CRÍTICA DE CINE

Cómo sobrevivir (viendo) a La Purga

Es posible que las películas que componen la saga de La Purga sean las más controvertidas de los últimos años, igual que en su día La naranja mecánica American History X.

Foto: culturacolectiva.com
Foto: culturacolectiva.com

Es posible que las películas que componen la saga de La Purga sean las más controvertidas de los últimos años, igual que en su día La naranja mecánica American History X, por ser películas cuyo mensaje crítico puede ser malinterpretado o malentendido por varios frentes.

The Purge(2013), escrita y dirigida por James DeMonaco, fue el comienzo: podría ser catalogada de thriller(del subgénero llamado home invasion) cuyo contexto es una sociedad donde, durante doce horas al año, se ven suspendidas todas (o casi todas) las leyes y se pueden cometer crímenes sin ninguna consecuencia legal. Le seguirían dos películas más: The Purge: Anarchy(2014) y The Purge: election year (2016), que, quizás por tener más presupuesto, cambian el formato thrillery el escenario fijo e interior por uno móvil, exterior y con más escenas de acción. Corona la saga The First Purge (2018), escrita también por DeMonaco, pero dirigida por Gerard McMurray, en donde se nos narra el origen e inicio de La Purga.

Una distopía

Lo que la saga nos presenta es una distopía, es decir, una distorsión en el tiempo en la que se representa cómo sería el estado de las cosas si pasara algo, como tomar una decisión posible o probable. Ése fue el espíritu con el que se escribieron las más famosas, como Un mundo feliz,Fahrenheit 451 ó 1984: libros que nos presentan un futuro inquietante basándose en qué hubiera pasado si los gobiernos hubieran decidido poner en marcha tal o cuál decisión. Aunque, a diferencia de estos libros, lo que aterra del futuro distópico de La Purga, y alimenta a sus detractores de buen corazón, es que no ocurre en una sociedad demasiado diferente ni en un futuro demasiado lejano, sino en el inmediato; la primera película situaba el origen de la acción después de tres años tras su estreno, en 2017, mientras que la tercera se estrenó cuando Donald Trump hacía campaña y sus eslóganes y medidas propuestas tenían cierta similitud con las leyes políticas de esta distopía (incluso esa sospecha sobre el nombre del ficticio presidente Donald Talbott). Con todo, Trump salió elegido presidente, añadiendo más inquietud hacia la posibilidad de que la distopía se pudiera manifestar racionalmente.

No obstante ya ha habido en literatura y en cine otras distopías que trataban sobre el discurso de la violencia y su empleo como método de control social. Ahí está, por ejemplo, la saga de Los juegos del hambre, aunque su distopía se basa en una distorsión tan fuerte que no supone una amenaza; pero tenemos un precedente más claro en la novela de Koushun Takami, Battle Royale(que luego se convirtió en película, protagonizada por Takeshi Kitano): ahí se nos presenta un Japón derivado en un gobierno autoritario que, para eliminar la delincuencia juvenil, decide hacer un “juego”, llevándose a alumnos de secundaria a parajes solitarios donde combatirán a muerte.

La Purga: cronología a través de las películas

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La Primera Purga– Hacia el año 2016 ó 2017 la sociedad estadounidense está en su mayor crisis desde hace tiempo: una brutal recesión económica que aumenta los índices de delincuencia e inestabilidad social; un descontento generalizado que ninguno de los dos partidos políticos tradicionales es capaz de solucionar. La aparición de un nuevo partido, llamado Nuevos Padres Fundadores de América (NFFA), con cada vez más adeptos, no hace otra cosa más que aumentar la crispación. Es un partido, quizás de ésos que presumen no ser ni de izquierdas ni de derechas, que promete solucionar los problemas del país con fórmulas más que controvertidas y hacer otra vez de Estados Unidos un gran país. A pesar de la oposición frontal de los movimientos sociales, el NFFA, apoyado por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), los banqueros, los empresarios y los grupos de ultraderecha, consigue ganar las elecciones y cambian de arriba abajo el régimen estatutario de Estados Unidos, poniendo una dictadura disfrazada y hasta un cierto misticismo nacionalista: «Dios bendiga a los EE. UU, una nación renacida». Este misticismo, basado en la renovación y el renacimiento, será el que pretenda imbuir a la polémica propuesta que pretende probar en lo que llaman “el mayor experimento social”, diseñado por la doctora Updale (Marisa Tomei): una psicóloga de la más aterradora rama del conductismo social, que asegura no trabajar ni para el gobierno ni para el NFFA. Es la idea de La Purga.

