domingo. 21.07.2024

Aprobada la Constitución de 1869, en la que quedaba aceptada la monarquía, lo que había que hacer era buscar un rey que aceptase el trono español, pues había quedado claro la expulsión de los Borbones de España.

A pesar de esto seguía existiendo la oposición del movimiento republicano puesto que no acató el acuerdo mayoritario de la coalición revolucionaria de aceptar el sistema monárquico. Lo que provoca que se desarrollen alternados por todo el territorio nacional, creando una gran inseguridad.

El Gobierno provisional presentó a las Cortes un proyecto de ley para que se declarase en suspenso las garantías constitucionales mientras durase la insurrección y se le autorizase a declarar el estado de guerra en aquellos lugares del país en los que se requiriese una intervención armada para restablecer el orden.

Bajo el amparo de este decreto, el general pudo reprimir los brotes republicanos en Zaragoza, Alicante y Andalucía. A finales de noviembre, una vez restablecida la tranquilidad, la ley fue derogada y pudieron ser restablecidas las garantías constitucionales.

La búsqueda de un nuevo rey dividió a la coalición revolucionaria, pues cada partido pretendía nombrar a un candidato que favoreciese sus intereses particulares. Los unionistas querían al duque de Montpensier, Antonio de Orleans que estaba casado con la infanta Luis Fernanda, hermana de la destronada Isabel II.

El reinado de Amadeo de Saboya duró dos años y dos meses. Había llegado con un desconocimiento absoluto de las costumbres, de la mentalidad y careciendo de una información política con la que se regía España

El duque de Montpensier había intrigado y aun suministrado fondos a los revolucionarios, así como subvencionado periódicos para colocar en buen lugar su candidatura.

El duque de Montpensier tenía dos obstáculos que le impedirán ser el candidato:

  •  El primero fue el duelo que tuvo el doce de marzo del año 1870 con Enrique de Borbón a causa de las acusaciones que había vertido diciendo que era un truhán político e hinchado pastelero francés. En dicho duelo murió Enrique de Borbón.
  • El segundo aspecto fue la negativa de Napoleón III que no quería ver en el trono de España a la hermana de Isabel II o a su marido. Napoleón III comprometió en la oposición al mismo general Prim.

Demócratas y progresistas planteaba que fuera Fernando de Coburgo, que era viudo de la reina de Portugal, María de Portugal. Esta candidatura podría constituir en un futuro la base para una posible unificación con Portugal. Sin embargo, esta opción no era bien vista por Inglaterra y Francia. El propio Fernando de Coburgo rechazó tal propuesta.

Atentado contra Amadeo de Saboya el dieciocho de julio del año 1872
Atentado contra Amadeo de Saboya el dieciocho de julio del año 1872

El general Prim se esforzó por nombrar al archiduque Leopoldo Hohenzollern-Sigmarigen, pero Francia mostró su oposición pues alegaba el peligro que correría el equilibrio europeo de ser aceptada dicha propuesta.

Hubo también el intento de proponer al general Espartero, pero el duque de la Victoria rehusó las peticiones que recibió en este sentido, alegando su edad y su cansancio político.

El día dieciséis de octubre del año 1870 tuvieron lugar las votaciones en las Cortes para la elección del rey con el siguiente resultado:

Amadeo de Saboya……………………………………… 191 votos

La república federal……………………………………….. 60 “

El duque de Montpensier………………………………… 27 “

El general Espartero………………………………………. 8 “

Alfonso de Borbón……………………………………….... 2 “

La república unitaria………………………………………. 2 “

La república…………………………………………………. 1 “

Por los duques de Montpensier…………………………. 1 “

En blanco…………………………………………………… 19 “

El número de diputados ese día era de 334, el presidente de las Cortes, Ruiz Zorrilla, proclamo a Amadeo de Saboya como nuevo rey de España.

Las Cortes nombran una Comisión para que se trasladara a Italia con el objetico de acompañar al rey hasta Madrid. La gran desgracia de Amadeo de Saboya fue que, mientras se dirigía a España, su principal valedor, el general Prim sufría un atentado en la calle de Madrid del Turco. 

