gene, mi creador. Nació el 19 de agosto de 1921 en El Paso, Texas. En los discursos que para su jefe escribirá opta por un lenguaje marcadamente filosófico.

Regla de adquisición Ferengi 22: “Un hombre sabio puede sentir la ganancia en el viento.”

En un principio la estrategia funcionará pero, años más tarde, un Roddenberry ya alejado de su etapa policial y enfrascado en labores de guionista y productor televisivo, comentará:

“Sólo cuando el jefe Parker olvidó que era un filósofo y comenzó a pensar que era Dios, se metió en problemas. Yo también me he metido en problemas por la misma razón.”

El costoso tiempo fuera de mi tiempo —300 barras de Latinum / hora— es finito. He de continuar. Mientras me desmaterializo se abre la puerta principal de la comisaría central de Los Ángeles. Durante un instante reconozco a mi hacedor. Un Roddenberry de 31 años terrestres regresa de su patrulla rutinaria.

Regla de adquisición número 24: “El Latinum no compra la felicidad, pero seguramente la alquila.”

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Aunque para mí han pasado segundos, para Gene Roddenberry han sido 11 años, 3 meses y 27 días. Entre medias, decenas de guiones escritos para diferentes shows en radio y televisión.

Me encuentro a una veintena de kilómetros de Los Ángeles, en Culver City. En el frontal del edificio que tengo delante puedo leer “Estudios de producción Desilu”. Es el 27 de noviembre de 1964. Hace un año del asesinato de Kennedy y 24 días desde que su segundo, Lyndon Johnson, ganó las elecciones presidenciales. Un par de operarios de los estudios comentan las últimas noticias sobre un lugar donde los árboles y aldeas arden lentamente, Vietnam. Desconozco qué es el Napalm…

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