La obsesión del NFFA, que insiste en decir que ha heredado unos problemas de las anteriores administraciones, es reducir los problemas sociales, especialmente la criminalidad, cosa que podría lograrse aumentando el estado de bienestar; pero parece ser que eso no es posible, así que intentan sacar adelante una propuesta: que una vez al año, durante doce horas, las leyes queden suspendidas (con dos excepciones: los funcionarios públicos son intocables y no se permite el uso de armas consideradas de destrucción). La idea oficial que subyace a esta propuesta es que, permitiendo que la gente libere sus más bajos instintos una vez al año, sus ansias criminales se verían saciadas; algo que, arropado de nuevo por ideas pseudofilosóficas y pseudomísticas, llaman “purgarse” o “liberar a la bestia”. Para probar esta teoría deciden experimentar en el distrito neoyorquino de Staten Island, pagando a lo más bajo de la sociedad para que participe, y a otros para que permanezcan en la zona mientras tenga lugar el experimento. A pesar de las voces de los activistas que se oponen, mucha gente, frustrados, hambrientos, desesperados y violentos, se apunta al experimento. Al principio los actos no pasan de vandalismo, pero muy pronto la cosa aumenta horriblemente.

1Wikipedia - The_Purge_film_poster 

La Purga – (Año 2022) El experimento fue todo un éxito, así que el NFFA sacó su propuesta en 2017, junto a otras que implicaban un estricto control gubernamental. Las 12 horas de permisividad ante el delito, que tienen lugar desde las 19 del 21 de Marzo hasta las 7:00 del 22, se han convertido en una tradición anual, con partidarios y detractores. Pero aseguran que aquello ha funcionado: que el paro, la miseria y la delincuencia se han reducido enormemente, mientras que la economía goza de una salud inmejorable, porque, sostienen, La Purga sirve para que la gente se desahogue y se porte bien el resto del año. Para asegurar la mayor participación posible, la propuesta define la Purga Anual como un derecho de todo ciudadano. Cada quien afronta esa noche de la mejor manera que puede o quiere: los partidarios, participen o no, adornan sus jardines con índigos, que, según los Nuevos Padres Fundadores, simbolizan el renacimiento, la renovación (y quizás, como en la primera Pascua hebrea, sirva de señal para que el ángel exterminador pase de largo y deje a los habitantes de la casa en paz); y, mientras que la gente que no desea participar, sean partidarios o detractores, se atrinchera en sus hogares con las medidas de seguridad que su posición económica les permite, aquellos que no tienen casa intentan buscar un refugio seguro para sobrevivir a esta noche en especial.

El vendedor de sistemas de seguridad, James Sandin (Ethan Hawke), ejemplar padre de familia, se pone cómodo mientras activa sus infranqueables sistemas de seguridad y explica a su crítico hijo que la Purga supuso el milagro que el país necesitaba. Tiene motivos para apoyarla: sólo gracias a esa única noche ha hecho una formidable fortuna que le ha permitido residir en un barrio de lujo, rodeado de buenos, honestos y agradables vecinos. Él la apoya, pero no participa, como cree que tampoco lo hacen las buenas familias, aunque tampoco desaprueba al que decide ejercer su derecho: sólo afecta a los barrios pobres, piensa al ponerse un buen Martini mientras escucha cómo el mensaje que anuncia el inminente comienzo de La Purga advierte que los servicios de emergencia estarán suspendidos durante esas doce horas. No es su problema, y piensa que unas cuantas muertes en una única noche son un buen precio a pagar por el bienestar y la seguridad de la que los buenos ciudadanos gozan. Suena la sirena que anuncia el comienzo: mientras los cachorros de las familias bien buscan una víctima sobre la que purgarse, para él no es una noche muy distinta…

