viernes 13.12.2019
CIEN AÑOS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

El socialismo español ante la Gran Guerra

Por Eduardo Montagut | Los socialistas españoles adoptaron muy pronto una postura ante el estallido de la Gran Guerra.

Pablo Iglesias. Fundador del PSOE.
Pablo Iglesias. Fundador del PSOE.

Los socialistas españoles adoptaron muy pronto una postura ante el estallido de la Gran Guerra. El 2 de agosto de 1914 lanzaron un manifiesto en el que se acusaba al imperialismo y al capitalismo de ser los causantes del conflicto, exigiendo al gobierno español la neutralidad y se reiteraba la postura favorable del PSOE para que se abandonase Marruecos, conflicto que se había iniciado en 1909. En este sentido, el socialismo español era fiel al internacionalismo. Pero más interesante fue el discurso de Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados del 5 de noviembre para explicar las razones por las que los socialistas defendían la neutralidad y exponer que tenían preferencias en el conflicto. Así es, tanto el PSOE como la UGT no querían que España entrase en la guerra pero también anunciaban que sus simpatías estaban con el triunfo de aquellos cuya victoria era más beneficiosa para los pueblos, es decir, quedaba claro que los socialistas eran aliadófilos. Es importante esta cuestión porque al final el PSOE y la UGT se imbricaron en la dualidad del socialismo internacional, al ser, en principio contrarios a la guerra pero, al final, partidarios de una de las causas en lucha. La diferencia con sus congéneres europeos de estados contendientes era que ambas organizaciones pertenecían a un país neutral. El Socialista se decantó por la causa aliada por varias razones. En primer lugar, porque el órgano de prensa del socialismo consideraba que el neutralismo era en sí reaccionario pero, sobre todo, porque unos combatientes representaban el viejo mundo tradicional de barbarie y odios, es decir, los imperios centrales, y los otros la civilización, la igualdad, los derechos y las libertades, es decir, los aliados. La postura más aliadófila, sin obviar la crítica a la guerra, fue defendida, pues, por el propio padre del socialismo español y también por Luis Araquistáin, Indalecio Prieto, Fabra Ribas y Julián Besteiro.

Pero el socialismo español no era monolítico en relación con la guerra. En el seno del socialismo catalán, Recasens Mercadé defendía en ese mismo mes de agosto de 1914 que los socialistas, empeñados en la lucha por la igualdad contra la burguesía, no podían decantarse a favor de ninguno de los dos bandos enfrentados, porque solamente correría sangre proletaria. Estaba en la línea de la postura que la II Internacional venía defendiendo desde el Congreso de Stuttgart de 1907. El enemigo de los obreros era el capitalismo, y la guerra sería el prólogo de la revolución. Esta postura era seguida, con matices, por Largo Caballero también, por nombrar un destacado socialista.

Un tercer grupo de socialistas analizaron las causas profundas del conflicto y llegaron a la conclusión que tenían que ver con el choque de dos imperialismos, el alemán y el británico. Núñez de Arenas se destacó en esta tesis desde la Escuela Nueva.

El PSOE no participó en la Conferencia socialista de Zimmerwald de 1915 donde se culpó de la guerra a los estados beligerantes y se condenó con dureza la postura de los socialistas que habían apoyado en sus respectivos países la guerra por traidores. Tampoco se acudió a las reuniones de Kienthal y Estocolmo.

En el Congreso del PSOE de 1915, Vera defendió la ponencia oficial. El capitalismo era el culpable de la guerra pero los bandos no eran iguales. Uno era el imperialismo agresivo y el otro también era imperialismo pero con más influencia democrática. Si vencían los alemanes y austriacos habría un serio retroceso para la democracia y el socialismo. Merece la pena recordar el voto particular de Verdes Montenegro que consideró que la causa de la guerra no estaba en el militarismo ni en las decisiones de las potencias, ya fueran monarquías, ya repúblicas, sino en el régimen capitalista y, por lo tanto, el PSOE tenía que declararse completamente contrario a la guerra. Araquistáin no rebatió el meollo del argumento de Verdes Montenegro pero planteó que lo que había que buscar era la mayor o menor responsabilidad en el estallido del conflicto, que estaría en Alemania. Al final, por mayoría ganó la postura aliadófila frente a la neutralista.