Tres días después, el treinta de diciembre, el líder progresista moría quedando de esta forma huérfana una monarquía cuyo futuro se presentaba lleno de dificultades pro la situación social y política de España.

Amadeo de Saboya había nacido en Turín en el año 1845 y había recibido una educación plenamente liberal como correspondía a la corte piamontesa sobre todo a partir de las revoluciones del año 1848.

Ya en el año 1866 había visitado varias regiones españolas en un viaje de estudios. Un año más tarde se casaba con la princesa María Victoria del Pozzo della Cisterna, de la que se decía que tenía un talento superior al de su marido, Amadeo de Saboya mostró siempre un decidido deseo de acertar y de hacer bien las cosas, con buena voluntad y con gran sentido común.

Amadeo de Saboya entró en Madrid el dos de enero del año 1871, que era un día frío y fue recibido con gran frialdad por los españoles. La nobleza le trato con cierta hostilidad y los carlistas le llamaron siempre extranjero.

Su primer acto oficial fue acudir a la basílica de Atocha donde se encontraba el marqués de los Castillejos de cuerpo presente. Desde ahí se trasladó a las Cortes, donde prestó juramento a la Constitución y fue proclamado solemnemente rey de España.

El primer gobierno de la nueva monarquía estaba presidida por el exregente, el general Serrano, quien se encargó también de la cartera de Defensa. A Cristino Martos se le asignó la cartera de Estado, la de Gracia y Justicia, a Ulloa; la de Hacienda, a Moret; la de Gobernación, a Sagasta; la de Fomento, a Ruiz Zorrila; la de Marina, a Berenguer; y la de Ultramar, a López de Ayala. De esta forma estaban representadas en el gobierno todas las fuerzas políticas que habían hecho la revolución.

La coalición vencedora llevaba en sí el germen de la descomposición y no tardaría mucho en producirse el comienzo de la escisión, con lo que caería de nuevo en la fragmentación política en España y en el personalismo.

Los progresistas se dividieron en dos:

  •  Aquellos que siguieron a Prásedes Mateo Sagasta, más pragmáticos y moderados, que apoyaban el mantenimiento de la colaboración con los conservadores.
  • Los encabezados por Ruiz Zorrilla, que formaron el partido radical, al que se unieron los demócratas cimbrios.

En aquellos meses del año 1871, Amadeo de Saboya emprendió un viaje por algunas provincias españolas y en Logroño visitó al anciano duque de la Victoria. El recibimiento y la acogida con la que fue recibido el rey en los lugares de su itinerario fueron en ocasiones entusiásticos y a veces fríos, pero en todo caso de una cortesía exquisita.

La reapertura de las Cortes, a primeros de octubre señalo la caída del efímero gobierno de Ruiz Zorrilla, que fue reemplazado por un ministerio presidido por el general Malcampo, que estaba en la línea de Sagasta.

En octubre se planteó en las Cortes el debate sobre la legalidad o ilegalidad de la Internacional de los Trabajadores. El diputado tradicionalista Plácido Jové y Hevia planteó la cuestión y el ministro de la Gobernación, Candau, mostró su disposición a disolverla como atentatoria a la seguridad del Estado.

Los conservadores y moderados se mostraron de acuerdo con el gobierno. Los carlistas pro medio de Cándido y Ramón Nocedal, aprovecharon la ocasión, para denostar a la Internacional, para ampliar sus críticas a toda la civilización contemporánea, a la monarquía de Amadeo de Saboya y a todo lo que representaba la progresía.

Cánovas del Castillo apoyó la petición de ilegalización de la Internacional en la defensa de la propiedad privada, afirmando que “los propietarios españoles, lo propietarios de todo el mundo se defenderán, y harán bien, contrala invasión de tales ideas”. Para el político conservador el mantenimiento del orden social y la garantía de los derechos individuales era lo que tenía verdadera legitimidad.

Para Montero Ríos, el problema no era de ilegalidad, sino de de incompetencia de las Cortes para un asunto que correspondía al poder judicial.