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La Purga: Anarquía– 21 de Marzo de 2023: los medios de comunicación se hacen eco, como todos los años, del bienestar que ha supuesto la medida de La Purga: un estado económico inmejorable. Pero en los barrios obreros nada ha cambiado realmente: hay que hacer verdaderos malabares para sobrevivir y hay quien toma drásticos sacrificios por los suyos. La gente pobre que odia esa noche se atrinchera en sus casas con tablones, clavos y pistolas baratas que compran a los pequeños traficantes en las calles: poco dormirán, atentos a cualquier ruido que pueda avisarles de que alguien intenta entrar en su casa; pero también hay quien hace cenas: una excusa para reunir a la familia. A poco tiempo del inicio ya se empieza a ver por las calles a los participantes, portando estrambóticas indumentarias y grotescas máscaras y maquillajes: una tradición que data de la primera purga. Mucha gente la vive casi como una fiesta, y es un fenómeno bastante democrático: no son sólo los matones, los psicópatas, los delincuentes de baja monta, las bandas callejeras, los frustrados y algún flipado hambriento de fuertes emociones, también los ricos participan, pero de una manera más ritual, profunda y, por supuesto, sin arriesgar sus vidas. También hay quien aprovecha para resolver sus rencillas, quienes la aprovechan para impartir algún tipo de justicia social y quienes oyen la llamada del líder revolucionario Carmelo Jones (Michael K. Williams) para defender los barrios pobres: «Este año, ¡contraatacaremos!». Los pobres siempre han sabido lo que purgarealmente significa: que los pobres se maten entre ellos y maten a otros pobres. Ésa, y no otra, es la razón por la que se reduce el paro, la delincuencia, los gastos sociales…, y la población que, dirían algunos, supone un gasto: de mendigos a obreros y parados. Ésa, y no las razones hipócritas de tener derecho a ello, de renovarse, de sacar a la bestia, de purificarse… El Estado miente a sus ciudadanos y lo triste es que en los barrios pobres hay quien se cree esas mentiras y, como hacen los poderosos, se autojustifica con esas razones para satisfacer sus bajos instintos.

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La Purga: Año electoral – 2040: la senadora Charlene “Charlie” Roan (Elizabeth Mitchell) se presenta a las elecciones presidenciales. Su medida estrella es la abolición definitiva de La Purga, y no sólo porque se haga eco del descontento social en torno a ella y porque conozca la mentira que subyace, sino porque 18 años antes perdió a su familia en esa noche. Rodeada de las medidas de seguridad que coordina el sargento Leo Barnes (Frank Grillo), se indigna al ver en la advertencia del sistema de emergencia que anuncia la Purga una novedad: la prohibición de atentar contra los funcionarios públicos ha sido revocada, dando a entender que los políticos son como el resto de los ciudadanos. Tanto ella como su jefe de seguridad, que sabe que el gobierno no se queda quieto la noche de La Purga, conocen lo que se esconde detrás de este motivo. Los Nuevos Padres Fundadores tienen miedo de que ésta pueda ser la última, y con razón: el Movimiento Anti-Purga, liderado por Dante Bishop (Edwin Hodge: único actor que aparece en la tres primeras películas), ha revelado unos documentos donde se demuestra el gran engaño de la Purga: que sólo ha servido para que los miembros del NFFA, a través de la NRA y las compañías de seguros, se enriquezcan a costa del sufrimiento ajeno. A pesar de acusar al Movimiento Anti-Purga de atentar contra los miembros del NFFA, cada día tiene más adeptos y simpatizantes.

