miércoles. 28.02.2024
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Keita |

El cine documental no tiene unas fronteras formales, ni mucho menos se debe a unas estructuras o modelos deliberadamente cerrados y, cuando nos enfrentamos a uno, lo hacemos desde una posición abierta al conocimiento, a lo diferente y, sobre todo, a lo que va a desvelarse de una realidad que no conocemos. Aun así, un buen ejercicio documental no debería caer en el reportaje ni en la expulsión de información a mansalva, ni muchísimo menos en lo vagamente publicitario.

Rioja, la tierra de los mil vinos es el nuevo trabajo de José Luis López-Linares como director, un genio del documental español que ha tenido notoria presencia en los certámenes de los Goyas, teniendo en su haber tres de estos galardones.

En esta última creación, el director nos traslada a las tierras riojanas y a todo el camino que emprende la industria del vino, desde un prisma social hasta la propia funcionalidad del proceso.

En primer lugar, el peso del filme reside en las imágenes, todas armoniosas y mágicas que, honestamente, conforman un universo encantador y, en ocasiones, erótico a nuestra vista. Incluso la inmensidad completamente apabullante de las bodegas, junto con la música, nos transporta a una fantasía medieval o, en algunos casos, casi futurista. Hay una belleza indudable en aquellas imágenes que se recrean en la vid y en los procesos de producción, planos detalle que se empapan de púrpura y dotan a la cinta de ese toque idealista del que hablan los profesionales. Hay, por tanto, una romantización de los procesos de fabricación que, para mi sorpresa, no desentona en absoluto ni cae en lo ñoño ni en lo remilgado.

El dilema está cuando se da una jerarquía de imágenes, y así ocurre. Las entrevistas y algunos planos resultan poco trabajados en contraste con las secuencias del líquido, de los trabajadores y de las viñas. Poca estabilidad del encuadre y, en contra de lo que reza la propia película, un montaje bastante pobre.

Con respecto a la narrativa, no hay. No se nos permite empatizar con aquellos que nos cuentan su realidad más allá de las adorables y breves secuencias de David Moreno y sus hijas o los breves parlamentos del resto de bodegueros sobre sus infancias. Es una amalgama de anécdotas despersonalizadas que no despiertan en absoluto ese apego por la tradición y la familia que pretende.

Como no podría ser de otra manera, también nos encontramos con figuras intelectuales en la materia, viticultores, bodegueros y enólogos que, con cierta pretensión de informar a un espectador totalmente desconocedor, caen en una marabunta de tecnicismos apilados entre titulares cursis al estilo de “beber vino es compartir”. Por no hablar de las vacías aportaciones de Pepe Viyuela, una figura que funciona como “la presencia del primer famoso riojano que hemos encontrado y que dé un poco de publicidad”. Resulta tan insulso como montar la opinión de un cantante granadino en un documental histórico sobre el Reino nazarí de Granada. Y es ahí hasta donde desciende el documental, a lo publicitario, al anuncio de perfume y al reportaje de mediodía.

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Es cierto que la información puede resultar interesante, especialmente cuando se insertan las fotografías antiguas o se habla de la plaga de la filoxera, y es curiosa la relación que se plantea entre la propia geografía, el Ebro, y el producto, también la dicotomía entre tradición y progreso, pero no existe un contexto histórico y cultural detallado que nos permita entender La Rioja. El espectador intuye que hay una buena historia que no se le cuenta.

En resumen, se trabaja una temática desconocida para muchos y sumamente interesante desde un formato trillado y tipificado desde el plano visual y, sobre todo, en el nivel narrativo. Un par de profesionales, infancias entre las viñas, padres e hijos que se dedican al mismo oficio y algunas personas extranjeras que se han enamorado de la tierra, en esencia, un reportaje rápido y torpe con pretensiones de erguirse grande. El resultado, un folleto turístico y una sinécdoque repetitiva vino-región, flaco favor publicitario a una tierra tan amplia, diversa y seductora como La Rioja.

'Rioja, la tierra de los mil vinos': vinos con grandes historias (sin historias)