A favor de la Internacional intervino entre otros, Pi y Margall, quien consumió dos sesiones tratando de desmontarlas acusaciones de ateísmo que se le habían imputado, y realizando una serie de disquisiciones acerca del concepto de propiedad privada, a lo que no podía considerársele inviolable, pues hasta los conservadores habían llevado a cabo expropiaciones en casos en que había sido considerado de utilidad pública

Salmerón fue quien mostró a lo largo del debate una dialéctica más brillante desde el punto de vista de la burguesía liberal.

Se produjo la votación y el resultado fue de 192 votos a favor de la declaración de inconstitucionalidad de la Internacional y solamente 38 votos en contra. La I Internacional fue declarada fuera de la ley por las Cortes de la monarquía democrática.

El presidente del gobierno el general Malcampo se vio obligado a dimitir, pasando Sagasta a ocupar la presidencia desde el veintiuno de diciembre. Se convocaron nuevas elecciones para tratar de conseguir una mayoría más cómoda a inicios del año 1872. 

El nuevo gobierno puso en marcha sus mecanismos de presión en algunas provincias, siendo acusado de crear lázaros, procedimiento que consistía en utilizar los nombres de personas que habían fallecido en las votaciones.

Estas denuncias provocaron la dimisión de Sagasta en mayo del año 1872. Tras un efímero gobierno del general Serrano, quien para enfrentarse con la insurrección carlistas y con los desórdenes promovidos por la izquierda solicitó al rey la suspensión de las garantías constitucionales. 

Amadeo de Saboya entregó su confianza a Ruiz Zorrilla. El líder de los radicales se apresuro a convocar nuevas elecciones para el mes de agosto.

La cómoda mayoría que habían obtenido los radicales en las elecciones de agosto. No se tradujo en la práctica, en un gobierno muy estable y eficaz, a causa de los crecientes problemas que tenía planteado el país.

La guerra de Cuba iniciada en el año 1868 y que seguía su curso, la guerra carlista y por su fuera poco, las insurrecciones republicanas que entorpecieron la labor del gobierno. A pesar de todo se llevaron acabo importantes reformas, como el drástico recorte del presupuesto de la iglesia y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.

El tema de la esclavitud llevaba mucho tiempo arrastrando, pues España era el único país donde subsistía la esclavitud y las sociedades abolicionistas habían realizado notables esfuerzos para ganarse a la opinión pública.

La crisis del régimen acentuarse cuando se produjo el nombramiento del general Hidalgo de Quintan como Capitán General de las Vascongadas. Baltasar Hidalgo que cuando era solo capitán había participado en la rebelión que se había producido en el cuartel de San Gil en Madrid, el veintidós de junio del año 1866.

Sin embargo, el cuerpo de artillería rechazó este nombramiento. El general Hidalgo quiso que fueran procesados los artilleros por parte de los amotinados, y aunque Hidalgo estaba exento de toda culpa, el nombramiento de un militar con aquellos antecedentes liberales para ocupar un puesto de tanta responsabilidad en el centro de la rebelión carlista provocó el rechazo del cuerpo de Artillería.

La intención del general Hidalgo fue la de dimitir, pero el gobierno le volvió a nombrar para la Capitanía General de Cataluña. Pero nuevamente el cuerpo de Artillería rechaza este nombramiento y se produce una dimisión en masa de los oficiales de artillería.

El gobierno de Ruiz Zorrilla toma la decisión de disolver el cuerpo de artillería. El decreto fue presentado a Amadeo de Saboya, quien dudó ante la difícil alternativa, pues si lo firmaba se indisponía con los militares, y si no lo hacía, se enemistaba con los únicos políticos que aún le seguían siendo fieles. Tomo la decisión de firmar el decreto y abdicar del trono el once de febrero del año 1873.

El reinado de Amadeo de Saboya duró dos años y dos meses. Había llegado con un desconocimiento absoluto de las costumbres, de la mentalidad y careciendo de una información política con la que se regía España.

Amadeo de Saboya se dirigió al Congreso de los Diputados en su despedida y decía:

“…dos largos años ha que ciño la Corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de la paz y de ventura que tan ardientemente anhelo.

Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos, pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la Patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate; entre el confuso atronador y contradictorio clamor de los partidos; entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien prometió observarla…”.


BIBLIOGRAFÍA

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Amadeo de Saboya, el rey breve