El partido está inquieto, y aunque no duda del carisma de su candidato a presidente, el integrista reverendo Edwidge Owens (Kyle Secor), ideólogo de la mística de la Purga, ve ya peligrar su estatus de poder: si la Purga desaparece, ellos también lo harán. A lo largo de estos años fue perdiendo bastante apoyo entre la población, pues aunque hay descerebrados que vienen desde el extranjero para participar, son muchos los que desafían la peligrosidad de la noche y se prestan voluntarios a socorrer a los heridos en ambulancias blindadas.

 Sobreviviendo en La Purga

La sociedad de la Purga es bastante parecida a cualquiera: una sociedad que se divide entre los que se creen las mentiras gubernamentales y los que no, pero que no pueden hacer nada contra ellas más que resistir. Las mejoras sociales y económicas que el gobierno del NFFA se jacta de haber producido son percibidas solamente por los estamentos ricos de la sociedad, mientras que para las clases bajas todo sigue bastante igual, con el horrible añadido de que una vez al año tienen que tener un oído pegado a la puerta por si alguien quiere entrar en su casa. Se deduce, además, que las leyes penales de esta sociedad son extremadamente duras: así se alimentaría el ansia de delincuencia. Es casi un regalo: 12 horas de absoluta libertad por todo un año de represión brutal.

Es como si, por doce horas, el Estado ceda el monopolio de la violencia que suele ostentar a sus ciudadanos y que se apañen con ella como les venga en gana. La norma es que todo delito está permitido, pero todos se ven desplazados por el asesinato más brutal. Una cosa que llama mucho la atención de la saga es la ausencia del delito más repugnante junto al de asesinato: la violación. Es posible que los responsables no hayan querido tentar mucho más al destino, ya que las películas por sí constituyen una crítica atroz contra el sistema. A fin de cuentas, ¿quién quiere purgas teniendo a La Manada?

Pero la gente pobre sabe que ese regalo de libertad es exactamente lo contrario: el más terrible medio de control social, de tener sometidos a unos por el miedo y a otros por la mentira. Porque la cruz de la moneda es que son 12 horas en la que los ciudadanos están absolutamente desamparados por el gobierno, ya que los servicios de emergencia y seguridad (excepto los gubernamentales y otros, adivinamos) se suspenden; 12 horas de apáñatelas como puedas: mata o déjate matar. Es la lectura suprema del capitalismo más exacerbado. La Purga es una tradición totalmente democrática: todo el mundo puede participar, pero en su versión neoliberal: todo el mundo puede participar y se le anima a ello, pero bajo su responsabilidad, como cuando en los años 20 se animaba a la gente a convertirse en pequeños inversores, llegó el 29 y la gente se tiraba por las ventanas, mientras otros se habían enriquecido con la especulación. Puedes intentar participar y creer que eres lo más cabrón del mundo, un hijoputa a tener en cuenta, pero siempre habrá alguien más hijoputa que tú, y ahora no hablaba de la Purga.

El sistema de la Purga es bastante perfecto. Un partido como el ficticio NFFA siempre cuenta con apoyos entre los estamentos que detentan la riqueza, pero también, a través de discursos populistas y tremendistas, consigue apoyos entre ciertos elementos de las clases bajas que tengan una situación económica desesperada y/ o muy baja capacidad crítica. Así que, a parte de los banqueros y los empresarios, tiene el apoyo de los frustrados, los supremacistas, los neofascistas y de los delincuentes.

Las razones por las que algunos apoyarían la Purga son esas 12 horas de absoluta libertad, de hacer lo que quieras sin consecuencia alguna: un campo abierto para poder llevar a cabo aquello que las leyes te dicen que está mal. Pero el partido cuenta ya con un factor: que cualquier delito, desde el escándalo público hasta el robo, pasando por actos vandálicos, se verá desplazado por el del asesinato: algo con lo que ya contaba desde que llevaron a cabo su experimento. Por lo que el discurso de libertad de la Purga es una farsa total: es para librarse de aquellos que lastran su sistema económico, es decir, los pobres. Es como una ratonera: una trampa donde el pez pequeño es comido por el grande.

A través de sus participantes usuales, se nos presenta gran parte de la fantasmagoría tenebrosa de Estados Unidos, que sería la que alegremente participaría:

PANDILLEROS: una verdadera lacra que medra en los barrios pobres, controlando el narcotráfico en ellos; en una noche como ésta, a parte de dar rienda suelta a sus instintos asesinos, la utilizarían para saldar cuentas entre ellos.

SUPREMACISTAS/ NEONAZIS: generalmente con preparación para-militar, emplearían esta noche para llevar a cabo una limpieza étnica. El cráneo del abuelo, pudriéndose bajo su capucha del Klan, sonreiría satisfecho y orgulloso.

PSICÓPTAS, SÁDICOS Y ASESINOS EN SERIE (aunque todos se reducirían a este grupo): por suerte no abundan, pero existen. No habría para ellos mejor oportunidad que esta noche. Aunque, como se trata de una psicopatología, hay serias dudas de que se contentasen con una noche al año y el resto se fueran a dormir.

FRUSTRADOS: siendo una diversificación del psicópata, el tristemente llamado lobo solitario: un sociópata o marginado social que alimenta su inestabilidad mental con ideas muy dañinas: tendría su excusa para llevar a cabo su plan y que la ley no cayera sobre él.

NIÑOS MIMADOS: independientemente de la clase social, son esos chavales demasiado acostumbrados a obtener lo que piden, y si no se les da se cogen sus berrinches; para ellos es una noche ideal: todo está al alcance de su mano porque nadie les va a decir nada: ¡que se atrevan a hacerlo!

ADRENALINÓMANOS/ FLIPADOS: sería un conjunto de gente algo extraño: hambrientos de sensaciones extremadas, participarían para experimentar el subidón de endorfinas que supone matar. Algunos simplemente organizarían duelos o peleas letales entre ellos, pero, desde luego, éste sería el conjunto más inquietante porque no tiene ninguna razón ni necesidad real de matar: es ese vecino tuyo que generalmente es muy majo y siempre te da los buenos días, pero que una noche al año parece perder totalmente el norte y no le importa matar a quien sea sólo por divertirse, porque se deja llevar por el espíritu de la fiesta, como ocurre en algunas, porque, ¿es que no te has enterado? ¡¡¡ESTO ES UNA FIESTA!!!

Mirando cómo las distintas personas encaran la noche de La Purga, ésta puede entenderse como una anti-fiesta, y de hecho tiene mucho de algunas de las más populares de Estados Unidos, además de que en la tercera se la llama así descaradamente. Los momentos previos se viven con cierta impaciencia de cuenta atrás, como en los momentos previos a la cena de Navidad, además de ser una noche para estar en casa con los tuyos y no en las calles. En las horas que anteceden ya se empiezan a ver fantoches violentos con miradas amenazadoras escondidos tras rocambolescas máscaras de todo tipo: es casi un Halloween en el que irán por las calles y de casa en casa pidiendo “Truco o trato”. «¡Es el Halloween de los adultos!», grita el vendedor de máscaras en la tercera película. Y, en las últimas, alcanza tal fama mundial que vienen desde el extranjero para participar, como si fueran los Sanfermines navarros. Amén de ser una noche en la que todo está permitido, como en los Carnavales. Pero lo mejor está en cómo cada grupo social lo celebra: se deduce que en las primeras purgas sólo participaban los pobres, pero en algún momento los ricos se sumaron a su manera.

Los pobres no pueden darse el lujo de no participar si no quieren, porque los participantes y los sucesos más violentos están en su propio barrio y saben que podrían entrar en cualquier momento y armar una escabechina, además de que los comerciantes locales pueden verse arruinados si no contratan un buen seguro. Los participantes, por su lado, saben que se exponen a ser matados. No es un acto en el que pueda participar cualquiera; como dice Dmitri (Y’lan Noel): «No todo el mundo puede ser un gángster: eso se lleva dentro».

La Purga de los ricos es más segura y a la vez más compleja. Los que no participan, como han gastado una gran cantidad de dinero en medidas de seguridad, pueden dormir a pierna suelta y no enterarse de nada. Por su parte, los que participan se reúnen en familia o en cenas de gala y, como en su Acción de Gracias, rezan la letanía dando gracias y bendiciendo a los Nuevos Padres Fundadores y a los Estados-Unidos-de-América-Una-Nación-Renacida. Con mucha más hipocresía que los deshechos que aterrorizan los barrios pobres, han sacralizado la Purga de la manera más cínica posible, convirtiéndola en una especie de experiencia religiosa e incluso de rito de iniciación. Por ello, al contrario que los pobres, suelen preferir las armas blancas a las de fuego, por tener un sentido mucho más ritualístico. Por supuesto, su celebración es más íntima, más privada y, desde luego, más segura: al contrario que los participantes pobres, no se exponen a ser muertos por otros participantes. Aunque es una noche en la que puede pasar de todo…

Y, finalmente, cómo lo celebran los miembros del NFFA y sus simpatizantes: en una misa anual privada celebrada por su líder religioso, justificador de la Purga por su nueva mística, como si fuera la Misa del Gallo. Nadie sabe lo que acontece ahí...

Es una anti-fiesta que cada cual enfrenta como puede. DeMonaco podría haber coronado el humor negro que aparece intermitentemente en estas películas y haber incluido algún tipo de desfile previo, como los de Acción de Gracias o Navidad, con carrozas y globos patrocinados por la Asociación Nacional del Rifle, la Nación Aria o el KKK.

Así que una vez al año puedes hacer el bestia y, si sobrevives, no te pasará nada, porque al estar suspendida la ley, no ha habido delito. Claro, te arriesgas a que te señalen los conocidos que te vieron esa noche: en ese caso puedes usar máscaras y disfraces para que no te reconozcan y te señalen como un sujeto peligroso. Pero, ¿consecuencias morales? El NFFA también ha pensado en ello a través de su mística y con la justificación moral de sus jefes religiosos: precisamente es bueno desde el punto de vista moral, porque en esa noche puedes sacar toda tu rabia y tu odio acumulado y así limpiar, purgar, tu alma de los deseos nocivos y los bajos instintos y, de esta manera, ser un ciudadano honrado al día siguiente. La definen como una Catarsis: la purificación de los afectos (dijo el viejo Aristóteles). Como buen partido fascista, aunque no lo reconozca, ha retorcido la religión y su moral  tan a su favor, que incluso han creado una nueva eucaristía, una nueva moral y nuevos ritos. Aunque mates, alcanzarás el Cielo, y precisamente por eso. Es una excusa, una justificación místico-moral para que des rienda suelta al sadismo.

“Atado, y bien atado”, como dijo un famoso purgador.

Son las 7 de la mañana y suena la sirena que anuncia el final de la Purga, como si fueran las campanadas de Año Nuevo. Si esa sirena suena a las 19 del día anterior crea un sentimiento perturbador; pero si es la de las 7 de la mañana, su sentido es de alivio: la gente da gracias por haber sobrevivido un año más y puede volver a sus vidas normales. ¿Seguro? ¿Toda esa ira desatada durante la noche no hará que desconfíes de tus vecinos, parientes y amigos? ¿De aquella persona que suele ser excelente, pero que en esa noche se vuelve loca? ¿No habrá represalias por parte de la fuerza pública o de otro tipo? Y, sin que constituya spoiler alguno, la pregunta que te asalta cuando acaban las películas y se oyen las sirenas de policías, bomberos y ambulancias, mientras los reporteros informan de los destrozos producidos por los disturbios, es si merece la pena todo ese gasto que supone reparar las heridas en las ciudades tras esa noche. Preguntas que James DeMonaco deja en el aire.

Purga en el imaginario colectivo estadounidense

Para entender un poco lo que la saga de la Purga implica, hay que comprender también a la sociedad estadounidense actual y algunas de las cosas que han pasado por allí. Tenemos que entender la polémica existente en torno al control de armas, que divide a la opinión estadounidense: según su Constitución, la posesión de un arma por cualquier ciudadano es un derecho, y quienes siguen defendiendo esto se niegan a ver el funesto fruto del derecho a la venta indiscriminada de armas que trae consigo: que eventualmente una persona, independientemente de su estatus social o de su ideología (aunque generalmente suelen coquetear con ideas peligrosas), que se sienta frustrada, marginada o por la razón que sea, sin descartar desequilibrios mentales, se haga con un arma y decida acometer una carnicería. Al día siguiente, cuando los dedos más críticos señalan a la Asociación Nacional del Rifle (NRA), ésta, en su cinismo, se defenderá diciendo que si las víctimas hubieran tenido armas aquello no hubiera pasado, y sermoneará con su discurso de los “buenos” y los “malos”, como si tuvieran alguna autoridad moral para repartir los carnets de bondad o maldad. Un discurso que apoyan personas como los autoproclamados patrulleros de la frontera, que cazan emigrantes hispanoamericanos, los grupos neofascistas y los supervivencionistas, pero también la gente que tiene miedo de experimentar esos sucesos. En ese sentido, la idea de que la gente pueda ceder parte de sus libertades y derechos por una mayor seguridad o estabilidad, junto a la amenaza que supone que los mercados acumulen cada vez más poder y las políticas que permiten que una pequeña parte de la sociedad se enriquezca a costa de la inmensa mayoría, constituye lo que pienso que es realmente el mensaje de las películas: un severo toque de atención.

Es posible que, en su historia, Estados Unidos no haya conocido algo parecido a una purga, como tristemente sí la han probado, y la prueban, otros países por distintos motivos, aunque sí es cierto que tiene un amplio historial de violencia, como todos los países: Estados Unidos vivió momentos en los que la violencia se adueñó de las calles y los campos, desde los linchamientos de los negros y las acciones del KKK, hasta los disturbios raciales que tuvieron lugar en los años 60 en los barrios con población eminentemente afro-americana, sin olvidarnos de un fenómeno que constituye parte de su realidad social más triste: el imperio de la violencia en los barrios pobres por las bandas callejeras. Pero quizás para la saga haya habido un precedente en un suceso que tuvo lugar en el siglo XIX: las revueltas de Nueva York, que también se reflejaron en la película Gangs of New York (Scorsese, 2002), que disgustó a parte de la población y de la crítica por violenta, mientras que los historiadores aseguraban que las escenas se quedaban muy por debajo de lo que ocurrió realmente.

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“Carmelo Jones (Michael K. Williams): líder del Movimiento Anti-Purga”

Y hablando de los disturbios de los 60 y de los problemas raciales, no puedo pasar por alto lo que parece un guiño en el Movimiento Anti-Purga al movimiento revolucionario afro-americano de los años 60: el Partido de los Panteras Negras. No se puede negar que hay mucho de ellos en este movimiento real, controvertido por algunas de sus acciones, pero que se había autoimpuesto la labor de defender los barrios negros de la violencia policial y de las pandillas, de educar a los chicos para que no cayeran en la delincuencia y tratar de mantener alejada la droga de los barrios. En la saga el tema racial no está del todo explicitado, pero el hecho de que la mayor parte de la población trabajadora y pobre sean negros e hispanos no es en absoluto una coincidencia en la realidad.

¿Pro-Purga o Anti-Purga?

He puesto la saga a la altura de dos famosas películas porque, incluso a día de hoy, su mensaje puede malinterpretarse para bien o para mal. La naranja mecánicanos hablaba de medios de control social e individual, de si es ético manipular la conducta de un individuo, pero muchas personas opinan que es una apología del fascismo o de la extrema violencia. Algo parecido ocurre con American History X, una película que es una denuncia de la intolerancia, pero que, por algunas de sus escenas, se ha convertido con plena injusticia en una película de culto entre neonazis. Esto suele suceder cuando tomamos un mensaje demasiado literalmente, cuando no nos paramos a discernir entre lo que vemos y entre lo que el director nos está contando a través de las imágenes: cuando no vemos el negativo.

Lo mismo le ocurre a la saga La Purga. Aunque el mensaje que nos transmite es suficientemente claro, es casi inevitable que ciertas personas tomen el mensaje y lo retuerzan a su favor, y que ciertos grupúsculos o individuos deleznables piensen que sería una buena idea, aunque esos tipos ya aparecen representados en las películas y no salen bien parados ante el público. Claramente me agrada más alguien que diga que no le gusta esa película porque está llamando a algo muy serio, que alguien al que le guste porque piense que participaría para eliminar ciertos “deshechos” a su juicio: evidentemente, éste no ha entendido nada en absoluto.

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“Especulador linchado (La Purga: Anarchy)”

La saga tiene algo de catártico: te muestra una realidad alternativa, cómo sería ésta, y después respirar aliviado porque lo que acabas de ver es mera ficción. Es un serio toque de atención sobre a qué tipo de sociedad se podría derivar cuando, ante situaciones de crisis de cualquier tipo, aparece alguien con soluciones milagrosas que embauca a los pobres mientras ya goza del favor de los poderosos. ¡No, idiota! No te fíes de aquel que dice no tener una ideología y tiene el favor de los ricos, que parece que no hayamos aprendido nada.

Pero también sobre nosotros mismos, sobre cómo llevamos ciertos asuntos: cómo nuestros miedos y nuestro egoísmo a menudo embotan y hasta destruyen nuestra más elemental capacidad de empatía y de misericordia, y sobre cómo desoímos algunas advertencias porque los medios de comunicación se empeñan en disimular o incluso ridiculizar a quienes las lanzan. Habrá quien piense que no pasaría que se ridiculizara a los que protestan contra la implantación del experimento de la Purga mientras en manada la gente corre a apuntarse por la razón que sea; pero la realidad que estamos viviendo nos dice que sí: los del “si tanto te preocupan los inmigrantes, mételos en tu casa”, los del “los de aquí primero”, los del “que se maten entre ellos”, los que se definen fans de la Manada… Y aquellos que nos insultaron de mil maneras, diciendo unas barbaridades que clamaban al cielo, cuando nos opusimos a la guerra de Iraq porque no queríamos que muriera gente, y resultó, como tantas otras veces, que todo era mentira, y que los que apoyaron la guerra o eran unos ignorantes movidos por el miedo o unos hijos de puta. O reaccionamos y recuperamos los valores morales elementales, o estamos perdidos.

Si hubiera que calificar a la saga en un género, ése sería el de terror, porque consiste en representar situaciones verosímiles en las que se produjera cierto pánico. Por supuesto que nadie en sus cabales querría algo así, pero quizás ya se esté practicando de una manera más sutil y no nos hemos dado cuenta, y de hecho ya ha pasado. Tienen medios más sutiles, como cuando introdujeron la heroína en los barrios pobres a modo de plaguicida; ahí tenemos ciertas medidas destinadas a recortar gasto público en educación o en sanidad, porque dicen que no hay más remedio, mientras vemos enriquecerse a los especuladores y cómo la ley favorece siempre al poderoso... Quizás ésa sea la razón de que un gobierno deje a su suerte un barco cargado de inmigrantes, o que pueblos muy dignos ellos elijan a verdaderos sociópatas para gobernarlos. Mejor vivir en la mentira y seguros que descubrir que no les importas nada.

Hay gente que dice que no les gusta la película porque da ideas. Y, aunque alabo su buen corazón, también hay que decir que no da ideas, porque esas ideas podrían salir o haber salido ya en cualquier momento con o sin película: ya ha habido precedentes de purgas, y las hay: aunque quizás los estadounidenses lo vean como algo harto improbable, y en el llamado occidente hay métodos mucho más sutiles, preguntad en buena parte del continente africano. Si quieres mi opinión, las películas de la saga no pasan de ser de Disney en comparación con otra película que sí narra una purga real y no demasiado lejana en el tiempo: Hotel Rwanda.